Gastón Batyi: trabajó junto a grandes actores, protagonizó una película vetada por Hollywood y hoy se gana la vida como carpintero
Fue parte del elenco de Un lugar en el mundo e hizo ficciones en televisión y teatro, pero un día decidió irse a vivir al campo y abandonar los escenarios
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Fue el hijo de Federico Luppi y Cecilia Roth en Un lugar en el mundo, película seleccionada para competir en los Oscar de 1993 pero que resultó finalmente descalificada por la Academia de Hollywood al descubrirse una “mentira” acerca de su país de origen: fue presentada como candidata uruguaya, cuando se trataba de una producción argentina. Desde ese momento, Gastón Batyi hizo algo de teatro, televisión y cine, hasta que decidió mudarse al campo y cambiar totalmente su vida. Tiene dos hijos y se gana la vida como carpintero. En diálogo con LA NACION, conversó acerca de su decisión de dejar el mundo del espectáculo, contó cómo siguió su vida lejos de Buenos Aires y repasó algunas anécdotas de la recordada película de Adolfo Aristarain que lo tuvo como protagonista.
-¿Tenés todavía alguna conexión con la actuación?
-No. Estoy muy conectado con la música, pero más a nivel familiar. Mi hermano Diego Batyi es músico y lo acompaño desde chico; hemos tenido bandas, después se lanzó como solista y yo siempre estoy cerca. Ahora toco en casa lo que puedo, porque hace unos años me corté un par de deditos de la mano izquierda con una máquina de carpintería. Estudio guitarra desde los 7 años, y como me aburría la teoría dejé y unos años después retomé. Siempre me gustó mucho más la música que el cine o la tele porque es de familia: mi vieja cantaba y tocaba la guitarra en una radio, de chiquita. Y mi papá sigue tocando la guitarra todos los días, y estudiando. Mis hijos, de alguna manera, también están relacionados con el arte: Valentina estudia cine, y Tomás, ingeniería en sonido y está con el tema de la música y el trap… Hace años que no hago cine ni teatro, más que algún video de temas de mi hermano.
-¿Por qué te alejaste del medio?
-Porque se fue dando. No fue una decisión. Creo que la última vez que hice algo fue cuando tenía 18 años. Y de casualidad. Fui a tomar mate con Nicolás Scarpino y Diego Topa, a quienes conocía de los castings. Y ellos estaban filmando la película Bajo bandera, cerca de mi casa. Así que fui a verlos. También estaba Federico Luppi en el elenco y cuando nos vimos, nos saludamos, conversamos, le conté que había ido a visitar a los chicos y dijo que yo también tenía que hacer algo en la película. Entonces habló con el director y me metió en algunas escenas. Pero en realidad había ido a tomar mate (risas).
-Ya habías hecho Un lugar en el mundo…
-Sí. Tenía 15 años en ese momento. Y antes había hecho una película de producción franco-argentina. También hice algunos comerciales y muchos castings. Participé en Amores y Atreverse, de Alejandro Doria, y también hice un programa en Canal 2 que se llamaba 300 kilates, con Ana María Giunta. Hasta que se presentó esta oportunidad para Un lugar en el mundo. Cuando fui al casting no sabía que se trataba de una película, fui pensando que era para un comercial. Me acuerdo que ese día llegué un poco tarde y a las corridas. Subiendo las escaleras me crucé con una mujer que, medio, me atropelló. Me dijo que me fijara por dónde caminaba y le respondí que se notaba que no era uruguaya.
-¿Por qué?
-Soy hijo de uruguayos y justo venía de pasar mis vacaciones ahí y había notado que la gente era muy amable y respetuosa. Eso me había sorprendido, y me salió ese comentario. Resulta que esa mujer era Kathy Saavedra, la esposa de Aristarain y una de las que tomaba el casting. Cuando me di cuenta no sabía dónde meterme. Le dije si era necesario que hiciera la prueba, por la mala onda que habíamos tenido. Me dijo que sí, la hice y después me pidió que esperara. Al ratito me preguntó si podía viajar al día siguiente. Yo no entendía nada, pero dije que sí. La película se filmó en distintas locaciones de San Luis durante 53 días.

-¿Qué recuerdos tenés de esa filmación?
-Hermosos. Y tuve un papel importante, al lado de figuras tremendas. Es algo que nunca me había imaginado, aunque de chico lo soñaba. Fue raro al principio porque no conocía a los actores (Federico Luppi, Cecilia Roth, Leonor Benedetto, José Sacristán, Rodolfo Ranni, Hugo Arana). Yo veía programas para chicos de mi edad, con otros actores…. Con los años me di cuenta con quiénes había tenido el privilegio de estar. Mis padres me contaron que eran los mejores actores del cine nacional. Me sorprendió la sencillez de todos ellos. Todos tenían buena onda conmigo y, quizá, con quien más comunicación tuve fue con Luppi. Había como un ring entre Luppi y Sacristán (risas).
-¿Competían?
-No, no era competencia ni mala onda tampoco. Por momentos yo les preguntaba sobre talleres y cursos de teatro, si me convenía seguir estudiando y con quién. O leíamos las escenas y les preguntaba cómo harían mi parte. Todos me daban consejos, también Ranni y Arana. Y en un momento hubo una discusión entre Luppi y Sacristán porque Federico decía que tenía que seguir estudiando teatro y José opinaba que no. Pensaba que mi manera natural de actuar era mejor que un estudio formal. ”Tenés una forma natural de ser que ya es un encanto y el resto lo vas a ir encontrando”, decía. Y Luppi respondía que no podía decir eso, que yo tenía que seguir estudiando. Hasta Adolfo se metió y le dijo a Sacristán que dejara que yo siguiera estudiando. Fue gracioso. Porque por esos casi dos meses fueron como una familia. Al menos es lo que sentí. Cuando se terminó la peli, Kathy y Adolfo me regalaron unas clases de teatro con Cristina Banegas.

-Un lugar en el mundo quedó seleccionada para los Oscar pero después la bajaron de competencia, ¿qué recordás de ese momento?
-Ese año quedaron seleccionadas El lado oscuro del corazón y Un lugar en el mundo, y para que las dos tuvieran posibilidad de estar en los Oscar, quisieron mandar la de Aristarain por Uruguay. Fue una manera de Adolfo de aprovechar esa oportunidad. El tema es que había un pequeño comodín ahí y es que, por ser hijo de uruguayos, me daban automáticamente la ciudadanía. Kathy Saavedra era uruguaya y había un par de uruguayos más en la peli, por lo cual podía competir por ese país. Al final no se llegó con los tiempos y no pude tener la ciudadanía para el momento en que la necesitaba, así que no entró en competencia. Y creo que eso que sucedió, provocó que se cambie el estatuto de Hollywood de cómo se presentaban las películas para los Oscar. Entiendo que pusieron algunos parámetros un poco más claros… O menos, no sé (risas)… Un lugar en el mundo fue una cooperativa de trabajo. Adolfo hizo la película empeñando su propia casa, que entiendo es la única que tenía. No recibió créditos o fondos con los que contaba y decidió filmar igual, empeñando su casa. Entonces logró hacer una cooperativa y todos los actores ganaban un poco menos. Me acuerdo que contaron hasta los últimos minutos de cinta…. Quedaban seis minutos y si no se resolvía, la película quedaba sin terminar. Y llegamos justo.
-¿Qué sentís cuando volvés a ver la película?
-Me emociona. También pienso que podría haber hecho mejor un montón de cosas… Nunca le había contado nada de todo esto a Naty, mi ex. Y un día mi suegro estaba viendo la película y le dijo: “Mirá, ¿este chico no es tu marido?” (risas). Y así se enteró. Otro día dieron la película en la tele y la vieron mis hijos, que eran chiquitos. Fue gracioso porque enseguida dijeron que ese chico hablaba como yo (risas). Y empezaron a mirarme. Hasta que les conté que sí, que ese era yo de jovencito.
-¿Y qué pasó que dejaste de actuar?
-Me mudé a vivir al campo con mi novia. Vivimos cinco años en La Criolla un pueblito cerca de Concordia, Entre Ríos. La verdad es que soy muy tímido y era difícil para mí ir a la escuela y salir los fines de semana porque me reconocían por la película y yo no sabía qué hacer. Me incomodaba. Me costaba mucho. Una vez fui de vacaciones a la costa con amigos y estábamos paseando y empezaron a juntarse varias chicas. Después no quería ni ir a la playa. Todo eso me frenó un poco.
-¿Y qué hacías en el campo?
-De las tareas del campo, casi todas. Estaba en una zona que se plantaban naranjas y entonces trabajé en los naranjales. Toda la vida supe de madera, de carpintería, de aserraderos, porque mi viejo es carpintero, así que también trabajé la madera. Y de eso trabajo, hasta hoy. Volvimos a Buenos Aires porque era muy difícil el día a día, y además ya había nacido mi hija Valentina y empezaba la escuela. Con mi ex, decidimos volvernos porque acá había muchas más facilidades con respecto a la educación. Y, además, mi ex estaba estudiando psicología y tenía que irse hasta Paraná dos veces por semana. Era muy complejo. Acá seguí trabajando en carpintería, armando stands y sé hacer un poco de todo.
-¿Nunca te arrepentiste de haber dejado?
-Alguna vez lo pensé, pero no me arrepiento porque hice lo que tuve ganas de hacer. Me gusta actuar, pero más me interesa la música. Llegué a grabar un disco en Polygram con una banda y también toqué con Badi, que hacía cumbia. Conocí a Sandro porque tocamos en un programa que tenía en televisión y después nos hizo una nota. Y también estuve en el programa de Xuxa.
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