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Cada vez que pisa un lugar público, la excéntrica Lady Gaga lo hace con una milimétrica preparación para causar impacto, sorpresa y comentarios. Le gusta dar que hablar y no escatima en efectos pomposos para cumplir con su objetivo.
Famosa por sus trajes alocados y muchas veces polémicos (una vez lució un vestido enteramente realizado con carne cruda que levantó detractores), en la última ceremonia de los Grammy se vio más sobria que de costumbre: actuó con un vestido de dos piezas dorado y un sombrero chato, con suficiente maquillaje y accesorios para no perder nunca el glamour. Pero lo impactante fue su ingreso a la ceremonia: acurrucada dentro de un huevo gigante y llevada en andas sobre una estructura de madera, como si fuera una faraona egipcia, rodeada de un séquito de bailarines ataviados con exóticas vestimentas y de mirada inquietante. Nunca desfiló por la alfombra roja y se sacó la fotografía de rigor más tarde que el resto de las estrellas. Tiene que distinguirse de lo común, y sabe cómo hacerlo.
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