
Con un destino de tragicomedia
Hoy se presentará "Narcisa Garay, mujer para llorar", de Juan Carlos Ghiano
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Poeta, narrador, crítico y ensayista, Juan Carlos Ghiano (1920-1990) se vio tentado de incursionar en la escritura dramática y lo hizo con "La puerta del río" (1951) y más tarde escribió "La casa de los Montoya" (1953). Sin embargo, fue con "Narcisa Garay, mujer para llorar", estrenada en 1959, con la que Ghiano impone su nombre en la escena nacional de manera rotunda y definitiva.
Roberto Castro propone una nueva versión, que se estrenará hoy en el Teatro de la Ribera, interpretada por Marita Ballesteros, Horacio Roca, Ana María Casó y elenco.
La producción posterior de Ghiano incluye títulos como "La Moreira" (1962), "Testigos" (1967), "Corazón de tango" (1968), "La gula" (1970), "Antiyer" (1972), y otras piezas que integran los volúmenes "Ceremonias en soledad" y "Actos del miedo".
Ghiano admiraba profundamente las creaciones esperpénticas del español Ramón del Valle Inclán, sólo que su original y reelaborado "esperpento" surge de la revisión de dos tradiciones dramáticas locales: la del sainete y la del grotesco.
"Si he reiterado la tragicomedia es porque creo que resulta la forma más adecuada para los hábitos mentales argentinos: ni decididamente trágicos ni abiertamente cómicos", afirmaba con convicción este autor entrerriano, nacido en Nogoyá.
Sus personajes, según el historiador de teatro argentino Luis Ordaz, "son destinos desdibujados e inciertos que quedan en pie personificados por máscaras típicas del sainete, del grotesco y del tango porteños. Desdibujados e inciertos porque parten de la fantasía para sobrevivir (un surrealismo con raíces hundidas en lo cotidiano); individuos desamparados y en cierta medida candorosos, tal cual lo son la Narcisa Garay, que se "sueña" novela, y la Anatolia ("Corazón de tango"), que se siente la novia verdadera y única de Gardel".
Los personajes de Ghiano equilibran sus fracasos y frustraciones con la nostalgia de una felicidad de la que, en resumidas cuentas, nunca han gozado. El autoengaño los consuela y los ayuda a vivir. El lenguaje con el que se expresan, según el autor, "se eleva poéticamente o se aproxima al sentimiento cursi del radioteatro o se elabora con expresiones callejeras".
Particularmente, sobre "Narcisa Garay", Ghiano reconoce que lo primero que concibió fue el destino de la protagonista, "esa suerte de Madame Bovary de inquilinato suburbano que se siente movida por sus aficiones tangueras, por su fe en la magia negra y por los folletines radiales, destino que enmarca la soledad física de la mujer y la opresión de un ambiente en el que apenas existe la intimidad. Prevista así la trayectoria de tal vida, encontré que los elementos clásicos del sainete vistos al revés podían servirme para la encarnación de ese destino y el de los otros seres que acompañan, rechazan o empujan a Narcisa."
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