Ocho situaciones humanas
"Dramas breves 2". Autor: Phillipe Minyana. Elenco: Diego Burzomi, Marcelo Frasca, Andrea Jaet y Darío Levy. Traducción y dirección: Mónica Espina. Ciclo Al Final se Muere, Centro Cultural Recoleta. Nuestra opinión: muy bueno.
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¿Quién es Phillipe Minyana? Encontrar una respuesta a esa incógnita es uno de los mayores atractivos de esta puesta. Porque el autor, hoy uno de los más renombrados de este momento en el país de Moliére, se inscribe dentro de una fuerte tradición teatral francesa, en la que lo preponderante son la palabra y los vínculos personales.
"Dramas breves 2" son ocho situaciones humanas, con algunos ejes temáticos que sirven de sutil hilo conductor. La incomunicación, la guerra, la crueldad, el individualismo, se entretejen en cada uno de esos pequeños dramas.
Sus personajes hablan casi como en soliloquios, como si pensaran en voz alta, y a través de ese pensamiento hecho palabra, torpe intento de comunicación, se expresa ese nihilismo producto del desencanto de la cultura. Su teatro es mucho más para escuchar que para ver.
En este sentido, la directora, Mónica Espina -una talentosa argentina que reside en Francia desde hace diez años-, realiza una puesta en escena bastante estática, que no distrae con movimientos o desplazamientos innecesarios y pone el acento en la dirección de actores.
Todo lo visual, si bien se utiliza como recurso, está empequeñecido por la palabra. De hecho, el espectáculo comienza con una instalación de cuatro o cinco dibujos, al pie de los cuales saltan a la vista intensos aforismos del filósofo Emile Cioran, que al pensamiento de Minyana le calzan de maravillas.
La imagen en video
Los espectadores son filmados mientras contemplan la instalación y esas imágenes son más tarde incorporadas a uno de los dramas, a través de dos pequeños televisores situados a los costados del escenario. La imagen es enana en comparación con el texto.
Porque Minyana, aunque utiliza una forma en apariencia coloquial, tiene una rítmica, un humor y una síntesis que condensan significados.
Por eso resulta tan acertada la dirección de Espina. Los actores son los portadores de la palabra y, por tanto, del alto voltaje expresivo.
Los personajes ensayan intentos minusválidos de comunicarse por medio de cartas, papelitos, mensajes, y las pocas veces que pueden establecer contacto físico, se tornan compulsivos, desesperados.
En este caso más que en otros, sin actores no hay obra. Y todos ellos realizan un trabajo impecable, desdoblándose en cada uno de los ocho dramas.
Con gestualidades acotadas, casi rozando los dictados del clown, Diego Burzomi, Marcelo Frasca, Andrea Jaet y Darío Levy son capaces de establecer el difícil código de un subtexto expresivo potente bajo una apariencia de impasibilidad y dar sustento y significado al poder del verbo.
Sería injusto decir que alguno de ellos sobresale. Por el contrario, se trata de un trabajo compacto, en el que los pocos movimientos son muchas veces coreográficos y las palabras, dichas en suave contrapunto.
Para continuar con el intercambio de papelitos que marca la relación entre los personajes, bien se podría hacer una votación entre el público para que elija, de los ocho dramas, sus preferidos. Porque al finalizar la función, ésa era la discusión entre la gente.





