Voz, cantos y guitarra gaúchos
La cantante de Porto Alegre ha sido comparada con la gran Elis Regina
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SAN PABLO.- "Soy de Rio Grande do Sul y no le tengo miedo a nada. Amo Rio de Janeiro. Tengo dificultades para decir no. Amo a Miles Davis, Marlon Brando, Andy Warhol, Mario Peixoto, Elizabeth Taylor, Oswald de Andrade, Joao Cabral, Gertrude Stein y John Cage. Gasto pequeñas fortunas en libros de arte. Soy puntual y disciplinada. Me gusta lavar los platos. Reclamo mucho y sé pedir disculpas. Adoro bailar. Vivo en un pequeño departamento pintado de amarillo. A veces preciso estar sola. Duermo bien aunque menos de lo que me gustaría. Nunca quise tener hijos. Dejé de fumar. Tomo demasiado café. Detesto el aire acondicionado y a la gente que mitifica. No soy supersticiosa. Adoro los colores del Mediterráneo. Mi mamá, mis amigos y los periodistas dicen que soy muy cambiante."
Esto no es un aviso de "mujer soltera busca" sino un inventario, incompleto y muy desordenado, de frases, un poco en serio un poco en broma, que pronunció la cantante y compositora brasileña Adriana Calcanhotto durante la última década.
La modestia no le permite decir que es una buena intérprete y que escribe buenas canciones. Sólo reconoce su deseo de "hacer canciones bien simples". Pero la honestidad le dejará contar que hace dos años, cuando cambió de compañía discográfica, no tenía un material para grabar, por eso decidió editar un álbum en vivo, "Publico".
El repertorio de ese disco es el que ofreció hace algunas semanas en el auditorio DirecTV Hall y el final de una gira de 120 recitales que tendrá un bis en Buenos Aires, el viernes y sábado, en La Trastienda.
La mañana siguiente a su último show paulista Calcanhotto se sienta a conversar con La Nación y responde con una sonrisa ante el "hola, gaúcha " del cronista.
Adriana nació en Porto Alegre, con la influencia de un padre baterista de jazz, en un hogar donde se ponía en práctica el buen humor familiar, con una radio de la que robó algunas canciones y un circuito de bares para volver a dejarlas.
Pronto partió con una pila de inquietudes que no tenían que ver sólo con lo musical. "Quería vivir en una ciudad grande, pensaba en San Pablo, pero llegué a Rio y me apasioné más con la ciudad que con la música. Me gusta mi forma de ver el mundo como gaúcha, pero me encanta Rio porque es sofisticada y con resquicios de otras civilizaciones."
Tampoco fue por el deseo de encontrarse más cerca de la cultura afro-brasileña, menos presente en la región donde nació. Pero no pudo evitar escribir una canción que asegura que la música de los blancos es negra. "La música del mundo contemporáneo es negra. No concibo la música sin swing y podés ser blanco, pero el swing es negro. Yo adoraría ser negra."
Calcanhotto se instaló en Río y enseguida consiguió el interés del mercado discográfico. Su primer registro fue "Enguico", al que siguieron "Senhas", "A fábrica do poema" y "Marítimo", donde comenzó a alternar temas propios. Su reciente trabajo, "Público", resultó ser más que el simple registro de un recital con algunos temas de estudio. "Es un álbum circunstancial. Siempre traté de evitar el disco en vivo, pero después de "Marítimo" grabé un disco para chicos, cuyo resultado finalmente no me gustó. En ese momento cambié de discográfica, no tenía un disco para lanzar y surgió éste, grabado en un show de noviembre de 1999, con algunas canciones conocidas de discos anteriores y otras como "El mundo no se acabó" porque de eso se hablaba mucho en ese momento y "Clandestino", de Manu Chao. El álbum me ayudó a superar la frustración del disco infantil".
-¿"Público" sólo significa que se trata de un disco vivo?
-Sí, pero también es una palabra latina muy rica. Los motivos de esa grabación eran públicos, deseo que mi trabajo sea para cualquier persona.
-Como dice en "Minha música", no quiere ser útil, ni bella, no quiere dividir aguas, ni estar de moda...
-No quiere ser "de ninguna categoría" ni de ninguna corriente. Alguna vez me compararon con Elis Regina. Las dos nacimos en Rio Grande do Sul, pero aquélla fue una comparación precaria y apresurada. Obviamente ella me influyó, pero fue más por ciertas actitudes que por la emisión vocal. Las influencias pueden ser de la literatura o del arte contemporáneo, no son sólo cosas musicales.
-¿Grabar sólo con guitarra y percusión fue una manera de volver a la época de los bares?
-Siempre vuelvo a eso porque hago mis canciones o tomo las de otros a través de la guitarra. En general alterno shows como éste con espectáculos con banda. Pero sentí que en éste tenía que ir hacia adonde todo parte.
-¿Te sentís más compositora o intérprete?
-En este momento tengo más ganas de cantar que de componer. También canto mis canciones. María Bethania dijo en una entrevista que soy la mejor intérprete de mis temas. Pero no quiero perderme la gama de posibilidades que te ofrecen otros autores.
Adriana tampoco quiere perderse la posibilidad de ponerle un poco de humor a sus shows. "Tal vez sea un humor defensivo. La primera vez que estrené canciones mías comencé a decir cosas graciosas, supongo que era una manera de protegerme."
Con perfil de humorista
SAN PABLO (Especial para La Nación ).- Sostener un recital con la única compañía de una guitarra, una silla y un micrófono no es algo que puedan hacer muchos artistas. Adriana Calcanhotto lo consigue. Porque además tiene una bella voz y una presencia sobre el escenario que atrae la atención del público. Calcanhotto remata los finales de sus temas con gestos, canta con su cara; le gustan las canciones simples que no dicen más de lo que dicen, pero también los juegos de palabras y los bocadillos que entre tema y tema muestran su perfil de humorista. Con esa simpatía consigue que desde la primera pieza ("Mais feliz", de Bebel Gilberto y Cazuza) la siga un coro de susurros, y que más tarde el público muestre su devoción en "Esquadros" y deje de lado la timidez para "Cariocas" (que se aproxima a "Ella é carioca", de Jobim y Jo‹o Gilberto).
Ya en un clima de complicidad, Adriana tiene total libertad para animarse con el español e interpretar "Una mujer" y, luego, "Clandestino"; remitirse a su infancia con "Devolva-me"; sumergirse en la delicadeza de "Unos versos", saltar a la enumeración del "Século XX Polivoz", y arengar a la audiencia con las estrofas de "Vamos a comer a Caetano" (sí, a Veloso). La sensación es que lo que se escucha siempre es mucho más que una voz y una guitarra.



