
Tangos con ilustración
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"Vamos al tango" (Un paseo por el tango), sobre una idea de Luis Ovsejevich, con guión, escenografía, puesta en escena y dirección general de Carlos Palacios, y textos de Jorge Gštling. Sexteto instrumental presidido por el pianista y director Osvaldo Berlighieri, con Mariano Signia (bandoneón), Leonardo Ferreyra (violín), Fabio Mazzitelli (flauta), Germán Martínez (guitarra) y Daniel Falasca (contrabajo). Arreglos y compaginación musical: Lito Valle. Relator y cantante: Juan Rodó; actor-cantante: Hugo Jaurena; cantante: Macarena Rodríguez Robledo. Parejas de baile de jóvenes y niños, de zanquistas-malabaristas; murga "Los mocosos de Liniers". Vestuario de los teatros Cervantes y Colón. Asistente de escenografía y de dirección: Silvana Ovsejevich. En el Teatro Nacional Cervantes.
Nuetra opiniön: Muy bueno
Al margen de las ya tradicionales demoras para el ingreso en este teatro (con la gente siempre agolpada en el atrio) lo primero que sorprende es la cantidad de adultos que se sienten convocados por el tango, muchos de los cuales llegan con sus niños. La segunda sorpresa es el lujoso programa que se nos entrega al llegar, y que contiene no sólo la ficha técnica completa y el programa detallado, sino también notas sobre el tango, la danza, el bandoneón y una lista de términos lunfardos, más el argumento que sostiene toda la puesta, con sus quince escenas.
Si bien los comentarios impresos ostentan un discurso pedestre pero presuntuoso, al que se agregan curiosas traducciones del argot porteño, cuando le llega el turno al presentador, sus parlamentos parecen diluir aquellos intríngulis escritos para hacerlos un poco más inteligibles.
De todos modos "Vamos al tango" no fue concebido sólo para los niños, sino que adoptó una estructura y un desarrollo interesantes para grandes y chicos. En tal sentido sería de desear que muchos jóvenes puedan presenciarlo para conocer y afianzar su identidad ciudadana.
La primera garantía musical de "Vamos al Tango", es la presencia del pianista Osvaldo Berlinghieri, que ya en la obertura, con "Adiós Nonino" ratifica sus méritos como intérprete. A esto se agregan aciertos en la escenografía y en la puesta, a partir de la escena del puerto de Buenos Aires con sus casas pintorescas, su farolito, sus guapos bailando y la llegada de los inmigrantes. Luego, aquellos juegos infantiles de comienzos del siglo XX, que tuvieron vigencia hasta los años cincuenta. Más adelante la presencia del vendedor ambulante, del organito, de las clásicas sombrillas, del fotógrafo... hasta la irrupción del bandoneón, que será el instrumento representativo de Buenos Aires.
El desarrollo de los cuadros no solamente es fidedigno, sino que resulta agradable por su variedad, por el colorido, tanto ambiental como de vestuario, y su dinámica a través de los prototipos y ritos ciudadanos, como lo son el compadrito, los bailarines de salón y el carnaval. El momento que despierta la mayor curiosidad y adhesión del público es la presencia de la murga "Los mocosos de Liniers", con su polícromo vestuario y el desparpajo de los niños.
Llegados a este punto era casi de rigor plasmar musicalmente la conversión del inicial tango del 2 x 4 en el compás canónico del 4 x 4, que aquí se ejecuta y canta. Pero tal no acontece, sino que, tras el brillante desempeño de un precoz chiquitín bailarín, se presenta a Gardel -que aparece cantando en una de sus películas, rodeado de las "Rubias de New York"- en un cuadro bien resuelto, para dar paso a los bailongos y los clubes de barrio.
En este momento se interrumpe la narración cronológica y aparece el actor-cantante Hugo Jaurena quien, para rellenar el repaso de la era de los cantantes, lanza una retahíla de tangos en inglés, francés, ruso, y la célebre aria "La donna e mobile" (?!). Luego hará cantar a chicos y grandes el estribillo de "Garufa", "Malena", "Caminito" y "El pañuelito".
La historia del tango se retoma a partir de las grandes orquestas de la década del 40, con un furtivo repaso de Troilo y Pugliese y una fugaz mención de Salgán. El vals criollo (tras la burda descripción en el texto del programa de mano) cobra vida en el baile y enseguida se llega a Piazzolla con una versión virtualmente aceptable de "Balada para un loco", a cargo de Macarena Rodríguez Robledo.
En el final, junto a la representación de cuatro generaciones de bailarines, se destaca -video mediante- el éxito del espectáculo "Tango Argentino", que recorrió el mundo.
En el anunciado epílogo se honra a Piazzolla y Ferrer. Este llega al escenario y junto a Berlinghieri repasa -recitando al compás del vals- su lacerante "Chiquilín de Bachín".
"Vamos al Tango" es un espectáculo grato a la vista y al oído. Sin recurrir ni a golpes de efecto ni a reblandecimientos sentimentales, despierta, a través de un buen ritmo, la emoción y la nostalgia, Lo más logrado es haber eludido el acrobático "tango fantasía" bailado para entregarse al sugerente tango caminado.
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