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Benjamín Amadeo: del pudor que lo frenó a la foto que lo hizo cambiar de rumbo y su secreto mejor guardado

El músico presentó Prometieron volar, su cuarto álbum de estudio; en diálogo con LA NACION habló de las canciones que demoró en mostrar y de por qué su paternidad le trajo nuevas inquietudes

Benjamín Amadeo: "Continuamente estoy sanando a través de las canciones"
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Benjamín Amadeo tenía prácticamente terminado su cuarto álbum cuando algo inesperado cambió el rumbo del proyecto. En un estudio del barrio de Villa Crespo, el artista recibe a LA NACION, relajado y amable, en pleno lanzamiento de Prometieron volar, su cuarto álbum de estudio.

El presente lo encuentra concentrado en la música. La actuación, asegura, seguirá formando parte de su carrera, pero después de años de convivir con ambas disciplinas ya no duda sobre cuál ocupa hoy el centro.

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La portada de Prometieron Volar nació a partir de una foto de su infancia que encontró en medio de una mudanza y que terminó cambiando el concepto original del disco
La portada de Prometieron Volar nació a partir de una foto de su infancia que encontró en medio de una mudanza y que terminó cambiando el concepto original del disco

Producido por Gabriel Pedernera y Peter Akselrad, el álbum está compuesto por diez canciones, en las que conviven el desamor, los vínculos, la paternidad; pero la idea que terminó ordenando todo el material apareció cuando el proyecto ya estaba bastante avanzado, y la encontró, literalmente, dentro de una carpeta vieja.

La foto del disco

"Me pegó como una enorme revelación ver a ese chiquito de cuatro años vestido de superhéroe, defraudado por el mundo", recordó Benjamín Amadeo sobre el momento en el que encontró la foto que sería la tapa de su nuevo disco
"Me pegó como una enorme revelación ver a ese chiquito de cuatro años vestido de superhéroe, defraudado por el mundo", recordó Benjamín Amadeo sobre el momento en el que encontró la foto que sería la tapa de su nuevo disco

—El disco parte de una foto tuya de chico vestido de Superman. ¿Cómo apareció esa imagen?

—Apareció hace unos meses cuando estaba en medio de la producción del disco. De hecho, el disco tenía otro nombre e iba a correr otra suerte. En una de las diez mudanzas que tuve en los últimos dos años, acomodando cosas en mi estudio, encontré esa carpeta con esa fotito. Son dos, en realidad. Me pegó como una enorme revelación ver a ese chiquito de cuatro años vestido de superhéroe, defraudado por el mundo.

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—¿Qué viste de tu presente en ese niño?

—Se me empezó a jugar esa idea con lo que estoy sintiendo hoy en un montón de aspectos. Vivo con bastante preocupación y ahora, siendo papá de un segundo hijo y sosteniendo muchas cosas, siento que hay un lugar en donde estoy constantemente preocupado. Siempre escucho artistas decir que los discos son las fotos de esos momentos y acá apareció la foto antes que el disco.

—¿Por eso terminó convirtiéndose en la tapa?

—Sí. También me gustaba que fuera algo real, que estuviera hecho sin inteligencia artificial. Era muy representativo de muchos sentimientos míos actuales. Y tenía un poco de humor que Prometieron volar lo declare un superhéroe en tierra, me parecía divertido.

—Si ese chico pudiera verte hoy, ¿creés que estaría conforme con el adulto en el que te convertiste?

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—Yo creo que sí. No hay una resignación. Es más que nada una celebración de cómo me siento hoy con las cosas que hago y la vida que vivo. Pero quizá le hubiese dicho que empezara antes con la música, a mostrar las canciones... Yo tardé un tiempo en animarme a mostrarlas y es algo que hago incluso desde antes de actuar. Hago canciones desde que tengo memoria.

—¿Por qué no te animabas?

—Por pudor. El trabajo como actor me fue arrastrando hacia un lugar maravilloso, pero me estaba sacando tiempo y concentración. Y el tiempo, la concentración y el hábito de estar encima de la música también disuelven un poco el pudor. Las ganas le terminan ganando al miedo. Ahora ya hace como diez años que estoy en este camino y nunca me voy a acostumbrar a la felicidad que me da hacer canciones y sacarlas.

“Exorcizar preocupaciones”

Padre de una niña de cuatro años y un bebé de cinco meses, el músico reconoce que la paternidad exacerbó algunas de sus preocupaciones y también atravesó el clima emocional de su nuevo disco
Padre de una niña de cuatro años y un bebé de cinco meses, el músico reconoce que la paternidad exacerbó algunas de sus preocupaciones y también atravesó el clima emocional de su nuevo discoSantiago Filipuzzi

—Venías diciendo que no sos una persona especialmente nostálgica. ¿Por qué apareció ahora?

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—Siempre me dio un poco de miedo que me invadiera la nostalgia porque es una sensación que está llena de engaños. El cerebro recuerda de una manera que el corazón no. La nostalgia es un poco una estafa a veces. Entonces no es algo a lo que me entregue demasiado.

—Sin embargo, el disco vuelve mucho sobre el pasado.

—Sí, por eso digo que es un disco nostálgico, pero no resignado. Es una celebración. No me gusta creer que algo ya se me pasó o pensar en cosas que me perdí. Todo lo contrario. Haber sido papá por segunda vez también me removió mucho y estoy en ese trabajo de exorcizar algunas preocupaciones.

—¿Qué te preocupa de ser padre?

—De repente, me preocupa todo. Me preocupa el bienestar de mi familia, la salud... Vivimos constantemente invadidos por promesas desde todos los sectores y todos los ámbitos, y nos dejamos arrastrar por esa ilusión de que las cosas van a terminar saliendo siempre bien o como uno quiere.

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—¿Sentís que con los hijos esas preocupaciones se exacerban?

—Sí. Con hijos chicos no querés que les pase nada, no querés mostrarte vulnerable y, a la vez, no querés dejar de pasar tiempo con ellos. Empiezan a exacerbarse las preocupaciones.

Y la gira que ahora comienza también implica acostumbrarse a pequeñas ausencias. “Extraño mucho”, reconoce, aunque por el momento procura que los viajes sean cortos: “Perú son dos días y vuelvo; Córdoba tres días y vuelvo. Se extraña un montón más en esta edad”.

—¿Tu familia y tu mujer acompañan ese ritmo?

—Me re bancan. Por ahora, lo hago corto y ellos se quedan en casa; no es que me voy un mes y medio de gira. Eso nunca me pasó y debe ser muy duro.

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El poder de la música

—¿Extrañás actuar tiempo completo?

—Es algo que disfruto mucho hacer. Tengo el privilegio de poder hacerlo y lo voy a seguir haciendo. Pero mi corazón, la columna vertebral hoy de mi vida, está en hacer las canciones y mostrarlas.

—Durante mucho tiempo estuvo esa idea del “actor que hace música”. ¿Cuándo sentiste que ya no necesitabas demostrar que eras músico?

—No lo sé. Creo que ese trabajo lo hacen las canciones que crecen a pesar mío.

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—¿En qué sentido?

—Hay canciones como “Volaré”, “Las flores” o “Para siempre” que se han metido en el cancionero de la gente. Y eso es porque la canción está buena, incluso más allá de quien la cante. De hecho, mucha gente conoce “Para siempre” y no sabe que es mía. Ese es un poder que tienen las canciones y es la validación más grande. Yo soy músico desde que me acuerdo, pero cuando las canciones toman su vuelo hacen ese trabajo por mí.

La inspiración y su ritual

"Me di cuenta de que el mejor ritual para componer, que es también el más duro, es sentarse a trabajar en la inspiración", expresó el artista
"Me di cuenta de que el mejor ritual para componer, que es también el más duro, es sentarse a trabajar en la inspiración", expresó el artistaSantiago Filipuzzi

—¿Tenés algún ritual a la hora de componer?

—Me di cuenta de que el mejor ritual para componer, que es también el más duro, es sentarse a trabajar en la inspiración.

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—¿La inspiración existe?

—Sí, existe; es real. La viví. Pero aparece en dosis muy bajas, en los momentos más incómodos o insospechados. Sería maravilloso que cada pieza de una obra correspondiera a un rayo inspirador que baja de otro universo, pero no sucede así. Me di cuenta de que estar un mínimo de cinco o seis horas al día con la guitarra encima, trabajando sobre la inspiración, es lo que te va allanando el camino.

—¿Y cómo es el proceso de crear una canción?

—Trato de ver cómo está construida, por qué me gusta tanto y por qué me hace sentir que es una revelación. Me tomo el trabajo de ir para atrás, incluso en términos melódicos y de armonía, para entender por qué eso me gusta y después tratar de replicarlo o aplicarlo a otras canciones.

—¿Cuánto hay de autobiográfico en lo que escribís?

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—Hay de todo, pero es casi total porque las escribo yo y escribo con lo mío, con mis historias.

Entre canciones y secretos

En Prometieron volar, esas historias conviven con referencias musicales muy concretas. “Cómo duele”, por ejemplo, incluye una mención explícita a “Cómo eran las cosas”, de Babasónicos.

—¿Por qué apareció esa canción ahí?

—Porque es una canción que en un determinado momento me acompañó de una manera que no imaginaba. Dentro de la neurosis que tiene el personaje que canta “Cómo duele”, aparece esa idea. Hay canciones que nos sirven para aclarar estas cosas y otras para seguir revolviéndolas. “Cómo eran las cosas” siempre me pareció una canción que aclara un montón.

—¿A vos te pasó alguna vez?

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—Sí. Me pasó que me dedicaran canciones o compartir mucho a un artista con otra persona. También eso de que alguien te diga: “Esta canción somos nosotros”, y vos pensás: “No, pero me estás matando”.

—¿“El mensaje” es uno de los temás más sensibles del disco y hay una frase en especial: “Todo lo que aprendí lo sé por vos”. ¿Está dedicado a alguien?

—Sí.

—¿A quién?

—No.

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—¿Preferís que quede en secreto?

—Sí, lo dejamos ahí. Es una canción muy íntima para mí y siento cada palabra que dice.

Ese mecanismo —decir a través de una canción lo que no necesariamente quiere explicar de otra manera— aparece también cuando se le pregunta si necesitó sanar algo de su pasado para hacer este álbum. “Nunca tengo bien claro por qué hago una canción que habla de determinada cosa. Creo que son formas que uno aprende para sacar de adentro ideas, historias, miedos, traumas, cosas filosas. Las pongo en una canción para que no sean tan filosas”.

—¿Sentís que las canciones te ayudan a sanar?

—Continuamente estoy sanando a través de las canciones. Hasta ahora viene siendo una práctica que me conviene porque lo disfruto, porque me gusta hacer canciones y porque me gusta que envejezcan bien. Que me den ganas de cantarlas todas las veces que sea necesario.

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El Gran Rex y una promesa pendiente

El próximo 5 de noviembre, Amadeo volverá al Teatro Gran Rex para presentar oficialmente su nuevo disco. Antes, la gira pasará por Lima, Córdoba, Santa Fe, Concordia, Montevideo y Mendoza; después continuará por Neuquén, La Plata y Rosario.

—¿Qué te genera volver al Gran Rex?

—Siempre es muy lindo presentar un disco nuevo. El Gran Rex es un lugar que me gusta mucho; disfruto tocar ahí. Y estas vísperas de lanzamiento siempre me hacen acordar a una sensación muy linda, que tiene que ver con presentar canciones y ver qué le pasa al público por primera vez. Ese intercambio es una de las cosas que más espera de este show. “Es una manera de conocernos, y eso es lo que me entusiasma”.

—El álbum habla de promesas y expectativas. ¿Hay alguna promesa que todavía te quede por cumplir?

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— Tengo una, que a la vez es un objetivo, que es: seguir creciendo en el plano internacional con la música. Esto empezó a pasar hace unos tres años, viajando, volviendo a teatros más grandes y empezando a ir a países a los que nunca había ido. Ahora vamos a Perú, donde nunca fui, y vamos a volver a España, que ya será el tercer o cuarto año.

Si bien la música es su principal motor, la actuación sigue presente en su vida: ya terminó de grabar Crimen desorganizado (Netflix) con Celeste Cid, Marco Antonio Caponi y Matías Mayer, que se estrenará en la plataforma en 2027. Pero por ahora la prioridad es otra. La misma que, de poder volver a su fotografía de la infancia, le aconsejaría a ese chico de cuatro años: no postergar los deseos, animarse y comprobar hasta dónde se puede volar.