Vivaldi, de Venecia a Turín
El sello Naïve rescata obras desconocidas del célebre compositor barroco
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Vivaldi
Concerto Italiano
Vespri per l´Assunzione de Maria Vergine. Dirección musical: Rinaldo Alessandrini (Naïve).
Hay algunas filiaciones entre el compositor y su lugar de trabajo que son inexpugnables: Gerswhin y Nueva York vienen juntos como Johann Strauss con Viena, Wagner con Bayreuth y Piazzolla con Buenos Aires, más allá de que, ocasionalmente, los nacimientos se hubieran producido en otras regiones. Entre estas parejas están Vivaldi y Venecia. Este monje fue el más notable de los compositores del tardío barroco italiano y su obra puede ser considerada el paradigma del estilo veneciano de aquel tiempo. Sin embargo, tras una larguísima y más que enmarañada historia de casi dos siglos con múltiples estaciones intermedias, sus manuscritos, es decir, ni más ni menos que su colección privada, se encuentra en la Biblioteca Nacional de la Universidad de Turín. Y el sello Naïve, lentamente y en el largo plazo, ha emprendido la grabación de la parte más significativa de este gigantesco muestrario turinés de veintisiete volúmenes de música veneciana.
En un verdadero alarde de amplitud, los primeros diez compactos editados contienen sonatas, conciertos de diferentes formatos y contenidos, óperas, un oratorio, motetes, cantatas sacras y una extraña reconstrucción de una obra desconocida y de múltiples significaciones, sobre todo en el contexto veneciano, como es las "Vísperas". La pérdida irremediable de numerosas obras eclesiásticas de Vivaldi -ninguna de ellas fue editada en vida del compositor- no significa que no puedan ser reconstruidas. Esta fue la tarea de Rinaldo Alessandrini y de Frédéric Delaméa quienes extrajeron de los manuscritos turineses los números necesarios para "armar" la secuencia correcta de las Vísperas de la Asunción de la Virgen, un texto que Vivaldi musicalizó para su servicio en la iglesia de San Lorenzo, en Venecia, y que en una selección parcial es ofrecida por el Concerto Italiano que dirige el propio Alessandrini.
Esta obra apócrifa, pero al mismo tiempo vivaldiana hasta su última nota, tiene peculiaridades que exceden aquellas características tan habituales como admirables de su inmensa producción, ya que algunos números la acercan de modo concreto a la tradición del antiguo canto policoral veneciano. En este sentido, estas "Vísperas" puede ser considerada como una lejana heredera de "Las vísperas de la Beata Virgen", ese gran monumento que Monteverdi escribió en 1610. El material existente dentro de la colección de Turín hizo que el puzzle fuera armado echando mano, por ejemplo, del "Nisi Dominus", una cantata en sí misma para contralto y orquesta, según el modelo conocido de canto solista y acompañamiento instrumental, y también a otras mucho más extrañas como aquellas en que el orgánico incluye, además de los solistas, dos coros y dos orquestas.
Parecidos y diferentes
El primero de estos números inscriptos en la vieja tradición de la policoralidad veneciana es el responsorio "Domine ad adiuvandum". Es interesante destacar que Vivaldi divide el texto en tres segmentos para adaptarlos a la forma del concierto con sus tres movimientos característicos: el primero y el último rápidos, el central lento y cantable. Pero con una diferencia esencial: el movimiento inicial, aquí, es un espléndido juego de alternancias antifonales y ecos responsoriales entre dos coros y el último, luego de una introducción coral maciza, es una compleja fuga, definitivamente inusual dentro de las producciones corrientes de Vivaldi. Entre ambos, el canto solista está a cargo de la soprano.
El "Dixit Dominus", el Salmo 109, es una larga secuencia de números para doble coro con otros para solistas también con alternancias claras de tempos rápidos y lentos. De este salmo no debe dejar de señalarse "Tecum principium", un aria a cargo de la contralto Sara Mingardo.
La interpretación que comanda Alessandrini es impecable; se ajusta a los conceptos ya tradicionales de la interpretación historicista, con una precisión acabada, pero que al mismo tiempo no prescinde de ese poco controlado compromiso emocional, típicamente italiano. Por lo demás, la calidad del sonido de la grabación, con las modernas técnicas de hibridación digital, es inmejorable.



