Diego Reinhold habló de su vertiginosa vida y del hogar para chicos que fundó y reveló el problema de salud que padece
El multifacético artista no para: protagoniza La función que sale mal, dirige a Los Raviolis en La Plaza y la comedia Mi amiga y yo, que está de gira
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Los días de Diego Reinhold parecen tener mucho más de 24 horas porque hace de todo, sin atropellarse. De miércoles a domingo, protagoniza la comedia La función que sale mal, por segundo año consecutivo; dirige Pijama party, el show de Los Raviolis que puede verse los domingos, y también la comedia de Sebastián Presta, Mi amiga y yo, que está de gira. Y le sobra tiempo para administrar un complejo de cabañas que tiene en Embalse, Córdoba. Además, es uno de los fundadores del Hogar Mariposa, en Caballito. En diálogo con LA NACION, el multifacético artista habló de todo esto y del hogar para chicos que fundó y también de la afección que le trae algunos problemas en su vida diaria.
—¿Podés con todo?
—Por supuesto. Y me gusta todo lo que hago. Pijama party es el resultado de mi integración a Los Raviolis, que es una banda de rock para chicos con la que resolvimos hacer un espectáculo infantil con una temática. No deja de ser un concierto de sus canciones, pero tiene muchísimo humor y está todo más organizado, con muchas luces. Está divino. Y también dirijo Mi amiga y yo, con Sebastián Presta y Flor Torrente. Está bárbaro y es muy divertido. Seba es un grande, un gran comediante y es un placer porque se trabaja con un nivel de excelencia. Yo creo que es el número uno.
—Y además de dirigir, te subís vos al escenario en La función que sale mal...
—Por segundo año consecutivo. Es un exitazo que hacemos con Héctor Díaz, Fredy Villareal, Dan Breitman, Victoria Almeida, Gonzalo Suárez, Maida Andreanacci y Federico Ottone, y dirección de Manuel González Gil. Es una obra que ya había hecho hace nueve años y se llamó Como el culo, en su momento. La función que sale mal es el título original de la obra, que me parece más acertado. La vi en Londres dos veces y se está haciendo en todas partes del mundo. Siempre va bien porque es muy divertida. Yo hago el mismo papel.
—¿Podés dividir tus tiempos y tu energía?
—Sí, tengo cataratas [risas]. Me estoy haciendo estudios para ver si me opero, pero sí, puedo hacer todo. No es tan difícil. De hecho, hay espacio para más.
“Soy muy arriesgado”
—¿Tenés otros proyectos para este año?
—Sí, estoy dirigiendo a un actor que se llama Ricardo Torre y le estoy armando un unipersonal, muy cuidadosamente y con mucho placer. Y estuve produciendo y dirigiendo un streaming para chicos que ahora queremos reformular. Además, tengo cabañas en Embalse, Córdoba: La Richard Resort. Las estoy manejando yo.
—¿Es un extra por si merma el trabajo artístico?
—No. Yo no tengo kioscos, por suerte o por idiota, no lo sé. Porque gané lo suficiente como para tener varios kioscos, pero siempre fui tan intrépido con el dinero y conmigo. Como no tengo pareja, no tengo hijos, no tengo escrúpulos, me mando a hacer de todo. Y a veces sale mal. Soy muy arriesgado conmigo mismo. He sacado una marca de calzado y me fue muy mal. He invertido en distintos activos; con algunos fue bien y con otros fue re mal. No hay un camino consciente y ordenado en mi propio crecimiento, tanto patrimonial como artístico.
—¿Lo hacés por curiosidad?
—Todo es más por curiosidad, por impulso. Me tomo mi vida como si fuese una comedia. Lo puedo hacer porque estoy solo.
—¿Y es una comedia?
—Sí, es una comedia. Es una tragedia devenida en comedia. Además, tengo un hogar para pibes. El Hogar Mariposa está en Caballito; alberga a chicos de hasta 6 años y en junio cumplimos diez años. Soy parte de una asociación civil que se llama Conceptos Sencillos, que es la que realmente está haciendo el trabajo ahí. Y yo me asocié con ellos para conseguir la casa y todo lo que se necesitaba, para hacer toda la gestión con el Gobierno de la Ciudad en su momento.
-¿Te seguís ocupando y visitas a los chicos?
-Sí. Por ejemplo, voy cuando es el cumpleaños de alguno de ellos y también saco a pasear a los más grandecitos; hay 14 chicos en este momento. ¡Son sesenta pañales por día! [risas]. Soy fundador del hogar y me he relacionado con muchos de los chicos y he aportado ayuda y mucho trabajo. Pero no estoy en el hogar todos los días y no hago el trabajo de campo que se necesita; hay veinticinco empleados. También estamos haciendo una rifa porque se necesitan muchas cosas: sale $15.000, así que los que puedan ayudar pueden escribir a @conceptossencillos.
—¿Y qué te impulsó a fundar un hogar para niños?
—El mundo está convulsionado y cada vez más. Está cambiando lo que conocemos como el orden mundial, sin que nos demos cuenta, y yo siempre lo vi esto, siempre lo sentí. Toda la vida sentí la parte negativa de la experiencia de estar vivo. La vida de la civilización me afecta demasiado. No veo el vaso medio lleno. Siempre me quedo más pegado a la parte oscura de las cosas. Ver a mi papá trabajar todos los días, la cultura del trabajo, la manera en que se adoctrinan los pibes en las escuelas. Hay tantas cosas por mejorar.
—Y este es tu granito de arena...
—Tengo un espíritu heroico. Quiero hacer algo, aunque signifique inmolarme, en algún punto porque soy capaz de inmolarme por una utopía personal. Cosa que no recomiendo y después de mucho tiempo no sé si los resultados son los mejores. Me voy a morir como todo el mundo y esto habrá sido pura virtualidad. Una simulación. Me llama mucho la atención cómo todo se está degradando a pasos agigantados cuando yo lo veía desde el primer momento. A veces me pregunto si no fui yo el que lo estuvo degradando. Si no es culpa mía y de tanto pensar lo proyecté...
—¿Qué pasa cuando te sentís tan desmoralizado? ¿Tenés un refugio?
—Es muy difícil decir porque siento que todavía no llegó lo peor. Desde hace un tiempo, todo el que no piensa medianamente como yo sale eyectado de mi vida. Sea familiar directo o amigo del alma. No es una decisión consciente la que hago. Ocurre naturalmente. Yo digo que es una filosofía de vida porque esto no es por política. Es mucho más profundo. Tiene que ver con una conexión de amor.
—¿En qué sentido?
—Me provoca tanto miedo que estén desconectados... Solo me sigo relacionando con ese tipo de gente por trabajo. En una actitud totalmente hipócrita, lo hago por trabajo. No está bueno seguir alimentando la grieta pendular en la que está nuestra sociedad, en la que estuvo siempre, pero tampoco puedo entender la falta de empatía hacia los demás. No puedo entender esa desafección, como si realmente fuesen distintos al otro... Pero ese no es un refugio. Creo que todavía no me resuena la palabra refugio porque siento que no llegó ese momento. Siempre me sentí afortunado.
“Siempre me sentí afortunado”
—Arrancaste de muy chiquito en el mundo del espectáculo. Trabajaste un montón para chicos, fuiste bailarín... ¿Cómo se dio?
—Mi familia me pudo bancar, no eran millonarios ni mucho menos, pero mi abuelo materno, que nació en un conventillo y no tenía zapatos, pudo abrir una fábrica de artículos para calzado. Con los gobiernos de derecha la fábrica se iba a la mierda, y con los de izquierda y el peronismo volvía a subir. Y eran totalmente antiperonistas todos [risas]. Hoy la fábrica familiar que manejan mis hermanos está en su peor momento; mi mamá está muy preocupada. Yo me salvé porque me abrí y nunca tuve que pagar el alquiler porque mis padres me ayudaron. Desde chiquito pude estudiar lo que quería e hice mil cursos. Ya a los 10 años estudiaba pintura y a los 13 entré en la escuela de Hugo Midón. Gané premios como bailarín. Entonces ahí hay un privilegio económico muy grande. Evidentemente había un talento que se pudo desarrollar porque también estuvieron las condiciones. Toda la gente merecería tener las condiciones que tuve yo.
—¿Cuál fue tu primer trabajo?
—Mi primer laburo fue a los 17 años; todavía estaba en la escuela secundaria y fue en un espectáculo de Midón. Ahí empezó toda la cosa. Lo extraño mucho.
—Cambiando de tema, alguna vez contaste que tenés una enfermedad que no tiene cura, ¿cómo estás?
—Se llama temblor esencial y es hereditario; mi mamá lo tiene. Se vive con eso porque no tiene cura. Se sabe que ciertos medicamentos, como los bloqueadores de los receptores beta del cerebro, lo pueden atenuar, pero no lo pueden curar. No tiene tratamiento. El alcohol también ayuda a mejorar esos temblores, te los quita por un tiempo, pero no me gusta el alcohol. Es una incomodidad, aunque se vive con eso. A veces no puedo firmar nada delante de nadie porque es tanto lo que me tiembla la mano que no puedo ni siquiera apoyar el codo. Pero toco el saxo, pinto... Lo hago igual y logro cierta precisión. Y arriba del escenario no se nota porque siempre hago algo con las manos y si se nota, parece que es parte del personaje. Viví con eso toda la vida. En los castings siempre me decían que estaba muy nervioso y era verdad, pero además tiemblo. Y si estoy nervioso, tiemblo mucho más. Muchas veces recibo mensajes en mi Instagram porque muchos lo sufren… Y me escribe también mucha gente que me quiere curar.
Para agendar
- La función que sale mal, de miércoles a domingo, en el Multiteatro (Av. Corrientes 1283).
- Pijama party, los domingos, a las 16.30, en el Teatro La Plaza (Av. Corrientes 1660).
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