Un cantautor de inocente rebeldía
La era del sonido, un disco brillante para renovar la tradición de la canción popular
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" Qué día genial, pasa el verano, hoy desperté algo distinto, no me preocupa la guita, puedo hacer lo que quiera, salgo a pasear y al mirar un umbral, veo la grieta. Qué día genial, qué buen verano, quiero cantar para guardarlo. No es que haya sido tranquilo; tampoco fue una guerra, pero sirvió para ver dónde estoy; lo que cuesta ", canta Pablo Dacal, regodeándose en esa auténtica bohemia de aire burgués y adolescente en su último disco, La era del sonido .
Con ese espíritu de inocente rebeldía, aire liviano y despreocupado, el cantautor entrega en su nuevo disco un trabajo disfrutable de comienzo a fin. En este nuevo capítulo junto a La Orquesta de Salón el músico redondea su propia estética. Si en el primer disco, 13 grandes éxitos , Dacal demostraba su falta de prejuicio y versatilidad para hacer versiones de Rodrigo, George Brassens, Morrisey, Leonardo Favio y Palo Pandolfo; en La era del sonido , apuesta por un mundo de canciones propias y brillantes, arregladas para orquesta por Pablo Grinjot, colega generacional.
Con una sonoridad que parte de las formaciones orquestales de principios del siglo XX, capaz de interpretar los más variados ritmos populares, Dacal crea un mundo de aire atemporal. En ese espacio cruza distintas estéticas que van de la onda pop de canciones que recuerdan al mejor Calamaro al arte retro del disco que emula un simple de vinilo.
Al frente de la Orquesta de Salón, el cantautor se deja llevar por variados ritmos de la música argentina y la tradición de la canción popular en una atmósfera de belleza acústica y exquisitos estribillos para cantar una y otra vez. Así aparecen el aire beatle de "La guitarra y el bolsón" (con estribillo para recordar); la onda tanguera y el espíritu de Tuñón en "El muelle de las brumas"; el alegre klezmer "El tren de la canción", o la popular "El mundo del espectáculo". En Dacal pueden convivir la melodía romántica a lo Favio en la bucólica "Ella ya está en la playa", con la acidez de un Brassens de "Fantasmas". Sus letras pueden tener el candor existencialista del himno del disco "San Valentín", o volverse postal bucólica en "Zamba del fin del mundo".
Con espíritu lúdico, el músico atraviesa el ambiente vintage y lo actualiza con su forma pop para escribir canciones. En ese andar liviano de orquesta de pueblo, Dacal camina libre en esa gran ensalada de estilos que conforman su identidad sónica.
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