Tati Luna

“Tati” Luna, de Gran Hermano: cómo una depresión la llevó a seguir su sueño y anotarse en el reality

Nacida en Uruguay, la última eliminada confiesa qué fue lo que la llevó a meterse dentro de la “casa más famosa”

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Tatiana Luna, conocida dentro de Gran Hermano: Generación Dorada como “Tati”, ingresó al reality de Telefe a través del repechaje el pasado 20 de mayo. Y aunque fue eliminada y su permanencia en la casa se redujo a unas pocas semanas, en una charla con LA NACION confesó cuáles fueron sus proyectos más importantes antes de su ingreso al show y qué espera de cara a un futuro que anhela en los medios.

-¿Cómo fue tu paso por la casa?

-Fue corto pero muy intenso. En la casa todo se vive al cien. Al no tener otra distracción, la convivencia, las peleas y los vínculos son muy intensos, aunque yo lo viví con mucha alegría. Siento que me divertí muchísimo, que conocí personas que no quiero perder y la pasé increíble. Me quedo con una frase que me dijo Emanuel: “A vos te miro y no caminás, vas saltando a todos lados”.

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-¿A quién percibís como alguien fuerte de la casa?

-A Yanina Zilli la veo fuerte como jugadora. A Emanuel lo veo muy estratega y con posibilidades de ganar, y la ventaja que tiene es que dentro de la casa nadie lo conoce como persona, lo conocen sólo como jugador. A él tenés que acercarte mucho para conocerlo, es alguien que divide mucho el jugador de la persona, y no muchos dentro de la casa logran hacer esa división.

-En esta edición entra y sale mucha gente. Cuando vos entraste, ¿cómo viste a los jugadores que están desde el primer día?

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-Había mucho enojo por parte de algunos con respecto a que entrara y saliera gente. Era algo muy latente dentro de la casa. Yo entiendo que era parte del juego. Eso es parte de que cada uno tenga conciencia del lugar en el que estábamos y adónde nos metimos.

-¿Estás viviendo en Buenos Aires o en tu Uruguay natal?

-Vivo en Montevideo, y venir acá fue un riesgo que tomé. Esto fue una revelación para mi familia porque siempre hice lo que me aconsejaron, y si bien ellos no estaban muy de acuerdo en que hiciera una vida pública, yo dije que es mi momento, que es lo que quiero hacer. Invertí mucho tiempo e ilusión. Mucha inversión en venir a hacer castings, muchas ganas de vivir algo diferente. Y lo viví así, con entusiasmo y expectativa y, a su vez, tenía la contracara de tener a casi toda mi familia en contra, pero hubo un leve apretón de manos y me dijeron: “Dejaste la facultad por esto, hacelo bien”.

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-Pero tu vida pública empezó mucho antes de Gran Hermano, con la coronación como Miss Uruguay...

-Sí, esa vida pública empezó antes pero no se expandió como yo pensaba. El tema es que el mercado televisivo en Uruguay es muy chico y es muy difícil entrar, porque una vez que entra una persona es muy probable que entre toda su familia antes que un desconocido, o peor aún, alguien como yo que no estudió comunicación.

-¿En qué momento te empezó a gustar tener un perfil más público?

-Nunca quise ser Miss ni modelo tampoco. Mi objetivo estaba apuntado a la televisión, sea en un panel, un programa de espectáculos o inclusive en actuación. Sabía que por algún lado tenía que empezar y el primer problema que tuve que encarar fue la falta de autoestima; ese fue el punto de partida. Hice un curso de modelaje pero porque los ítems que formaban parte del programa eran postura y autoestima.

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-¿Y cómo seguiste?

-Después del curso, del que salí medianamente preparada, trabajé en varios proyectos sociales para ayudar, me comprometí bastante. En ese momento estaba en muchas cosas, como en política y en proyectos sociales con la facultad. Entonces pensé que era el momento de Miss Mundo porque estaban con el slogan de “belleza con propósito”, y no sé si yo tenía belleza pero propósitos tenía bastantes. Me metí en eso y terminé ganando, entonces no era el fin pero una vez que estaba ahí, vi que era mi oportunidad para mostrar mis proyectos sociales y también para llegar a televisión. Me hicieron un par de notas en Uruguay, aunque medianamente pocas para una Miss Universo.

-¿Cuáles fueron esos proyectos sociales?

-Estuve participando en un proyecto de ley para prevención del suicidio. Es un tema sensible porque ocurre mucho en Uruguay. Bueno, a lo largo de toda Latinoamérica, pero en Uruguay es alarmante, porque hay muchos episodios teniendo en cuenta que solo somos tres millones de habitantes. Eso lo hice con jóvenes de distintos partidos. Después inicié mi proyecto “Impacto educación” que llevé a Miss Mundo, lo presenté en India y lo dejé medianamente funcionando en el Fuerte Rojo, en Nueva Delhi.

-¿De qué se trata?

-El proyecto “Impacto educación” se trata de leer cuentos que dejen de fondo un valor como amistad, lealtad, honestidad, respeto, tolerancia. Son cuentos muy didácticos. No digo que mágicamente tengamos una sociedad mejor leyendo un cuento por día, pero es algo que colabora a largo plazo. Esa fue una crítica que tuve en Miss Mundo, que es un proyecto muy a largo plazo, por eso no ganó.

-¿Seguís pensando en la tele como un lugar al que llegar, o contemplás profundizar el trabajo social?

-Soy muy apasionada en todo lo que hago. Creo que todo lo que pase por mis manos lo voy a hacer con toda la responsabilidad y la pasión. Uno no es bueno por ser inteligente, sino que es una cuestión de disciplina. Y siento que esa disciplina la tengo en todo lo que hago, y eso hace que sea buena. Pero siento que si tengo que elegir algo a lo que me quiero dedicar, sé que son los medios, la televisión. Aunque tengo un plan B y un plan C, pero mi plan A es éste. Después es la abogacía o ser una abogada mediática.

-¿Te recibiste de abogada? ¿Qué rama del derecho te gusta?

-No, no estoy recibida. Me gusta el derecho penal... Siempre polémica yo.

-¿Quiénes en tu familia estaban de acuerdo en que ingreses a Gran Hermano y quiénes no?

-Las madres siempre apoyan en todo, mi mamá tiene ese rol. Ella siempre me dijo que era lo mejor para mí, me dio las señales o la hoja de ruta, pero de fondo era un “hacé lo que te haga feliz”. Lo que pasa es que en el medio pasé por una depresión muy fuerte, entonces verme así supongo que le activó a mi mamá en este último año el decirme “prefiero que hagas lo que te hace feliz y no tenerte en casa medicada”. Un poco creo que por eso los dos decidieron apoyarme. Quiero recalcar que no apoyarme en un primer término no era por maldad. Mi papá y mi mamá trabajaron muchísimo siempre, empezaron vendiendo paños de piso puerta por puerta para poder solventar que mi hermana y yo podamos estudiar porque ellos no lo pudieron hacer. Ellos querían que tenga la carrera, que cuente con herramientas, más allá que la ejerza o no, y la verdad es que me hicieron un favor porque hoy cuento con herramientas que me ayudan un montón.

-¿Cómo fue tu cuadro de depresión y cómo lograste salir adelante?

-Iba a una universidad privada del Opus Dei. Entré con un perfil muy bajo, con muchos problemas de autoestima, y de sufrir mucho bullying en la escuela que no había superado. Yo era muy introvertida, muy tímida. También perdí exámenes porque eran orales obligatorios, y yo no tenía buena oratoria ni seguridad. Prefería ir y decir que no había estudiado. Por eso después hago lo del curso por el tema de la autoestima. Entonces me cambio de universidad porque me invitaron a retirarme, y ahí ya había empezado con todo lo de Miss Mundo, que no era compatible con la línea conservadora de la universidad. Eso me impactó mucho y terminé cambiándome a una universidad pública, y el expediente del cambio seguía en curso. Así que en un momento mi vida pública estaba a la espera de terminar la carrera para cumplir con la expectativa de mi familia.

-O sea que tu depresión tenía que ver con ese trámite que no concluía...

-Claro, mi depresión venía por ahí, con que yo quería terminar con abogacía para empezar con lo que me gustaba. Todo el tiempo estaba contando los días que faltaban, y no bastaba porque yo todo lo que había cursado en estos dos años que estuve a la espera del expediente, todas las materias que di, estaban en falta porque tenía previas las materias que di en la privada. Estaba atada por todos lados y no podía empezar con lo que me gustaba. Y seguían pasando los años y estaba a la espera de terminar abogacía para empezar comunicación. La cosa es que fue tanta la angustia que un día le pedí a la médica que me diera algo porque hacía dos semanas que no podía dormir. Salí de ese cuadro y creo que por eso mis papás me dijeron: “Hacé lo que te hace feliz, intentalo y si no funciona vamos a estar acá con el negocio familiar, con la carrera pero intentalo”.