Ricardo Fort: el hombre que buscó la fama para no estar solo

Estaba apurado. Quería ser famoso desde siempre y lo había logrado recién a los 40. Ricardo Fort no tenía tiempo de preocuparse por su salud, de hacer reposo, de cumplir tres semanas de antibióticos. No podía parar, porque la fama lo necesitaba entero. Y esa ambición por ser célebre lo llevó muy rápido a la muerte.
Fort vivió encerrado en su propio mundo, reprimido por su familia hasta que pudo ser él mismo. Y como todo lo que tarda en salir, cuando lo hizo explotó sin ningún límite. Apareció sin criterio en todos los programas a donde lo invitaron, trasnochó, cayó rendido a los pies de Marcelo Tinelli, tuvo su propio espectáculo y su propio show. Fort se hizo conocido de golpe, como los chicos que se hacen tremendamente famosos luego de pasar por un reality. No supo manejar la exposición, se enfrentó con todos, enfureció en cámara y provocó sentimientos encontrados. El público no sabía si odiarlo o tenerle pena.
La exhibición descarnada de su vida provocaba morbo. Todos lo vimos caerse, enamorarse, enojarse, enfermarse. Finalmente lo vimos morir.
A Ricardo Fort le hubiera gustado que filmaran su agonía, porque para eso vivió como vivió: para no morir solo.
Debido a la sensibilidad del tema, esta nota ha sido cerrada a comentarios.
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