
Ocean's 8: cuando las mujeres se "roban" la pantalla grande
Con el estreno de la comedia protagonizada por un elenco femenino encabezado por Sandra Bullock y Cate Blanchett, las consecuencias del #MeToo empiezan a verse en pantalla
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La ilusión de que Hollywood es una industria inclusiva, diversa y que practica la igualdad de géneros se terminó de la manera más estrepitosa. Desde que se terminó el secreto que protegía a acosadores, abusadores y aprovechadores enquistados en la más grande e influyente factoría de contenidos del mundo, la gran incógnita era cómo el movimiento #Metoo y la caída en desgracia de Harvey Weinstein se reflejaría en pantalla. ¿Con el cataclismo del viejo sistema llegaría por fin el tiempo de las mujeres protagonistas de sus propias historias?
La respuesta es sí y no. Es que si el año pasado Los cazafantasmas fue la apuesta al cupo de femenino en Hollywood parece que en 2018 ese lugar lo ocupa Ocean's 8: las estafadoras. Como aquella comedia originalmente encabezada por hombres,la película que se estrena hoy protagonizada por Sandra Bullock, Cate Blanchett, Anne Hathaway y Helena Bonham Carter retoma la historia de los atracadores con estilo que encarnaron George Clooney y Brad Pitt en las tres entregas de La gran estafa (Ocean's Eleven, en su título original).
"¿No lo querés contratar porque él no te cae bien o porque es un él?", la pregunta de Lou (Cate Blanchett) a su amiga y socia Debbie Ocean (Sandra Bullock), recién salida de la cárcel por estafadora y lista para armar un nuevo equipo para el próximo golpe. La respuesta de Debbie no es clara, pero sí lo son sus intenciones. Y las de los productores de la película. Si en la versión masculina parte del atractivo del asunto era el mundo de las apuestas en los casinos de Las Vegas (inspirada en la versión de la historia protagonizada por Frank Sinatra), ahora el plan de Debbie es un muestrario de obsesiones femeninas: moda, joyas, maquillaje, negocios de lujo y la gala del Museo Metropolitano de Nueva York organizada por la emperatriz de la revista Vogue, Anna Wintour.
Celebridades de verdad y una de ficción, Daphne Kluger, interpretada por Anne Hathaway, desfilan por la pantalla creando una rara fantasía aspiracional como en sus mejores años lo hacía Sex and the city. Claro que acá, veinte años después del estreno de la serie y empoderamiento mediante, la preocupación de las protagonistas nada tiene que ver con el romance y todo con su realización personal. Que en el caso de Debbie y su banda incluye especialistas en planificación (Sarah Paulson), joyas (Mindy Kaling), hackeo (Rihanna) y robo (Awkawfina).
Las originales

Durante años, la industria del cine norteamericana decidió ignorar lo obvio: el 52% de su público son mujeres. Lejos de crear películas con aspiraciones taquilleras enfocadas en ellas, Hollywood les dio la espalda y se enfocó en llevar a la pantalla los aparentemente infinitos universos de Marvel y DC. Los estudios que después de una década de poner superhéroes en pantalla empezaron, tímidamente, a darle lugar a sus personajes femeninos con las inminentes películas Capitana Marvel y Mujer Maravilla 2.
Tal vez de esa falta de entrenamiento en producir contenido interesante para las espectadoras provenga el impulso de reimaginar con el género cambiado historias pensadas, protagonizadas y realizadas por hombres. Un intento más bien tibio de derribar el viejo paradigma. Por eso no parece casual que en la búsqueda de un nuevo actor que reemplace a Daniel Craig cuando cuelgue el esmoquin de James Bond, ya se haya empezado a hablar de la posibilidad de una 007 femenina. "Preferiría no interpretar la versión femenina de un personaje masculino conocido. En su lugar sería genial que escribieran algo nuevo y original. Una agente que dé golpes sin culpas ni remordimientos, fantástica e inesperada", decía hace poco la actriz británica Rosamund Pike (Perdida), a la que muchos imaginaban como una buena candidata para el puesto que un hombre se hartó de interpretar.
Por supuesto que hay excepciones, como las inminentes Cuando ellas quieren (ver aparte) y la segunda parte de Mamma Mia!, que le deben mucho al éxito de las series que exploran el universo femenino. Como Big Little Lies y Grace and Frankie.
Cuando Reese Witherspoon y Nicole Kidman se transformaron en productoras para llevar a la TV la novela Big Little Lies escrita por Liane Moriarty, probablemente no imaginaron que la miniserie se transformaría en una especie de estandarte de los renovados aires de la industria para la que trabajan hace décadas. Seguramente no imaginaron tampoco que la historia de amistad y solidaridad de un grupo de mujeres de la ficción reflejaría los sentimientos de aquellas que las miraban más allá de la pantalla y que no les quedaría otra que planear una segunda temporada. Y definitivamente nunca soñaron con que al elenco original se sumaría nada más y nada menos que Meryl Streep. Pero sucedió. Así como ocurrió que Grace and Frankie, la historia de amistad de dos mujeres septuagenarias interpretada por Jane Fonda y Lily Tomlin se iba a convertir en una de las series más populares de Netflix. Quizá, con suerte, si hay secuela de Ocean’s 8: las estafadoras, alguien cree un personaje totalmente nuevo. Puede ser la madre o la abuela de algunas de las protagonistas, lista para hacerse con su parte del botín.




