
Pablo Milanés pisó nuevamente las calles chilenas
Regresó luego de 26 años de ausencia
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VIÑA DELMAR, Chile.- 26 años sin pisar suelo chileno. Hasta que el general Pinochet no dejara su puesto como jefe del ejército, Pablo Milanés no cantaría aquí. Eso se había prometido. Y el músico y poeta cubano cumplió. Por eso la ausencia antes y por eso, ahora, el reencuentro.
Aunque parece que la sombra del militar, ahora senador vitalicio, parece dominar la escena y los destinos de un Chile dividido en dos después de la votación del jueves último que terminó por rechazar la acusación de juicio político al ex jefe del ejército chileno, y una lluvia inoportuna postergó el significativo recital de Santiago en el Estadio Nacional, para el próximo 24, Pablo Milanés volvió a pisar las calles chilenas nuevamente.
El reencuentro fue en Viña del Mar, anteanoche, y frente a más de 10.000 personas en la conocida Quinta Vergara. Las canciones de siempre para los que sobrevivieron y para las nuevas generaciones. Las consignas políticas de ayer que cobraban actualidad. Los cánticos, como el "Se siente, se siente, Allende está presente", que hacían flamear las banderas chilenas y cubanas o los estandartes rojos con la imagen del Che Guevara.
El ambiente reflejaba la herida abierta de un escenario político que no puede desprenderse de la figura paternalista de Pinochet; y una sensación de fastidio hacia la custodia permanente de los carabineros de mirada recelosa y rigurosos uniformes verdes, desperdigados en grupos cada 50 metros.
La gente exorciza su presencia gritando repetidas veces y a coro "Pablo querido, el pueblo esta contigo". Una ovación baja de la colina como una ola y baña de aplausos a la viuda de Allende, que tampoco quiere faltar. El recital todavía no ha comenzado y la gente ya vive el reencuentro con el músico cubano. Hasta que Milanés asoma su castigado cuerpo en el escenario, hace un esfuerzo más para subirse a una tarima donde está su silla y su atril, se pone de frente al público y abre los brazos en forma de cruz. Para los chilenos presentes, por los que están ausentes, Pablito no ha cambiado nada, salvo esa cabellera mota mucho más corta que en sus años de juventud revolucionaria. Toda la memoria colectiva de una generación aparece como un flash y toma posesión de sus estados de ánimo. Los jóvenes y más chicos estallan en aplausos y los más grandes simplemente lo miran y lloran.
Entre lo viejo y lo nuevo
Milanés anticipa que será un repaso de este tiempo sin verse, "que no ha sido tanto -confiesa-, porque mi corazón siempre ha estado con ustedes". Y promete: "Pasaremos una noche maravillosa, entre amigos". Tanta espera le permitió a la gente saborear el primer tema del recital, "Despertar", que bautiza su último disco (ver recuadro), como uno más de sus clásicos. Luego, continuó con otra de sus nuevas canciones, "Háblame de colores", que muestran otro lenguaje musical y una poesía mucho más universal.
Rodeado por una banda de seis músicos que le dan espacio al jazz, a los ritmos latinos y a un sonido más sinfónico, menos intimista, el cubano impone ese tono caribeño y nasal que le ha servido como transmisor de su obra. Y así, sin declinar en su nivel musical y en la emotividad, que le jugaría una mala pasada, el momento histórico se elevaba sobre el propio acontecimiento artístico.
No podía faltar la "presencia" de los amigos. A Violeta Parra la convocó desde sus canciones. "Paloma ausente" y "La jardinera", junto a Isabel y Tita Parra, que fueron vistiendo al recital con el recuerdo y la memoria. Fue cuando Pablo se volvió trova y el espíritu de un movimiento que marcó a los cantautores venideros se corporizó en su guitarra. La gente celebró con encendedores que iluminaban por segundos los rostros anónimos de toda esa gente que ocupaba la popular del anfiteatro natural.
El clima "político" del concierto no sobrepasó el valor de las canciones. Pablo se encargó de irradiar un espíritu más sereno. No hizo ningún tipo de referencia al tema de Pinochet, y todo lo que tenía para decir lo dijo por intermedio de las canciones.
Recuerdos del exilio
Los tiempos de exilio y persecución, en lo que poco a poco se iría transformando en un homenaje de Milanés a los artistas chilenos, devino en uno de los tramos más calientes, contundentes y emotivos, con "Vuelvo amor, vuelvo vida", del grupo chileno Illapu, y las emblemáticas "Yo pisaré las calles nuevamente", "La vida no vale nada" y "Canción por la unidad latinoamericana".
La gente agitaba las banderas saludando al artista y la piel se erizaba nuevamente. La poesía de Nicolás Guillén, en "De que callada manera", enmudeció al público por su belleza y desnudó la sensibilidad del músico. Sobrepasado por las sensaciones y por un momento único en su carrera, la voz se debilitó.
Cuando Joaquín Sabina subió a escena para compartir unos versos con Pablo, con la intimidad que sólo consiguen dos compañeros de noches y de copas, el cubano quedó a traspié en las notas más altas. Juntos sobrellevaron el momento y hasta construyeron mágicos encuentros.
"La emoción me está quitando la voz" advirtió después, pero la gente aullaba de alegría por estar frente al hacedor de los temas que acompañaron o mitigaron el dolor de sus vidas; después, llegó toda una declaración de identidad y principios con "Amo esta isla".
Tras una hora y media de concierto se retiró del escenario visiblemente agotado. Pero nadie se movió de sus lugares y obligaron al músico a que apareciera una vez más. "Ha sido demasiado, no he tenido control y me han superado las emociones", se disculpó y otra vez junto a Sabina regaló "Yolanda" para que todos la cantaran, eternamente...
Se volvió a ir y ya cuando las luces prendidas habían anunciado el final definitivo, Milanés regresó a escena, sólo para hacer la segunda voz de la gente. "A lo mejor los defraude", dijo, y el público al unísono gritó "Noooo". Entonces, la letra de "El breve espacio en que no estás" se multiplicó en miles de voces y resonó en miles de cuerpos que querían retener ese instante.
Fue una celebración por el encuentro y la memoria. Por los que están y no están: Parra y Jara. Todos fueron felices por esas horas que vieron al poeta y cantor de nuevo entre ellos. El trovador también estaba feliz por pisar estas calles nuevamente. Pero todos pidieron perdón, "por los muertos de su felicidad".
La historia del artista, en 25 discos
Trayectoria: durante esta temporada, el sello Universal reeditará en la Argentina toda la obra musical de Pablo Milanés.
La frondosa discografía de Pablo MIlanés, uno de los iconos de la nueva trova cubana, tendrá un nuevo renacer. El sello Universal adquirió la licencia para difundir en América latina toda la obra pasada, presente y futura del artista: incluso el histórico concierto que realizará en el Estadio Nacional de Santiago el próximo 24 se grabará y será editado a fin de año.
Los 25 discos, remasterizados en su totalidad, pondrán al alcance de las nuevas generaciones canciones emblemáticas del artista como "Yolanda", "Yo pisaré las calles nuevamente", "Años", "Pobre del cantor" y "El breve espacio en que no estás", entre tantas otras.
La colección que lleva el nombre de "Pablo MIlanés, el cantautor", y rescatará los diferentes trabajos del músico contarán con un bonus track: canciones grabadas cuando formaba parte del grupo de experimentación sonora del ICAI y cuando el movimiento de la nueva trova todavía era una utopía.
Para este primer lanzamiento, el sello eligió saltar del período más revolucionario y poético de su canto, como en "No me pidas" (1977), "Comienzo y final de una verde mañana" (1980), "Amo esta isla" (1981), a una etapa más cercana con la música de su infancia y sus raíces, como la música tradicional de su pueblo en el volumen uno y tres de "Años". O aferrarse a las cadencias del bolero en un disco en vivo grabado en el Tropicana.
Junto a las reediciones de sus discos originales, aparece su último trabajo bautizado "Despertar", grabado en España junto al pianista Ricardo Miralles, que acompañó durante mucho tiempo a Joan Manuel Serrat. El flamante trabajo surca canciones de amor, esperanzas y realidades que plasman una obra distinta dentro del universo de Milanés. En esta placa, el músico decide dar un breve descanso a la banda que lo acompaña en sus grabaciones desde hace 15 años, para encerrar sus temas en orquestaciones con un tono más sinfónico.
Algunos de los temas de este disco formaron parte del histórico reencuentro con el pueblo chileno.




