
Es catalana, Mercedes Sosa definió su vocación y la maternidad en soledad marcó su vida
La ganadora del Premio Goya Silvia Pérez Cruz llegará al Teatro Ópera para presentar Oral_Abisal, su nuevo álbum de estudio donde redefine la mixtura de sus sonidos
La ganadora del Premio Goya Silvia Pérez Cruz llegará al Teatro Ópera para presentar Oral_Abisal, su nuevo álbum de estudio donde redefine la mixtura de sus sonidos
Oral_Abisal es el título del nuevo álbum de canciones originales de la artista catalana Silvia Pérez Cruz, quien se presentará en Buenos Aires el próximo 29 de agosto en el Teatro Ópera. Las dos palabras que definen el flamante material hablan de la búsqueda que encierra el presente de la artista nacida en Palafrugell, Gerona. Una dialéctica aplicada a los matices de su personal sonido.
“Estoy en mi casa, en Barcelona, sobre una montañita que está detrás de la ciudad”, cuenta la cantante, compositora y actriz de 43 años, quien se sorprende ante lo inusual de encontrarse establecida en su sitio de pertenencia en un alto de las giras y conciertos que brinda en su país y en buena parte del mundo.
La charla comienza con una reflexión sobre la expectativa y la acción alerta y activa que implica la escucha: “Después de la soledad del proceso creativo, del arreglo, llega el compartir el trabajo con los músicos en el estudio, una especie de abismo, hasta arribar a la creación de la escena y eso es una transformación”.
—Inevitable en el proceso creativo.
—El equipo deposita la confianza, aunque aún no haya oído nada de lo nuevo; es una fe. Pero, últimamente, también hay algo que me está sorprendiendo aún más que es el directo, que lo estoy definiendo como animal vivo, que tiene un latir propio que te lo enseña el público. Ahí acabo de entender mucho más todo mi trabajo.
Indudablemente, la presencia del espectador no es el fin, sino un segmento insoslayable del proceso, una posibilidad de volver a repensar y reformular aquello creado. “Incluso me permite entender las pausas y hasta saber dónde me tengo que quitar algunas prendas de ropa para poder expresar mejor, para llegar a dónde quería llegar. Hasta no pisar la escena, no se acaba de entender; el público te explica muy bien eso”.
Ese eslabón insoslayable genera sus propias decodificaciones, arma su propia dialéctica sobre el material creado. Un coautor. “Las reacciones del público, no solo las más evidentes como la euforia o el aplauso, también el latido y el abrazo de la escucha son fundamentales”, indica.
“Animal vivo”
Oral_Abisal se presentará también en México, Bogotá y Santiago de Chile, como escalas previas a su arribo a la avenida Corrientes porteña.
—¿Qué implica el concepto Oral_Abisal que define tu presente artístico?
—Es la búsqueda creativa que he tenido en estos últimos tres años. Oral son las canciones con más armonía, cuerdas, madera y es la historia; Abisal es lo más onírico, expresado con sintetizadores, metales, tiene que ver con el tiempo, que nunca sabes dónde acaba. La respuesta está en los grises del medio, en una voluntad líquida. He estado creando desde esta dualidad. Desde lo escénico, hay una voluntad de cambio de estado, que va de lo familiar a la soledad del individuo para poder trascender y llegar a lo colectivo, algo más social. Es apasionante.
—Y filosófico.
—Necesito el imaginario intelectual y emocional. Siempre hago discos de composición personal, necesito traducir mis emociones y mis pensamientos, lo que me importa. También hago discos desde la animalidad de la intérprete, que aparece cuando me junto con otro músico sin preparar nada antes.
Silvia Pérez Cruz es una artista versátil, ocupada y preocupada en su decir y en cómo decirlo desde su arte. También su música se desmarca en una liminalidad estética, fluyendo entre la canción de autor, el jazz, el flamenco, la música clásica y las melodías tradicionales y populares de Iberoamérica. Además de sus propios materiales, la artista no duda en prestarse a colaboraciones, como sucedió en “La rumba del perdón”, tema incluido en LUX de Rosalía, junto a Estrella Morente.
Devenir
Silvia Pérez Cruz es hija del músico Càstor Pérez Diz y de la poetisa Gloria Cruz i Torrellas. Su madre dirigía la Academia Alartis, donde la artista también estudió: “Ella es quien me educó y me enseñó a mirar el mundo, a observarlo desde un cuadro y una canción; luego mi padre, quien tocaba la guitarra, hizo que aprendiera a cantar junto a él, cuidaba hasta el detalle más pequeño, era feliz con el acorde más simple, se emocionaba con las letras”.
La artista recuerda aquellos tiempos fundacionales donde comenzó a cantar en La Taberna, un reducto familiar: “Aunque toque en los lugares más grandes, aquella cercanía con el público me acompaña hasta hoy”.
Desde los cuatro años, comenzó a familiarizarse con la formación musical. Antes de llegar a los veinte, continuó cursando en Barcelona, inscribiéndose en la Escuela Superior de Música de Cataluña. Aplicó en solfeo, saxo, piano, cajón, armonía, canto, improvisación, saxo jazz y composición. Finalmente, alcanzó su licenciatura.
Ya como profesional, ha formado parte de numerosos proyectos musicales y artísticos. A lo largo de su carrera, ha colaborado con artistas como Jorge Drexler, Toquinho, Natalia Lafourcade, Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat, Lila Downs, Joaquín Sabina y Pedro Guerra, entre muchos otros.
“Atreverse”
—Trazando un recorrido a través de tus discos, es posible pensar en una suerte de biopic. Cada material es una foto de un tiempo definido. ¿Cómo es este presente?
—Siento que acabo de atravesar un Abisal, donde he tenido que confiar en lo que no conocía, ser valiente para dar el paso en la niebla para descubrir qué había del otro lado; indudablemente se trata de algo autobiográfico.
—¿Qué implicó “atravesar la niebla”?
—Es un momento muy especial de mi vida, con el gusto de haber sido valiente, aun con los miedos. Hay algo en el atreverse que da como un placer y luego hay regalos casi invisibles que los puedes sentir; hay una paz.
—¿A qué cosas te has atrevido y que, dada la audacia, generaron hasta tu propia sorpresa?
—Haber sido madre soltera y músico. No tenía ningún referente de artista mujer que fuera madre y pudiera viajar con su música. Una de mis grandes luchas fue poder ser madre y artista. Lola, mi hija, cumplió 18 años y eso hace que esté en una nueva etapa. Tengo un gran vínculo con mi hija; me emociona la persona que es. Además, me siento una artista libre y plena. Creo que en eso es lo más valiente que he sido.
Mercedes Sosa “me atravesó”
A la hora de pensar en sus influencias, claramente aparecen, en primera instancia, el ideario artístico de sus padres, pero también hay otros influjos que la construyeron y definieron: “A los ocho años, mi padre me puso a Mercedes Sosa, algo que marcó, inconscientemente, mi voluntad del canto”.
Menciona el tema “Alfonsina y el mar”, la conmovedora partitura de Ariel Ramírez y Félix Luna, como un punto de inflexión. “Lo que no pude hablar, lo dije a través del canto”, señala.
-¿Cómo fue esa epifanía con el arte de Mercedes Sosa?
—Mi padre estaba en el lugar donde tenía sus discos y me puso “Alfonsina y el mar”. Me atravesó, al punto tal de haber sido la primera canción que me aprendí en guitarra, a pesar de no ser la más sencilla.
—Tenías ocho años.
—Cuando me la tuve, le dije a mi padre: “Me la he aprendido”. Me acompañó desde los doce hasta los veintisiete cada vez que cantaba con él. Con esta canción, no sólo descubrí mi vocación, sino cómo transmitir emociones, entender cómo podía sanar la música. De más adulta, pude entender la profundidad de ese canto, como la boca de una gran madre donde caben todos los dolores y celebraciones.
—¿Qué otras influencias aparecieron en el camino?
-Siempre nombro a tres artistas, Enrique Morente, Caetano Veloso y Björk. Y también podría nombrar a Chavela (Vargas) y su compromiso entre el arte y la vida.
—Diversos.
-Pero muy conectados con la tierra y la tradición. Valientes, siempre buscando en el infinito. Los veo como árboles con raíces profundas y ramas llenas de estrellas. Cuando un artista te gusta, tiene que ver con su contenido y no con su forma, y eso te invita a encontrar tu propia forma. Estos artistas me hacen ser valiente para poder expresarme desde mí. Imitar el desde dónde, pero no su forma, sino encontrar la propia.
“Renacer”
Ha ganado el Premio Goya en tres oportunidades, fruto de composiciones para diversas producciones y su carrera la ha llevado a vincularse con el universo de la filmografía documental y también con la escena teatral.
Si de dobleces se trata, reconoce que ese lado B del dolor se le ha dado, más allá de la muerte de su padre, por la cercanía con “personas que me han hecho mal”.
—¿Pudiste sanar?
—Así como soy muy buena para ver la luz de las personas, me cuesta mucho ver la oscuridad. Eso me ha llevado a que me cueste mucho entender y aceptar cosas muy dolorosas. Aprender ese luto de la decepción con algún ser humano me ha partido toda y he tenido que renacer. Eso es más doloroso que las muertes de los seres queridos, porque son las muertes en vida. Son los momentos donde tienes que despojarte de lo que creías y reconstruirte, volver a construir la intuición y la confianza.
—Es complejo volver a creer.
—Absolutamente, hay que hacer un trabajo profundo e individual. Pero que alguien confíe en tu baile cuando no tienes piernas, eso también te da mucha fe.
Antes de la despedida, reconoce: “Estoy en un momento de redefinir mi contorno y de cuidar a la gente que quiero e ir bajando la velocidad”.
—Viajo a Barcelona, ¿en qué lugar te encuentro?
-En un lugar de El Raval, un barcito pequeñito donde se hace jazz y flamenco, me gusta ir de vez en cuando a escuchar música y luego comer en algún restaurante viejo de La Barceloneta.
Entiende que viajar todas las semanas para ofrecer conciertos es una tarea abrumadora y que, por eso mismo, luego de su actual tour, que finalizará en septiembre, se recluirá cinco meses para disfrutar de su casa y de sus afectos. Seguramente mucho de eso implosionó a partir de su búsqueda Oral_Abisal. Pero aclara: “Antes, estaremos en Buenos Aires, dándolo todo”.
Para agendar
Silvia Pérez Cruz presentará Oral_Abisal, 29 de agosto, a las 21, Teatro Ópera (Av. Corrientes 860).
