Rock por triplicado
Los Piojos, Intoxicados y Divididos
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Nochebuena, noche de rock. Los Piojos, en el estadio de Boca Juniors, Intoxicados en el Luna Park y Divididos en Obras. La misma noche, casi a la misma hora, las tres bandas comenzaron a cerrar el año y calentaron la Capital Federal a puro rock, confirmando el estado de ebullición en que se encuentra el público rockero, que no para de colmar espacios, de lunes a domingo, sean al aire libre, cerrados, más grandes o más pequeños.
A un año de la inmensa tristeza de Cromagnon, anteayer, 35 mil jóvenes tuvieron su ritual en la Bombonera, otros 7 mil cantaron ese hit "intoxicado" en el que se ha convertido "Señor kiosquero" en un Luna, que transpiró rock por todos sus poros y cerca de 5 mil personas disfrutaron de la clase de guitarra-bajo-batería que ofrecieron, una vez más, Mollo, Arnedo y Catriel, en el estadio cubierto de Obras Sanitarias. Si no lo veo con mis propios ojos, no lo creo.
Jueves 22, a las 21, La Boca. Las luces de la cancha, que no tiembla, pero late sin cesar, se apagan y una música tribal e hipnótica antecede el huracán piojoso. Tras un año de ausencias y rumores de separación, Andrés Ciro se dio el gusto de actuar en el club de sus amores (en 2006 planean editar un DVD con el título River-Boca, que registrará los conciertos que el grupo realizó en esos estadios) y les mostró a sus fieles un puñado de canciones nuevas, compuestas durante el “parate” de diez meses. Un guiño hacia el futuro más cercano, que promete más Piojos, al menos, por un buen tiempo.
“Fantasma”, “Taxi boy”, “Chac tu chac”, “Ay ay ay”, “Entrando en tu ciudad”, “Cancheros” y el primer estreno: “Llega el tren”. Con una ingeniosa escenografía que reproducía en escala las torres de los palcos del estadio, la fiesta de Los Piojos contó con un repertorio que alternó nuevos temas (“Solo y en paz”, “Buenos días Palomar”, “Hoy es hoy”) con clásicos, algunas canciones que hacía tiempo no sonaban en sus shows e invitados: “Agua”, junto al Coro Kennedy (¿un clásico rockero?); “Guadalupe” y “Manise”, con la participación de Rubén Rada (su hija estuvo en los coros y reemplazó a Mimi Maura en “Amor de perros”); la presencia de Omar Mollo para la sección tanguera, y Juanse, que puso lo suyo en “A ver cuándo” y “Shup shup”.
Hace tiempo ya que esta banda se ha convertido en un animal de estadio y allí, en el límite del exceso, de lo monumental, es donde Los Piojos encuentran una precisión envidiable para cualquier grupo de rock profesional. Mientras suena “Motumbo”, me pregunto: ¿en qué andarán Pity y sus Intoxicados?
De La Boca al Luna
A las 23 horas, en Corrientes esquina Bouchard. Apenas quince minutos separan el estadio de Boca del Luna Park, pero aquí, el juego es otro. La última estrella estrellada del rock local está, una vez más, en llamas. Pity Alvarez canta, rapea, recita, habla con la gente y se entrega hasta el fin. Con una escenografía tan blanca como la de Los Piojos (y también la de Miranda!), la banda pasea por toda su discografía, apoyándose en su último álbum, “Otro día en el planeta Tierra”. Del reggae al hip-hop callejero y del rock a la canción calamaresca, Pity demuestra por qué es uno de esos showmen inclasificables, para amar u odiar, pero nunca para pasar inadvertido. “Espero que la vida me lleve donde sea”, cantan los pibes con remeras verdes, rojas y amarillas (en homenaje tácito a la cultura y el espíritu reggae que abrazó Intoxicados desde su primer disco), con dibujos de hormiguitas (iconos animados de las últimas dos placas de la banda) y alguna que otra que recuerda los tiempos de Viejas Locas. “Una vela”, “Transas”, “Religión”, “Un gran camping” y “Quieren rock” se suceden sin fisuras (en lo estrictamente musical, digamos, porque entre el público y los músicos había más de uno).
La hoja de ruta rockera indica que hay que seguir, que si no, no llegamos para ver el final de Divididos.
A las 23.30 horas, en Núñez. Al ingresar en Obras, la imagen es desconcertante. Un joven subido a los hombros de otro revolea su pierna ortopédica y se la lanza a los músicos sobre el escenario. Mollo ríe por la ocurrencia, duda, y devuelve la prótesis: “Esta canción es para vos”, le regala y se larga con “Qué tal”, con un verso cambiado: “Qué tal te fue, la pierna no te queda mal”.
La aplanadora no se detiene en su show del 22 de diciembre (casi una costumbre del trío), día en que se conmemoran dieciocho años de la muerte de Luca Prodan y, como no podía ser de otra manera, Obras estalla de emoción. Se escuchan pedazos de “Nextweek” y “La rubia tarada” para “Luca que no se murió” y “que lo mira desde el cielo”. Divididos, otra vez en Obras, otra vez al palo.
Es medianoche y una tormenta eléctrica amenaza esta jornada de rock. Pero la lluvia no asusta a nadie. Los Piojos, Intoxicados y Divididos terminan sus shows de fin de año y el público regresa a sus casas, empapándose, peleando con la lluvia y el viento, pero satisfechos, llenos de rock, y uno puede comprobar que aquello de que se necesita tanta agua para apagar tanto fuego sigue vigente. Definitivamente, tres buenos conciertos en una misma noche es una Nochebuena. Salud.
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