Taller de experimentación

Alejandro Cruz
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22 de mayo de 2003  

Desde principio de mes se está desarrollando en distintos sitios de Buenos Aires la muestra del Taller de Experimentación Escénica, que coordinan el director teatral Rubén Szuchmacher, el artista sonoro Edgardo Rudnitzky y el plástico Jorge Macci, con la asistencia artística de Rita Cosentino. El taller se desarrolló durante dos años y congregó a artistas plásticos, escritores, directores teatrales y músicos reunidos con el fin de crear un espacio de entrecruzamiento con el hecho escénico como eje de reflexión.

La muestra congrega a talentos artistas de diversas disciplinas artísticas y los resultados siempre hay que tomarlos como trabajos en procesos de una elaboración personal y grupal que, es de esperar, maduren en otros trabajos. De todos modos, este cronista presenció ya tres obras en las que, más allá de algunos reparos, asoman puntas interesantes según las premisas de este interesante taller que va por su segunda edición.

Por ejemplo, en el trabajo de Lola Arias, llamado "Estudio sobre la memoria amorosa", en una de las escenas se notaba una interesante articulación de los elementos sonoros, plásticos, de texto y de puesta. En dicha escena, un actor alto, casi desnudo y en actitud de recién despierto se quedaba mirando largamente el interior de una heladera semivacía. Y mientras el teléfono sonaba incesantemente con mensajes de todo tipo, él se quedaba mirando esa nada, eligiendo entre lo poco que quedaba en la heladera. La escena tenía una belleza plástica contundente, y el contrapunto entre la pulsión casi vertiginosa del mundo exterior y el punto muerto del personaje alcanzaba un clima sumamente atractivo.

Otro germen interesante fue el trabajo de "Noche de cataratas", que se presentó en el Instituto Goethe. En esa puesta, el director se valía de dos personajes en escena y otros dos (que eran los mismos personajes/actores) proyectados sobre un telón de fondo. En la mayoría de las veces, la imagen se proyectaba sobre los mismos cuerpos de los dos intérpretes. El efecto de disociación y de yuxtaposición de las imágenes tenía momentos brillantes como para seguir investigando en ese rumbo, para seguir indagando una línea sumamente creativa, de una sugestiva plasticidad aprovechada y potenciada por la trama.

Al principio de su carrera, Pensotti se dedicó al cine (es responsable de los largos "El camino del medio" y "Soñar lobos y jirafas"). Seguramente, esa formación es la que permitió seguir investigando en esa zona de mixtura entre las proyecciones y la actuación en vivo que ya había desarrollado en "Ojos ajenos" o "Los 8 de julio".

En sitios no tradicionales

De los ochos trabajos que se están ofreciendo, Beatriz Catani, que presentó un trabajo en la ciudad de La Plata (que ya fue comentado en la edición del miércoles 7 del actual), y la artista plástica Mónica Van Asperen fueron las únicas que se animaron a usar espacios no tradicionales.

Van Asperen, en un trabajo emparentado con la performance y la instalación, usó el pasaje subterráneo que cruza la avenida 9 de Julio a la altura de la avenida Belgrano. El sitio fue inaugurado hace pocos años y cuenta con una veintena de comercios que, todo indica, nunca fueron abiertos. Actualmente, el pasaje es un lugar casi muerto (por ejemplo, durante la casi hora y media que este cronista estuvo allí lo cruzaron apenas 9 personas). Hasta allí se acercaban dos supuestos funcionarios del Gobierno de la Ciudad para inaugurar el pasaje que, según las palabras del funcionario, se convertiría en un icono porteño. Sus dichos sonaban similares a cuando el ex presidente Carlos Menem habló de una nave espacial que llegaba a la estratosfera...

Junto a los funcionarios, Van Asperen rodeó a los personajes con la fauna de siempre para los eventos de ese tipo: periodistas, agentes de seguridad, camarógrafos, técnicos que hasta último momento están trabajando y demás yerbas. La efectiva performance tuvo mucho de trabajo político, de cómo la simple reproducción de un discurso pronunciado en otro contexto se transforma en un hecho de denuncia de determinadas mentiras.

El espectador que busque en esta muestra una obra terminada (criterio siempre discutible), se habrá equivocado. Pero para aquel que le inquiete ver chispazos creativos, que le guste apreciar el germen latente de un proceso, los trabajos de este taller de la Fundación Antorchas se convierten en una rica experiencia para seguir aprovechando.

Para agendar

  • El beso, de Nuschi Muntaabski.

    Instituto Goethe. Corrientes 319. Funciones: lunes, martes y miércoles próximos. A las 20.
  • En casa, de Luciano Suardi.

    Centro de Experimentación del Teatro Colón . Toscanini 1168. Funciones: miércoles, jueves, viernes y sábado próximos. A las 20.30
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