Jorge Drexler: de la canción que habla del miedo a Trump al romance que el público porteño mantiene con el cantautor uruguayo
El Movistar Arena se vistió de candombe el viernes; el músico presentó su nuevo álbum, Taracá
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Artista: Jorge Drexler; Concierto: presentación del álbum Taracá. Grupo: Miryam Latrece (coros), Ale López (contrabajo), Florencia Gamba (coros, guitarra y teclados), Eva Catalá (percusión), Vicente “Huma” (guitarra), Marc Pinyol (percusión) y Julio Sanrizz (percusión). Proxima función: el sábado 18. Nuestra opinión: Muy Bueno.
Para explicarlo de manera simple, lo que se conoce como “clave de candombe” es una serie de cinco golpes. Tres que se producen lentamente (y dan la sensación de que quedan flotando) y dos últimos que suenan vigorosos, secos, y bien juntos entre sí. El sonido característico es resultado del contacto entre dos maderas: un palillo contra la estructura de un tambor. Pero esa rima sincopada de puro golpe también es la que se puede escuchar en Buenos Aires cuando un artista uruguayo viene a dar un concierto y se demora en salir a escena; unos minutos después del horario previsto las palmas del público marcan la clave de candombe. Hay otras instancias en la que el ritmo se repite: cuando el artista está subiendo al escenario.
Pasados casi 20 minutos del horario previsto, Jorge Drexler subió, en la noche del viernes, al escenario del Movistar Arena, para dar el primero de los dos shows que allí tenía agendados (esos que sirve de presentación de su disco Taracá). Y fue con clave de candombe. No solo porque es uruguayo, sino porque todo el disco está atravesado por este precepto. ¿Es un precepto? En Uruguay, país que se manifiesta orgullosamente laico, claro que sí. Porque tiene al menos dos religiones que, de a ratos, producen un sincretismo virtuoso: la murga y el candombe. El viernes fue noche de candombe y muy a la manera de Drexler.

Una de las singularidades de este cantautor oriental -radicado en España hace treinta años- es su necesidad para encontrar explicación a todo lo que hace. Sin duda, la indagación y el descubrimiento son el principal motor de cada hecho artístico. Ninguno de sus discos (y son muchos) es resultado de un rejunte de canciones. Cada uno viene acompañado con un concepto. Y ese concepto es una especie de viento de cola que lo impulsa.
Entre las primeras palabras que se le escuchó decir en su primera actuación (la verbosidad acompañó a Jorge esa noche) “alegría” tuvo un peso importante. Habló de su alegría de volver a subir a los escenarios luego de un año y medio de estar pensando, desarrollando y grabando el nuevo disco. También por el hecho de estar estrenando una nueva banda, cuatro chicas y tres chicos muy talentosos e inquietos. Porque si en otros tiempos Drexler daba conciertos con poco movimiento escénico, éste es absolutamente dinámico.
Hay detalles de lo que vino a mostrar este fin de semana a Buenos Aires que no hay que perder de vista. Uno de ellos es que se las arregla para incluir el repertorio completo de su nuevo álbum en algo más de dos docenas de canciones donde, además, no falta la mayoría de sus grandes éxitos. Otro es la habilidad para estar, a tono con los signos de estos tiempos, sin que por eso se desvirtúe el objetivo. Drexler no salió de gira con un show musical sino con un concierto de música popular. No trae visuales. Lo que se ve en las pantallas es un ejercicio espejo de lo que sucede con lo que suena. Si los parlantes amplifican instrumentos y voces, las pantallas amplifica la imagen de quienes cantan o tocan esos instrumentos, pero con excelente criterio y buen gusto. Solo eso.
Y cierto es que se trata de un tipo bastante raro. Utiliza un escenario B, ubicado donde habitualmente se instala la consola del sonidista, en el extremo opuesto al escenario, pero no necesita una gran pasarela en altura para llegar hasta allí. Mientras canta, camina por los pasillos, entre el público, sin gente de seguridad que lo acompañe. Genera una performance con ese gesto tan simple.
❤️🩹 Alguien que nos diga ¿Cómo se ama hoy en día? pic.twitter.com/AZkqlnENOc
— MovistarArenaAR (@MovistarArenaAR) April 18, 2026
Si en la primera parte brotan todos los repiques del candombe, en la segunda se impone el clima intimista. Cabe aclarar (antes de seguir avanzando) que Drexler no produce música de manera lineal ni radial sino reticular. Porque crea una especie de red entre esos momentos de su carrera que se interconectan.
A primera escucha, ese candombe omnipresente que suena durante todo el recital, aunque a veces sea un sujeto tácito, no es una novedad de este disco. Bastan quince minutos de actuación para que, entre las novedades de su flamante producción, elija echar mano a un tema como “Transporte”, que transcurre sobre un candombe que no es para nada explícito, sino una marca de agua que dejó plasmada hace veinte años en el disco Eco. Y si el dato no convence hay otros que terminan demostrando un famoso axioma: “A confesión de parte, relevo de pruebas”. Es el propio Drexler quien confiesa que su primer álbum no fue un disco, sino un casete que vendió a 33 personas y que incluyó un candombe -bautizado “Bienvenida”- entre sus canciones.
Hoy es el candombe (omnipresente), mañana será otro su desvelo, porque Drexler necesita darle un sustento a lo que produce -la mayoría de las veces teórico, de ahí que haya escrito canciones como “Tres mil millones de latidos” y “Polvo de estrellas”, que son parte de esta gira-. Lo singular es que consigue algo emotivo con todo eso. Lo logra cuando comparte un tema con Mateo Sujatovich, o cuando deja que su público se haga cargo de llevar las riendas de canciones como “Mi guitarra y vos” o “Al otro lado del río”, que elige interpretar a capella para luego crear un ida y vuelta con sus fans, mientras está solo sobre aquella tarima, al otro lado del escenario.
Claro que tendrá tiempo para volver, a paso manso, hasta el escenario para reencontrarse con una troupe de la que se siente orgulloso. Y no es para menos porque lo arropa de la mejor manera. Ha encontrado la manera de sostener sus señas particulares al aparo de un grupo que usa muchas secuencias pero prescinde de teclados; que se cimienta en los tambores, las guitarras y tres voces corales femeninas.
Drexler canta las canciones nuevas y dice el público que compró las entradas (se pusieron a la venta en noviembre del año pasado) sin saber con qué se iba a encontrar. “No sé en qué estaban pensando. Agotaron la primera función antes de que saliera el disco. Es el acto de amor más desinteresado y esperanzador”.
“Ha sido un acto de amor a ciegas”
— MovistarArenaAR (@MovistarArenaAR) April 18, 2026
Jorge Drexler le dedicó unas palabras al público ❤️🩹 pic.twitter.com/w09JyKy8Rb
Lo que suena más a ruego que a esperanza es una canción que comenzó a escribir en 2017, un día antes de la asunción de Donald Trump a su primera presidencia. Tuvo miedo, casi como una precognición, de lo que vendría después. “La música es herramienta de empatía y sincronización. Estar en fase con una persona es más difícil de odiarla. Tendamos puentes y que entre un poco de luz”, dijo, antes de entrar en los últimos bises de concierto que ya había hecho escala con tributos a Joaquín Sabina y Enrique Morente, y varios grandes éxitos: “Me haces bien”, “Todo se transforma”, “Sea”, entre otros.
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