
Lo elogió Fred Astaire, fue el bailarín favorito de Elvis Presley, pero Frank Sinatra lo decepcionó: “No era agradable”
Christopher Riordan trabajó durante las últimas ocho décadas con las mayores estrellas de Hollywood y en una reciente entrevista recordó su experiencia en el set con el intérprete de “My Way”
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Frank Sinatra fue una de las grandes figuras de la música estadounidense del siglo XX. Su voz y su personalidad lo convirtieron en una leyenda, pero no todos los que compartieron un set de filmación con él tienen el mismo recuerdo. Christopher Riordan, un bailarín, actor y coreógrafo que trabajó durante décadas en Hollywood y que llegó a compartir películas con algunas de las figuras más importantes de la industria, acaba de contar cómo era trabajar con Sinatra. Y su descripción no fue precisamente elogiosa.

A los 88 años, Riordan repasó algunos de los momentos más importantes de su carrera durante una entrevista para el podcast That’s Classic!, en la que habló de estrellas como Elvis Presley, Audrey Hepburn, Elizabeth Taylor y, por supuesto, Sinatra. Cuando le preguntaron específicamente por su experiencia con el cantante y actor, fue directo.
“Honestamente, déjenme aclarar que creo que es un músico maravilloso. Escucho mucho su música”, comenzó expresando. Pero inmediatamente después hizo una distinción entre el artista que admiraba y el compañero que había conocido en los sets. “Pero no era agradable trabajar con él”, afirmó.
Riordan había coincidido con Sinatra en dos películas estrenadas en 1965: El expreso de Von Ryan, el film bélico dirigido por Mark Robson y protagonizado por el cantante y la diva italiana Rafaella Carrá; luego en Marriage on the Rocks. Según recordó ahora, el comportamiento de Sinatra durante los rodajes tenía poco que ver con la imagen tradicional del profesional dedicado durante horas a una filmación.
“Llegaba en su helicóptero, aterrizaba, se bajaba y hacía su escena”, relató. “Y no hacía más de dos tomas. Después se subía a su helicóptero y se iba. Y eso era todo”, rememoró.
La confesión adquiere todavía más interés por la propia trayectoria de quien la cuenta. Riordan no era un bailarín más dentro de la maquinaria de Hollywood. Nacido el 25 de noviembre de 1937 en Redwood City, California, comenzó a actuar cuando tenía apenas cuatro años, en espectáculos de la zona de San Francisco y San José. A los 18 años dejó su casa y se trasladó a Los Ángeles con menos de 40 dólares en el bolsillo para intentar cumplir su sueño de trabajar en el cine.

Uno de sus primeros contactos decisivos con Hollywood se produjo en MGM. Gracias a un encuentro que había tenido años antes con Leslie Peterson, un ejecutivo del estudio, consiguió trabajo en El estigma del arroyo, la película de 1956 protagonizada por Paul Newman y Pier Angeli. Poco después apareció también en El árbol de la vida, junto a Elizabeth Taylor y Montgomery Clift, aunque una escena en la que interpretaba al hijo adolescente del personaje de Clift terminó siendo eliminada de la versión estrenada.
Pero el verdadero salto de Riordan llegó a comienzos de los años 60 y tuvo como protagonistas nada menos que a Fred Astaire y Hermes Pan. En 1962, Pan buscaba un joven bailarín para acompañar a Barrie Chase en su debut en Las Vegas. Riordan se presentó a la audición y, según recuerda en su biografía oficial, durante la prueba le aclaró a Astaire que en realidad no se consideraba bailarín.

La respuesta de Astaire fue contundente: “Muchacho, vos sos un bailarín”. Y lo contrataron. A partir de entonces, Riordan comenzó a trabajar en producciones cada vez más importantes. En 1963, Hermes Pan lo convocó para colaborar en Mi bella dama. Lo que inicialmente iba a ser un trabajo de algunas semanas terminó convirtiéndose en seis meses de rodaje. El director George Cukor quedó conforme con su trabajo en la famosa escena del baile de Ascot y le pidió que permaneciera para otras secuencias.
Sin embargo, el capítulo más singular de su carrera sería su relación profesional con Elvis Presley. Riordan fue contratado como bailarín para Viva Las Vegas, estrenada en 1964 y protagonizada por Presley y Ann-Margret. Al principio no estaba especialmente entusiasmado con la idea. Venía de trabajar con nombres como Newman, Taylor y Hepburn y consideraba que participar en una película del Rey del Rock podía significar un descenso en su carrera. Pero necesitaba dinero: estaba por nacer su hijo y aceptó el trabajo.

Terminó haciendo seis películas con Presley: Cita en Las Vegas, Carrusel del amor, Hazme cosquillas, Fiesta en California, Amor en ronda y Cambalache. También participó en el especial televisivo de 1968 que marcó el regreso de Elvis a la televisión. Con el tiempo, la relación dejó de ser estrictamente profesional. Según la propia historia que Riordan cuenta sobre aquellos años, Elvis llegó a considerarlo su “bailarín favorito”.
Incluso existía una lista de personas a las que Presley quería tener en cuenta para futuros proyectos. Riordan asegura que era el único hombre incluido en ella. Su relación con Elvis fue, además, radicalmente diferente de la que describe con Sinatra. De Presley guarda el recuerdo de un artista que valoraba su trabajo y que terminó convirtiéndose en una persona cercana.
Años después de aquellos encuentros con “La Voz”, recibió una propuesta para trabajar con su hija Nancy Sinatra, en ese momento vinculada a producciones de American International Pictures. La noticia inicialmente no le produjo entusiasmo. “Pensé: ‘Oh, Dios, otro Sinatra’”, recordó.
Pero la experiencia fue completamente diferente. “Nancy resultó ser una de las personas más dulces con las que trabajé”, contó. Según su recuerdo, cuando terminó el trabajo, la cantante se acercó, lo besó y le agradeció por haber conseguido que se viera bien.
Luego, Riordan siguió ampliando su carrera. Trabajó como bailarín y coreógrafo en distintas producciones de American International Pictures y obtuvo créditos de coreografía en películas como Fireball 500. También participó en numerosas series de televisión y obras teatrales. En 1966 ganó premios como actor por sus trabajos en Light Up The Sky y Rope.

Durante los años siguientes apareció en cine y televisión y, ya lejos de la época dorada de los grandes musicales, siguió trabajando como actor. En las últimas décadas de su carrera formó parte de series como Ugly Betty, Outsourced, Black-ish, Brooklyn Nine-Nine y Superstore.
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