Vuelve el gran Ney Matogrosso
El artista brasileño presentará en Buenos Aires "Batuque", su último disco
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Hace más de una década que el brasileño Ney Matogrosso (60 años) no pisa los escenarios porteños. Desde sus comienzos, con los rockeros Secos y Molhados, este cantante se expresó de manera atípica a través de una voz que puede modular sin dificultad en registros diversos y con una personalidad de fuerte carisma. En el desarrollo de una larga carrera como solista, Matogrosso ha pasado por todas las vertientes de la música brasileña apoyado en su natural flexibilidad vocal y en una visión teatral sin fronteras.
"Batuque", el show que presentará el viernes 9 de noviembre, a las 21.30, en el teatro Gran Rex, precede a su último CD, con el mismo título. En él rescata canciones que hizo famosas Carmen Miranda, la primera cantante internacional de Brasil, ejemplos de una época de oro del arte musical popular de ese país. Esto es lo que piensa Ney después de hurgar en el pasado y conmoverse por la riqueza de ese patrimonio.
En diálogo telefónico con LA NACION, Matogrosso, desde Río de Janeiro, donde reside, habla de esta nueva propuesta y de otros temas.
-¿Estabas interesado en volver a Buenos Aires?
-Por supuesto que sí. Mucho pasó luego del show que llevé en la última ocasión, "Pescador de perlas". Siempre tuve expectativas respecto del retorno a la Argentina. Yo lo deseaba, pero no tengo explicaciones de por qué no sucedió antes.
-Actualmente preponderan las voces femeninas. Como cantante ¿te ves como una isla en el panorama de tu país?
-No comprendo las causas de esto. Antiguamente había muchos hombres que cantaban -hablo de los años 40, 50- con voces muy hermosas. Ahora los que surgen son de grupos de rock. Salvo excepciones, creo que hay carencia de intérpretes solistas con estilo propio y buena voz.
-Sos polifacético en el montaje de tus shows, en los que te ocupás de casi todo. Pero compusiste muy poco. ¿Por qué?
-Soy muy crítico conmigo. Canté dos temas a los que les puse letra y el resultado fue que me dejaron insatisfecho. No tengo el don de comunicarme con mis propias palabras. Te respondo con un ejemplo: mi trabajo anterior, "Olhos de farol". Las canciones fueron inéditas, y en esa selección me importa que tengan que ver con mis creencias, de ver el mundo. Intento que no tengan un contenido puramente artístico, sino también algún pensamiento personal, una afinidad con el mío.
-¿Cómo es tu visión del mundo? Parece ser muy amplia, porque nunca les tuviste miedo a las barreras.
-Por el contrario, siempre luché contra cualquier tipo de restricción. Debemos emerger de ideas preconcebidas que la sociedad organiza e impone. Cada uno de nosotros tiene el derecho de buscar su camino, el que sea. De entender y decidir su vida independientemente. Creo que tenemos que vivir con libertad, en el sentido más amplio y profundo de la palabra.
-En lo privado sos un hombre reservado que no deja vislumbrar la pasión, la exuberancia del personaje que mostrás en el escenario. ¿Es allí donde encuentra cauce el verdadero Ney?
-No, no existe esa dicotomía. En el escenario libero otro lado, una cosa más inconsciente. Pero la entrega es consciente y sé todo lo que pasa en esos momentos. En la vida privada no se necesita llamar la atención: prefiero observar a ser observado.
El canto lo esperó
Nacido en el pueblo de Bela Vista, en Mato Grosso, Ney fue con su familia a vivir a Río de Janeiro a los 6 años. En su juventud, y sin tener metas fijas, ingresó en la aeronáutica, luego trabajó en un laboratorio de anatomía patológica y también en recreación infantil. Fue invitado para participar de un festival universitario, donde cantó, algo que le gustaba de chico y que hacía como hobbie. Sin embargo, su sueño era ser actor y cursó estudios para concretarlo. Era el auge del hippismo y halló la forma de sustentarse confeccionando artesanías de cuero, totalmente compenetrado con la filosofía del flower-power. Por intermedio de la compositora Luli conoció a Joao Ricardo, que estaba buscando una voz aguda para el conjunto musical que pensaba formar. Al integrarse a Secos e Molhados, Ney decidió que su destino estaba en el canto. El grupo alcanzó en apenas un año el primer lugar en el ranking, con un disco que vendió 1.000.000 de copias. Poco más tarde lo dejó para probar suerte como solista.
-¿Por qué te cambiaste el nombre?
-(Contesta riéndose, enternecido por la idea que tuvo entonces.) Mi padre se llamaba Antonio Mato Grosso Pereira. Oficialmente, a mí no me corresponde ese apellido. Me pareció ideal para mi carrera artística. La región donde nací, que tiene el mismo nombre, evoca una imagen desconocida de Brasil y me sonó fuerte. Siento gran atracción por esa región misteriosa, aún salvaje, del centro oeste de mi país.
-Respecto del show, "Batuque", ¿cuáles son tus objetivos?
-En el inicio fue un homenaje a Carmen Miranda, pero cambió en el camino. Me di cuenta de que había muchos temas excelentes de esa época que ella no había cantado que me interesaba interpretar. De ese modo abrí el trabajo para mostrar un espectro de los años 30 y 40, consideradas las décadas de oro de la música brasileña.
-Aunque admirada internacionalmente, Carmen Miranda fue subestimada en tu país, y eso le provocó un gran dolor...
-No por el pueblo, al que siempre gustó, sino por la clase media-alta.
-Además de sus canciones más famosas, ¿insertaste algo de lo que la caracterizaba, como el vestuario y los sombreros frutales?
-Mira, no puedo decir que no haya una influencia, pero en ningún momento hago una copia o una caricatura. Es el modo que en general la gente la muestra actualmente. En el show hay una inspiración, mas no es una relación directa. Claro que inevitablemente paso por su repertorio, porque en ese tiempo era la mayor estrella brasileña. Entonces, las mejores composiciones pasaron por sus manos, y la mayoría, hechas para ella.
-¿Tenés mayor afinidad con alguna corriente o tipo de música?
-No especialmente. Mi formación musical fue la radio. De pequeño la oía constantemente y así conocí todos los ritmos. Canto de todo; no me restrinjo. Soy un intérprete, no un compositor, de modo que me doy el lujo de cantar lo mejor. Es verdad que surgí con el rock, pero nunca me limité a eso. Cada vez más me interesa el pasado de la nuestra música. Hay muchas cosas buenas, olvidadas completamente.
-Gran parte de las canciones que incluís en "Batuque" tienen un tono pícaro y un trasfondo humorístico en palabras con doble sentido...
-Es permanente en la creación musical brasileña. Hace 60 o 70 años ya había una sexualidad expuesta en las canciones. Dorival Caymmi hablaba de sexualidad en sus temas. De él canto en el show "O que é que a baiana tem", de 1939, y "Vatapá", de 1943. En total, de diferentes autores, son veinte. Entre otras, "Tico-tico no fubá", de Zequinha de Abreu y Euricom Barreiros, que Carmen Miranda hizo famosa.
-¿Seguís haciendo como bis "Bésame mucho"?
-No, ahora es "El manicero", de la época de Carmen Miranda, aunque ella no la interpretaba. También canto un fado, típico de Portugal, que no sé cómo funcionará en la Argentina.
-Supongo que bien, porque se conoce mucho a Amalia Rodríguez, la mayor cantante de fado.
-El tema, "Barco negro", lo interpretaba esa artista y es de la misma época de la que hablamos.
-Hace unos días volviste de una gira por Portugal. ¿Cómo está el mercado para los brasileños?
-Desde que fui la primera vez, siempre fue muy bueno. Me reciben muy calurosamente. Quizá sea el único país al que voy regularmente.
-¿Seguís sintiendo amor hacia la revista y el circo?
-Sí, son influencias que están en lo profundo de mí. No pienso demasiado en lo que significan. Lo sigo haciendo. "Batuque" es como un teatro de revista, por el momento histórico en que se ubica. Creé una escenografía que lo evocase. En las décadas del 30 y 40 había una imagen recurrente, las palmeras. Las que coloqué para lograr esa ambientación son plateadas. Dan realce al diseño de iluminación, también mío. El vestuario es de es otra persona. Negro total en los tres trajes que uso.
-¿Por qué sólo el negro?
-Me pareció sobrio y erótico.
-¿Te considerás un "animal" sensual en el escenario?
-Nunca intenté frenar mi sexualidad. Convivo muy bien con ella. Para mí nunca fue algo sucio, pecaminoso ni errado. Y, por supuesto, contrariando lo establecido.
-En ese sentido, me da la impresión de que fuiste el primero en exhibirla así...
-Creo que sí. También, que tengo un poco de culpa de lo que está pasando actualmente. Yo liberé una actitud que se desbordó. Hoy estamos viendo algo muy vulgar con relación a la sexualidad. Jamás caí la vulgaridad. Fui muy cauteloso aun volando en la libertad. No estoy preocupado con límites masculinos o femeninos. Es una forma de vida, aunque me exponga mucho.
-¿Qué te gusta hacer después del derroche de energía del show?
-Me siento agotado. Sólo deseo ir al hotel a comer un sandwich y dormir. No me agradan la noche, las reuniones donde hay mucha gente, las boites . Me gustan las cosas más íntimas y me gusta mucho leer. Cuando salgo en gira me llevo libros y también compro muchos. Aquí, en Río, voy al cine (que me encanta) y al teatro. También necesito la soledad para reflexionar ...
-¿Y qué te duele del mundo?
-Está todo errado, ¿no? El principio que lo mueve, el dinero, es errado. Cuando sea el ser humano puede ser que mejore. Las cosas pensadas para el bienestar del hombre, no para el beneficio económico-financiero.
-¿Qué te alegra?
-El trabajo. Este show lo preparé en tres meses. Cuando ensayo, lo hago de principio a fin, porque está todo armado en mi cabeza. Tuve que cambiar una banda maravillosa que tenía por otra, de nueve músicos, también excelente, que fuera adecuada al sonido que quería darle a "Batuque". Este es más de choro, de samba. La conjunción de cuerdas (cavaquinho, bajo, mandolín y otros instrumentos de esa categoría) con percusión y batería es lo que da la diferencia y un sonido carioca, que es lo que buscaba. Espero haberlo logrado.




