Scott, el del timbre triste
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Presentación del cantante Jimmy Scott , con Michael Kanan en piano, Justion Robinson en saxo alto, Hilliard Greene en contrabajo eléctrico y Dwayne Broadnax en batería. Hoy y el jueves, a las 22, en La Trastienda, Balcarce 460.
Nuestra opinión: muy bueno.
Una noche con la tradición vocal jazzística, un encuentro con una leyenda viviente, la del contraalto Jimmy Scott, que debutó en La Trastienda en un concierto que tuvo a la emoción como protagonista.
Es evidente que Jimmy Scott no se ha dejado tentar por la modernidad: su estilo se ha mantenido inalterable a través de las décadas. Fraseo cortado, por momentos apenas susurrado, vibratos sostenidos, nada de scat, nada de vocalese. Su manera, su timbre triste ( principal sello de este cantante) lo acercan a Billie Holiday, a aquella extraña sentimentalidad, nada edulcorada, dolorosa.
Su grupo, Jazz Expressions, dio una clase de acompañamiento. De técnica pulida, el cuarteto, llevado por el pianista Michael Kanan, demostró un gran manejo de los tiempos y de los climas. Siempre en defensa de la melodía, el combo no cayó en falsos protagonismos. Entra el grupo y comienzan "Jah Bob", un tema del bajista Greene. Un tema tratado como standard; 32 compases suavemente swingueados hacen tomar calor a la banda. Justin Robinson muestra que escuchó bastante a Charlie Parker. El baterista Broadnax tiene un toque bop muy conveniente para acompañar cantantes. En Kanan se reconoce algo de Teddy Wilson: su sonoridad cristalina, su lógica armónica.
Melodías sentimentales
Y llega Scott para comenzar "Blue skies", un standard hecho a medio tiempo. Tiene todo el sabor de esas melodías sentimentales; el saxo de Robinson hace un suave contrapunto a las frases recortadas sílaba por sílaba que frasea el cantante. El juego rítmico del grupo levanta definitivamente este tema.
"What I wouldn´t give" es una balada en la cual Scott casi juega con las palabras. Hay una suerte de tristeza permanente en su modo de cantar, como en "All the way", tema de Sammy Cahn, donde el grupo muestra una afinidad e integración absoluta con el cantante.
"It had to be you" es un cuatro por cuatro donde detrás de la historia que cuenta Scott aparece, casi indiscretamente, un segundo relato, el del piano. El cantante domina la escena. Su tono casi femenino planea sobre el auditorio. Algo de su porte es tanguero, su peinado a la gomina, su impecable traje oscuro con moñito lo hace una figura de colección. Su música genera una rápida adhesión del público.
"Day by day" tiene una introducción del piano que define la cadencia casi morosa del tema. La voz se eleva por sobre la cálida tonalidad que ponen las escobillas de este maestro de la ubicación, Dwayne Broadnax. El piano ayuda a explicar el mensaje sentido, casi desgarrado, de Scott en este sufrido "día por día" solitario. Aquí, llega un solo de bajo, quizá lo único objetable del show pues careció de lógica frente a esta balada triste; casi quebró el sortilegio creado por el vocalista.
Pasan a los camarines para regresar más sueltos y hacer la segunda entrada. Un tema de Kanan, "The strand", pone el necesario calor para que gane el escenario este cantante legendario y así Scott sube y con un brillante "All of me" reconquista el público. Su tono tan apesadumbradamente amable parece el indicado para esta historia y así se entiende por qué fue la delicia del público femenino en los años cincuenta.
Balada va, balada viene comienzan "I got it bad", hecho en sociedad por Duke Ellington y Ben Webster. Scott gana soltura. Sus 75 años no le impiden quebrar su cintura ante un fin de compás. Kanan se vuelve su acompañante ideal. El final es toda una sorpresa: alguien del público le pide "Jealous guy", el mismo que cantaba John Lennon en los setenta, y este magnánimo artista lo complacerá. Versión Scott, claro, sencillamente maravillosa, pues relata con enorme intensidad el sufrimiento del protagonista de la historia. Dice que "se está hundiendo" y lo parece, que sufre "por el dolor causado a su amor" y así lo transmite este "Muchacho celoso" de Jimmy Scott. Un encuentro que tuvo mucho de túnel del tiempo, casi una saludable necesidad frente a tanta modernidad vacía.



