El teatro se ocupa de la guerra por las Malvinas

Tres muy buenos trabajos escénicos se ocupan de esta temática, en un mes especial
Carlos Pacheco
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22 de abril de 2015  

Tres producciones inspiradas en la guerra por las Malvinas integran por estos días –en los que acaban de conmemorarse 33 años del conflicto– la cartelera teatral de salas alternativas. Son tres miradas diferentes que hacen hincapié, no ya en la gesta histórica propiamente dicha, sino en el mundo de los soldados que participaron de ella y el de sus familiares. Los títulos de esos espectáculos no hacen alusión directa al tema: 1982 obertura solemne, de Lisandro Fiks; Los hombres vuelven al monte, de Fabián Díaz, e Isla flotante, de Patricio Abadi.

Dos de los creadores eran pequeños en tiempos de la guerra. Fiks tenía diez años; Abadi, apenas uno, y Díaz nació un año después, en 1983, y es hijo de un soldado que regresó a su provincia, Chaco, cuando finalizó la guerra.

Cada uno observa el tema desde diferentes aristas, pero convencidos de que es necesario rescatarlo y de manera muy cuidadosa, con sumo respeto y tratando de provocar en el espectador una reflexión que ayude a comprender algo de nuestra historia como país.

En Isla flotante, Abadi recupera la vida de Ramón, la noche antes a su viaje al Sur. Su madre, una señora ya mayor, decide preparar una cena y, por uno u otro motivo, los invitados no pueden asistir a despedirlo. El padre del joven ha muerto y esa reunión, entre madre e hijo, adquiere un valor especial. Ellos encarnados por Jimena Kroucco, Nicolás Mizrahi y Alicia Palmes.

"El 24 de marzo, en la celebración de la democracia –explica Abadi–, tuve la percepción de que esos años aún son muy recientes. Demasiado cercanos para verlos en perspectiva. Hay una herida abierta. Esos muchachos fueron a combatir, con una dignidad y un coraje superlativos. A mi modo de ver, merecen un enorme respeto de parte de la sociedad. Son los héroes más inmediatos que tenemos. El teatro se arroga ese magnífico derecho a poetizar, de no tener responsabilidad mimética con la realidad. Pero aún así, nosotros fuimos conscientes de que si bien nuestra actividad es la ficción, debíamos ser honestos, afectuosos y comprometidos con el tema."

1982, obertura solemne juega con ciertas contradicciones ideológicas que se produjeron en su momento y que aún se mantienen casi intactas en algunos sectores de nuestra sociedad. La trama gira en torno a un compositor que está creando una sinfonía, homenaje a las Malvinas, emulando la obra que Tchaikovski le dedicó al triunfo ruso sobre el ejército de Napoleón. Su cuñado llega a cenar y hace pasar al taxista que lo trae a la casa, un ex combatiente, que analiza favorablemente la acción del gobierno militar. La novia del músico, una militante de izquierda, se cruzará en una discusión con el hombre, y la noche tendrá un desenlace inesperado.

"El teatro es un reflejo directo de la sociedad –comenta Lisandro Fiks–. Creo que el gran problema es este revoltijo que confunde delincuentes con militares. No es un tema fácil de tratar, teniendo en cuenta que, por un lado, tenemos la tan cercana historia del golpe de Estado de 1976, sangriento y corrupto, que, entre otras atrocidades, utilizó a su gusto e interés la guerra por las Malvinas, y, por otro lado, tenemos a los héroes, los soldados, que fueron para recuperar, nada mas ni nada menos que las islas Malvinas." La pieza continúa en Buenos Aires hasta el 9 de mayo, antes de partir de gira por España y regresar a mediados de junio. "Creo que uno de los motivos de que el tema se trate en tan pocas ocasiones, es la gran dificultad que tenemos como sociedad para separar a la guerra del golpe. Esta mezcla metió a todos en una misma bolsa e hizo que algunos militares y todos los colimbas sufran, durante años, la indiferencia de un país entero, por haber participado de una acción como fue esa guerra durante un ilegal gobierno militar, comandado por delincuentes. Si como sociedad logramos reflexionar sobre esta situación, creo y espero que podamos hablar mucho en forma más fluida y frecuente de las Malvinas", agrega Fiks sobre su obra, que protagoniza junto con Romina Fernandes, Darío Dukah y Christian Álvarez.

Un tema desplazado

El autor y director Fabián Díaz carga en su cuerpo esta dolorosa historia. "Soy hijo de un ex combatiente –dice–, mi papá estuvo en ese suelo helado y estoy convencido de que algo de él quedó allá. Malvinas fue una sombra constante para mí. Insoportable a veces, amarga y silenciosa la mayoría del tiempo."

Quizá por eso en Los hombres vuelven al monte busca reconstruir dos historias: la de un hijo que se instala en un monte buscando a su padre que ha desaparecido y la de un héroe de Malvinas que se convierte en un bandido rural. Un solo personaje va alimentando este mundo doloroso.

Para Díaz, Malvinas es una tragedia deforme y asegura que es la manifestación de un país que estaba completamente agujereado. "Hubo silencio y lo que podía haber: actos conmemorativos, una «Marcha de las Malvinas» que añora «la perdida perla austral». Hubo manuales, clases de historia, periodismo y política en torno a esa guerra. Hubo una mirada entristecida, pobre y esquiva sobre el tema y sobre esos hombres que habían sido fragmentados. El discurso poético tarda en llegar, en configurarse, en desentrañar dramáticamente la problemática de las Malvinas y creo que es así porque fue obturado sistemáticamente, desplazado, olvidado. No era moda, no era rentable, no era europeo, mucho menos glamoroso. Es un tema áspero, capaz de incendiar el cuerpo. Y creo que para meterse en él hay que estar dispuesto a incendiarse uno mismo, hay que poder admitir que no hay en el tema sino un cadáver que cargamos. Malvinas es el último territorio sobre el que el delirio del poder arrojó y torturó cuerpos", reflexiona sobre este unipersonal que encarna Iván Moschner.

En marzo del año pasado, otra pieza rescató la cuestión Malvinas, Ningún cielo más querido, de Carlos Aníbal Balmaceda, que, con la dirección de Rodrigo Cárdenas, se presentó en la sala El Ópalo y que hace un par de semanas se volvió a presentar en el Centro Cultural Haroldo Conti. La trama tiene mucho de delirante: cuatro ingleses y un escocés que viven en las islas están como detenidos en el tiempo. Son marxistas y se vienen juntando, desde 1968, con la intención de hacer una revolución socialista en las islas. La invasión argentina a la región, el 2 de abril de 1982, les resulta el momento ideal para concretar su sueño. Pero un soldado tucumano es quien los enfrentará con la realidad. "Es muy gracioso porque los tipos tienen muy mala información –explicaba entonces Cárdenas a LA NACIÓN–. Piensan que Allende todavía gobierna Chile, que el «Che» anda por Bolivia peleando, que Perón sigue siendo el presidente de la Argentina. Lo que aparece en la obra es ese gran desconcierto que viven estos hombres, pero eso, también, te lleva a recordar la profunda confusión que se vivió en este país cuando se produjo el ataque argentino. Lo voy a expresar en términos medio futboleros: vos no sabías si querías que ganaran los ingleses o los argentinos porque, en verdad, si el triunfo era de este lado, corríamos el riesgo de que la dictadura se perpetuara en el poder."

La guerra por las Malvinas, un tema que parecía no interesar a los creadores teatrales argentinos, salvo algunas excepciones –en 2012 el autor y director Julio Cardozo montó en el Teatro Nacional Cervantes un interesante alegato titulado Islas de la memoria–, se activa con fuerza este año en el que, además, el Instituto Nacional del Teatro acaba de publicar los textos ganadores del Concurso de Dramaturgia que, sobre las Malvinas, realizó en 2012 y que incluye obras de Mariano Saba, Carlos Balmaceda, Fabián Díaz y Andrés Binetti.

Las propuestas en cartel

Los hombres vuelven al monte

En Apacheta, Pasco 623. Viernes, a las 21.30.

1982, obertura solemne

En El Ópalo, Junín 380. Sábados, a las 23 (hasta el 9 de mayo, luego reestrenará a mediados de junio).

Isla flotante

En Onírico, Fitz Roy 1846. Sábados, a las 21.

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