Porcelli, un saxofonista expresivo
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Presentación del Pablo Porcelli Ensamble , con Pablo Porcelli en saxofón tenor, Claudio Riva en guitarra, Maxi Rozemblum en contrabajo y bajo eléctrico, y Claudio Eidler en batería. Como invitado: Ernesto Baffa en bandoneón. Hoy, pasada la medianoche, en el Club del Vino, Cabrera 4737.
Nuestra opinión: bueno
Del variado panorama que muestra la escena del jazz, existen algunas derivaciones hacia fusiones con el rock, el folklore, el candombe y el tango. Entre estas últimas, la del saxofonista tenor Pablo Porcelli es quizás una de las más llamativas por la militancia que muestra su propuesta de reunir al jazz, hoy en un segundo lugar, con el tango, principal protagonista.
En su actuación, en la trasnoche del Club del Vino, Porcelli dejó en evidencia las dos vertientes de su proyecto musical; por un lado, en sus composiciones mostró una fuerte propensión a la búsqueda melódica basada sobre esquemas de milongas y tangos; por el otro, versiones de tangos clásicos, respetuosas de las originales.
Puestas así las cosas, quizás el mayor activo de esta propuesta sea el sonido y el ensamble, de correcta factura, que logró este músico, pero no mucho más.
Un sonido potente
En principio, le gusta, al parecer, sonar arriba del grupo; su lugar de líder es indiscutible, aun con el maestro del bandoneón Ernesto Baffa. Su saxo siguió sonando, en este dúo, muy por arriba, dejando atrás a este legendario artista.
Porcelli se dedicó a desarrollar diferentes melodías, atravesadas por cierto acento tanguero y por un estilo que recuerda a Gato Barbieri, no tanto por la manera de articular, como por su forma de saturar el sonido que terminó por ser una especie de lugar común. Un ejemplo de cómo una virtud se puede convertir por la mera reiteración en un defecto de interpretación.
Sin muchos matices, este saxofonista sí mostró sentimiento. "Patagonia" o "Cada uno, cada cual" son expresiones bien idiosincrásicas de su propuesta, que refleja un crossover equilibrado del jazz al tango. "Nostalgias de un destino" es una balada en la cual, más allá de la melodía serena y sentida, Porcelli mostró también un afán algo exhibicionista. Tanta presencia termina por ensombrecer a las composiciones, que deberían tener un lugar de mayor jerarquía y terminan pareciendo excusas para dejar en evidencia tal o cual virtud técnica.
Con Baffa sucedió casi lo mismo. Salvo por este gigante del bandoneón que sabe de acompañamientos y de arreglos únicos con su fueye que no pasó inadvertido. Eligieron para la segunda parte un repertorio de Aníbal Troilo, con "Che bandoneón", "Por una cabeza", "La última curda", "Sur" y una indescriptible "Malena", en la que Baffa hizo una suerte de solo en el segundo tramo que dejó en estado hipnótico al auditorio. En efecto, un manejo de la dinámica del sonido, una fuerza rítmica pareja, sin sobreactuaciones, y un espíritu de entrega hacia la música, que es un ejemplo.
Baffa y Porcelli hicieron un destacadísimo segundo set, en el que se dedicaron a recrear un puñado de tangos, con una cierta mirada proveniente del jazz, por parte de Porcelli (en especial, por su articulación y sonido salvaje) y este bandoneonista que sigue mostrando que no sólo no hay rutina, sino que sigue disfrutando de la música.
Su forma de crear climas, como cuando su sonido "cuerpo a tierra" deja paso al saxofón o como cuando sube en sus partes, poco a poco, como tomando aire para contar esas historias que no tienen tiempo, que son para siempre, como los tangos de Troilo.
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