
The Prodigy: los invasores del ritmo
Con su nuevo disco Invaders Must Die como eje, la banda de alma punk y corazón electrónico abrirá hoy la edición 09 del Pepsi Music
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En 1997 The Prodigy estalló en la cara del mainstream bailable con desparpajo electrónico y cultura punk-rock, primero en Gran Bretaña, luego en el del mundo occidental todo y, por fin, Rusia y más allá. Hacía tres años que habían dejado atrás los verdes campos de Essex para tomar por asalto a la Londres del brit-pop reinada por Oasis y Blur con su primer larga duración de título soberbio y autocelebratorio, Music for the Jilted Generation (Música para la generación plantada), y con el lanzamiento del segundo álbum, The Fat of the Land (conceptualmente, la traducción equivaldría a La grasa de las capitales) se instalaban formalmente en el centro de la pista de la rave metropolitana, siguiendo la sombra de los Pistols en la era del beat. "Pegale a mi puta, pegale a mi puta" escupía la radio aquí y allá gracias a la gran rotación de "Smack My Bitch Up" y tras la polémica en torno a la portada del simple, ilustrada con una fotografía de un auto estrellado contra un poste de luz callejero, a días no más del accidente automovilístico en el que murió la princesa Lady Di; David Bowie aseguraba que la banda era para la década del 90 lo mismo que fueron los Beatles para los 60 y Keith Flint, el cantante de los cuernitos multicolores, anunciaba a los gritos en el hit dance-punk "Firestarter" que estaba en llamas cuando se acostó y cuando se levantó también.
Doce años después, luego de un disco sin demasiada personalidad –de 2004, sin la participación de los dos cantantes del grupo, Flint y Maxim Reality–y algunas peleas entre sus integrantes –que dejaron de lado al bailarín Leeroy Thornhill–, el cerebro musical de The Prodigy, Liam Howlett, intenta reinstalar al grupo en el mismo sitio que entonces, con la misma fórmula sonora, estética y panfletaria.
Los invasores deben morir es el título de su nuevo álbum, con el que aterrizarán por tercera vez en el país como cabeza de cartel del festival Pepsi Music que hoy comienza. ¿Xenofobia electrónica? ¿Alegato contra la política invasora de las grandes potencias? ¿O incorrección marketinera en tiempos de alto impacto mediático? Días antes de su llegada, Howlett dialogó telefónicamente con La Nacion acerca del concepto detrás de su nueva obra, de la colaboración de Dave Grohl en el disco, de los Beatles... y de la comparación que una década atrás hizo Bowie entre los de Liverpool y su banda: "Seguramente ya se arrepintió de haber dicho lo que dijo de nosotros".
–¿Te gustan los Beatles?
–Mmm... personalmente, prefiero a los Rolling Stones.
Con Invaders Must Die , la banda volvió a golpear fuerte en la mandíbula de la escena electrónica, llegó a lo más alto de los charts europeos y se montó en una exitosa gira mundial. "El proceso creativo de este disco tuvo tanto relax como adrenalina, otra vez sentimos que juntos conformamos una gran banda y nos divertimos mucho. Grabamos muchos instrumentos en vivo, juntos, en la misma habitación. Hubo un quiebre en todo sentido y eso se trasladó a las canciones", dice Howlett.
–¿Cómo fue la grabación con Dave Grohl?
–Genial. Hace tiempo que somos amigos, así que fue fácil conectarnos. El se acercó con la inquietud de tocar unas baterías en algún tema nuestro. La verdad era que ya teníamos casi listo el álbum, pero le dijimos que viniera de todas formas. Luego de grabar su batería sobre una de las canciones, rehicimos el tema casi por completo. Fue muy excitante.
–Por último, ¿quiénes son los invasores que deben morir?
–Nuestra obra no tiene un mensaje directo, no habla de política, nunca lo vimos así. Se ha escrito mucho sobre el significado del título en nuestro país, pero en realidad surgió como una frase interna: antes de empezar a grabar el álbum, estábamos en un punto de nuestras carreras en la que todos a nuestro alrededor opinaban algo. Nos miramos y dijimos: afuera los invasores, los invasores deben morir. Fue como una especie de mantra para nosotros.



