
Iliana Calabró: el desafío de la conducción, los momentos difíciles que atravesó y el amor que la sorprendió
Tras cumplir 60 años habló con LA NACION y aseguró estar disfrutando a pleno de esta etapa de su vida luego de algunos sustos que vivió con su familia

Iliana Calabró cumplió 60 años y se siente más plena que nunca. Está de gira con Viudas e hijas, todos los martes comparte sus recetas en Cocina rebelde, por eltrece, y el lunes 15, a las 17.30, vuelve a la conducción con Iluminadas, por la TV Pública. Además, desde hace tres años disfruta de un amor que no esperaba con Luis De Stéfano y goza de su primer nieto, Bento. LA NACION conversó con ella de todo esto y también de la competencia con su hermana Marina, que está en el mismo horario en América, y de la salud de su mamá Coca. “Estoy en un momento soñado haciendo todo lo que me gusta”, dice.
—Volvés a la conducción...
—Estoy muy contenta porque me siento muy cómoda conduciendo y es un formato que nos permite estar cerca de la gente, de las necesidades del latir cotidiano. Me acompaña un equipo femenino de profesionales de distintas áreas con quienes vamos a acercar soluciones a los diferentes temas planteados. Un poco de luz. Por eso el programa se llama Iluminadas, para que a partir de este planteo podamos encender una luz. ¿En qué podemos ayudar para cambiar esto que está funcionando mal? Y también vamos a transitar el humor y puede haber temas más frívolos para distender los climas. En la hora y media de programa habrá muchos matices.
—¿Tenés nervios por este esterno?
—Tengo una ansiedad enorme porque va a ir en vivo [risas]. El productor, Martín Caramela, siempre quiere sumar. Y mi profesor de canto me contó que convocaron a un italiano para hacer la música de la apertura del programa y me dijo que ojalá yo pudiera grabarla y cantar juntos. Porque trabajamos mucho. Yo sugerí una música alegre, con raíz italiana, porque me identifica.
¿Calabró por Tinayre?
—Al principio hubo mucho ruido porque se dijo que este programa iba a ser conducido por Marcela Tinayre, ¿qué pasó?
—Entiendo que ella iba a hacer otro programa, más parecido al formato de los Estados Unidos, The View. Nada que ver con Iluminadas. De hecho, no hace mucho que me convocaron y al principio dije que no porque estaba comprometida con la gira de Viudas e hijas. Pero insistieron y dijeron que tenían muchas ganas de que yo me pusiera en frente, que esto y que aquello, y al final me convencieron.
—Pero seguís en Viudas e hijas…
—Sí. Después de una interesante gira que hicimos por La Pampa y Córdoba, viene una etapa de funciones en el Gran Buenos Aires para todo el mes de junio. Y en julio se toman un impasse porque Nora Cárpena, María Valenzuela, Paula Morales y todo el equipo vienen trabajando desde el año pasado y necesitan descansar. Después volvemos en agosto y ahí veremos cómo se acomoda todo.
—Y los martes estás en el programa de Jimena Monteverde. ¡No parás!
—No paro [risas]. La cocina a mí me encanta y disfruto compartiendo recetas que fueron prueba y error. Me da mucha satisfacción que después me manden las fotos de cómo les sale. Siempre les digo que si las hacen como yo no hay error porque ya me equivoqué mucho para llegar a esa receta. El otro día mi tío me dijo que se había perdido la receta de la panna cotta, pero una amiga le mandó la foto de cómo le había salido la torta de manzana e iba a hacerla. Y le respondí que era la receta de su mamá, o sea, de mi abuela paterna. Tengo todas esas recetas en un libro que me dejó. Mi abuela era muy conocida de Doña Petrona, de compartir a la par. Yo soy la nieta de Nela, que tenía un perfil más bajo, pero que se cocinaba todo también. La cocina para mí es un espacio lúdico. Le agradezco a Jimena que me dé esa oportunidad. Me llamaron justo cuando nació mi nieto y tuve que decir que no porque viajé a Brasil.
“Complicaciones”
—Tu nieto nació prematuro y estuviste bastante tiempo en Brasil...
—Sí, nació de siete meses. Por eso viajé y estuve más de un mes acompañando a mi hijo y a su mujer. Tuvimos un serio problema, pero ahora está divino, rozagante. Todos gozan de buena salud. Hay prioridades y yo fui ahí a apoyar. Después tuvo complicaciones mi mamá y volví. Dios se encarga de organizar la vida para que yo pueda estar donde tengo que estar en el momento indicado. Y después tuve que volver a Brasil porque mi nuera estaba con una trombosis, complicada también. Tuvieron que volver a internarse, así que estuve otro tiempo más. Y cuando volví, arranqué acá con todo.
-¿Podés viajar seguido para verlos?
—No como quisiera. El problema son los vuelos. Ellos están Trancoso y antes había vuelos directos a Porto Seguro, pero ya no. Entonces hay trasbordos y lleva muchísimo tiempo llegar. Por suerte, hacemos videollamadas y mi nieto ya me conoce la voz. Le canto y él se ríe. Es hermoso.
—¿Cómo está tu mamá, Coca? A principios de año estuvo delicada de salud.
—Está muy bien. Después de algún que otro susto que nos pegamos está bien, atendida, contenida, mimada. Ella es muy disciplinada y no se deja estar. Y si se deja estar, hay un escuadrón de gente que la incentiva a que siga adelante. Le pone muchas ganas a todo y tiene un carácter súper lindo, muy dulce, muy amorosa. Sus enfermeras están felices de acompañarla. Tiene tantas ganas de vivir que se tornan contagiosas.
Competencia
—Vas a competir con Marina que está en América, ¿hablaron de eso? ¿Da nervios competir con tu propia hermana?
—Sí, lo comentamos. Cuando me enteré, la felicité y le dije: “¿Vamos a competir?” Y hubo un silencio [risas]. Por suerte, solamente vamos a competir media hora en el final de su programa y en el inicio del mío. Por otra parte, los programas tienen temática totalmente diferente. Tampoco va a ser tanto lo que compitamos.
—Cumpliste los 60 y los festejaste con un posteo de fotos muy sensuales. ¿Cómo te sentís en esta etapa?
—Para mí es la realización de muchos sueños. Estoy haciendo lo que siempre me gustó, que es la comedia, y pude sumarme a pesar de que al principio también dije que no porque estaba en Brasil. Después lo pensé y dije: “Cómo me voy a negar a trabajar con Nora Cárpena y María Valenzuela”. Y la verdad es que es un placer. Recuerdo cuando era chica y pasábamos las temporadas en Mar del Plata donde papá hacía teatro y yo pensaba: “Quiero estar haciendo este tipo de comedias, que la gente se reía, que se divierta, que salga con una energía distinta a la que entraba”. Encaré esta profesión buscando eso y estar encabezando este equipo con estas grandes es un sueño hecho realidad. Por otra parte, el formato de la tele me parece interesante, un nuevo desafío y una búsqueda en la conducción que no es simplemente un pase de temas sino algo que se puede llegar a profundizar y traspasar la pantalla.
—¿Hacés un balance? En estos años tuviste momentos de felicidad y grandes disgustos...
—Pasó la vida. A veces uno aprende mucho más de los golpes que de la felicidad. Somos hijos del rigor. O crecemos más a partir de esas dificultades y obstáculos que se presentan, y los sobrellevamos y los superamos. Son cambios que uno no espera, pero suceden y hay que seguir. Vivo un momento particular con la llegada de mi nieto y me siento plena desde otro lugar. Es como revivir todo lo transitado. Yo no lo puedo creer cuando veo a esa personita por videollamada y me reconoce. Creo que haber estado presente ese primer mes de vida hace que el lazo sea fuerte. Éramos tres en aquel momento y había noches de desvelo para poder cumplir con darle la mamadera cada dos horas.
“Es muy lindo estar en pareja”

—También estás bendecida por un amor, ¿cómo sigue esta historia con Luis?
—Muy bien. Hace ya tres años que estamos juntos y conviviendo. Fue un flash y acá estamos, compartiendo la vida, el amor, la familia, las alegrías y a veces los momentos duros. Es muy lindo estar en pareja, sentirse acompañada, querida, mimada a esta altura de la vida, en otra etapa, con inquietudes distintas. Y el amor hace que sea todo más fácil. Lo lindo compartido que es mucho más hermoso y lo difícil se hace mucho más suave.
—Se habían conocido por un amigo en común, ¿verdad?
—Por dos amigos en común [risas]. Primero fue Jorge Smok, que es un joyero amigo. Y luego Ana Rosenfeld. Yo estaba muy bien sola, la verdad, cuando Jorge me habló de un amigo que quería presentarme. No le di mucha bolilla porque, a veces, un hombre te vende a su amigo y miente un poco. Pero cuando volví de una temporada fue Ana la que me habló de presentarme a un amigo y cuando le pregunté el nombre resultó ser el mismo que quería presentarme Jorge.
—El destino te estaba diciendo algo...
—Claro. Le pregunté si conocía a Jorge Smok porque pensé que él la había mandado para que me insistiera. Y no se conocían. A Ana le creí y pensé que no me iba a mandar un clavo [risas]. Accedí, fuimos a comer y desde ese primer contacto hasta acá estamos compartiendo el amor y nuestros días. A veces hay que esperar los tiempos de Dios, que no son iguales a la ansiedad que uno tiene. Y hay que seguir adelante con esperanza porque todo se puede dar. Quizá hubiera preferido que se diera cuando éramos más jóvenes, pero se dio ahora y bienvenido sea, y agradezco la oportunidad de esta etapa tan linda de la vida.



