Un onírico musical de bolsillo
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Concierto XIII de la XII edición del Ciclo de Conciertos de Música Contemporánea organizado por el Complejo Teatral de Buenos Aires. Programa: La historia del soldado, de Igor Stravinski y Charles-Ferdinand Ramuz. Intérpretes: Héctor Calori (narrador), Marcelo Lombardero (Diablo y dirección escénica), Claudio Gallardou (Soldado), Laura Aguerreberry (Princesa), Horacio Efron (iluminación), Santiago Santero (dirección musical). En el Teatro de la Ribera.
Nuestra opinión: bueno
El influjo que el jazz y, en general, algunos géneros populares ejercieron sobre la música temprana de Igor Stravinski es un capítulo bastante transitado y, a la vez, apasionante. Stravinski tomó del jazz aspectos sin duda superficiales (el jazz festivo que se podía escuchar en Europa en las primeras décadas del siglo XX), pero su modo de estilizarlos fue fascinante. La historia del soldado, para tres actores y siete músicos, corresponde a 1918, el mismo año de Ragtime , pieza con la que comparte el interés por ese género, pero también la instrumentación reducida y la condensación musical.
En La historia... , Stravinski cambia de signo ese paisaje festivo de las formas bailables populares y lo entrevera con un mito fáustico, procedente de una leyenda rusa recreada literariamente por el novelista suizo Charles-Ferdinand Ramuz, para la creación de esta especie de teatro musical "de bolsillo" con un escenario portátil. La puesta de Marcelo Lombardero se apoyó en esta condición provisional y ubicó al narrador en un costado (Héctor Calori, que sonó siempre convincente) y dispuso una escenografía virtual proyectada sobre telas móviles.
El conjunto en escena
El ensamble quedó inteligentemente incorporado en la acción, a veces de manera visible -en las secciones instrumentales- y otras al trasluz, velado por las telas. Lombardero fue responsable, asimismo, de la versión en español, que corrió con facilidad y resultó nada forzada, y compuso, además, un Diablo de un dandismo casi cínico. Claudio Gallardou, por su parte, no pareció percatarse de que el personaje del soldado (como los demás) son meros tipos, sin espesor, y exageró un poco las declamaciones de su papel. Tampoco resultó del todo comprensible la presencia de la princesa en escena desde el comienzo que, disimulada como asistente por un disfraz, salió hacia el final de su crisálida de anonimato para desplegar un número de baile.
El ensamble dirigido por Santiago Santero tuvo un desempeño irreprochable (se destacó el violinista Daniel Robuschi), que alcanzó su punto más alto en la formidable "Marcha triunfal de diablo", aunque le faltó acaso un poco de ímpetu rítmico, déficit que podría imputarse al hecho de que originalmente la dirección estaría a cargo de Diego Masson que, en el medio de sucesivas postergaciones de la función (primero por un corte de luz y luego por la lluvia del último fin de semana), debió atender otros compromisos.
Pero nada disipó la singular y enrarecida atmósfera de la obra; una atmósfera entre mítica y onírica, tal vez porque, como el propio Stravinski explicó una vez, parte de la música se le ocurrió en sueños.




