
"Si soy frívolo, no lo sé"
A boca de jarro: Mario Bunge.
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Sus héroes continúan siendo Newton, Maxwell y Einstein. Pero se aleja del empirismo científico y con la misma devoción habla de Cervantes, Heyse, Dostoievski y Balzac. Porque Mario Bunge, además de ser uno de los epistemólogos más reconocidos del globo, ha sucumbido -al igual que Sabato, del que fue alumno- a la literatura y ha sabido insertarla como pocos en muchos de sus más de 35 libros de diversas disciplinas.
Ateo "por herencia", Bunge, un "liberal de izquierda, de clase media superior, adicto al trabajo", suscitó las primeras controversias con sus críticas al marxismo y al psicoanálisis, al que calificó de "práctica oscurantista". En su juventud, este hombre de casi 80 años fue un fugaz entusiasta de Freud y Marx.
Profesor de filosofía en la Universidad McGill, con su mujer, Marta, vive "en una casa vieja, de principos de siglo, de malos materiales, pero muy amplia y cómoda", en el barrio residencial de Westmount, en Montreal, Canadá. Tiene cuatro hijos (Carlos, físico; Mario, matemático; Eric, arquitecto, y Silvia, que se está doctorando en neurociencia), seis nietos y cuatro bisnietos. Y ante la pregunta de rigor, dice: "Si encontrara un lugar donde ser útil, quizá volvería a Buenos Aires. Pero no estoy seguro".
-¿Qué imagen cree que tienen sus bisnietos de usted?
-No tengo la menor idea, no me conocen demasiado, y sólo dos o tres de mis nietos me conocen más o menos bien. Están todos dispersos entre los Estados Unidos, México y la Argentina. Creo que con los nietos y bisnietos la relación es más tenue que con los hijos, que como de costumbre nos siguen inquietando. Porque los hijos siempre plantean problemas. Como dice un colega de mi mujer: Hijos pequeños, problemas pequeños; hijos grandes, problemas grandes.
-¿Por qué nunca publicó sus novelas o su poesía?
-Me publicaron unos poemas durante la Guerra Civil Española, que escribí siendo adolescente con el seudónimo de Carlos Martel, y que para mi sorpresa incluyeron en una antología que no tengo. Mis dos novelas, junto con un largo dramón en verso, Espartaco y el libro contra el psicoanálisis, se los di a un amigo, el doctor Mathov, cuando temía un allanamiento en mi casa. El también se deshizo de ellos, ¡en buena hora! Deben haber sido bodrios.
-¿Piensa votar en octubre?
-Sí, puede ser. Pero no sé por quién, no sé cuáles son los candidatos ni los partidos que se presentan. Desde aquí, la Argentina no se divisa, a menos que suceda un gran desastre. La última noticia que me llegó salió publicada en The Global Mail, el diario de mayor circulación del país, y hablaba sobre la brutalidad policial en la provincia de Buenos Aires. Mi hijo Mario, que vive allí, no me pone al tanto. Hay gente a la que no le interesa mucho la política. El es uno de ellos.
-Abstemio consecuente, ¿cuáles han sido sus excesos?
-Creo que el único fue fumar hasta los 33 años. Hasta en mis opiniones políticas soy moderado.
-¿Una frivolidad?
-¡Ah, es que odio la frivolidad! De modo que si soy frívolo en algo, no lo sé. Pero puede que lo sea.
-¿Cómo toma las críticas que le hacen?
-Me pueden molestar un poquito, pero en general las ignoro, a menos que sean críticas técnicas que me demuestren que cometí un error. Y jamás contesto ataques personales, que siempre son bajos; contesto sólo argumentos. Que me digan que soy un ignorante es un ataque personal.
-¿Qué es lo que más desearía hacer ahora, para solaz personal?
-Viajar. En el próximo sabático pienso ir a Tailandia y Vietnam, pero como no puedo estar sin trabajar llevaré mi computadora, libros, artículos, y después de recorrer un poco, trabajaré.
-¿Por responsabilidad o pasión?
-Por las dos cosas... Pienso seguir trabajando hasta el último minuto. Para mí, la muerte ideal es ésta: acabo de terminar de dar mis cursos, voy a la universidad a dejarle las notas finales a la secretaria y ahí me caigo. Me molestaría dejar algo incompleto.
-¿Qué cosa material le gustaría poseer?
-Una casa en el Mediterráneo, en la isla griega Korfu. La primera vez que fuimos con mi mujer quedamos hechizados.
-¿Algo que no haya podido concretar en lo personal?
-Aprender a tocar el violín. Lo intenté cuando tenía 15 años y fracasé estrepitosamente. Y lo lamenté porque me gusta mucho la música.
-De psicoanálisis ni hablar...
-No, ésas son cosas del Tercer Mundo.
Principio
"El principio que rige mi vida es simple: Sé feliz y ayuda a ser feliz. Hago siempre todo lo posible por cumplirlo. Me opongo a los que sostienen que el sufrir hace bien. El sufrimiento no hace bien, sino que encanalla. Creo que para vivir armoniosamente es necesario combinar el altruismo con el egoísmo; a eso los católicos lo llaman solidaridad. De ahí que me irrite tanto la consigna de los capitalistas a ultranza, para los que lo único que vale es la competencia."




