
Delmira Agustini, vida de poeta

No daré hijos, daré versos / Dramaturgia: Marianella Morena / Dirección: Francisco Lumerman / Intérpretes: Jorge Castaño, Diego Faturos, Malena Figó, Iride Mockert, Germán Rodríguez, Rosario Varela / Composición musical y música en vivo: Agustín Lumerman / Escenografía y vestuario: Macarena Hermida / Luces: Ricardo Sica / Producción ejecutiva: Zoilo Garcés / Asistencia de dirección: Ignacio Gracia / Sala: Timbre 4, México 3554 / Funciones: lunes, a las 21 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: muy buena
Como si entráramos en un juego de mamushkas, No daré hijos, daré versos nos propone un desafío. Inscripta dentro del Festival Internacional de Dramaturgia Europa + América –festival que tiene como eje hacer ingresar dramaturgias extranjeras a nuestro teatro, ya que once obras de distintos lugares del mundo son montadas por once directores locales– viajamos unos kilómetros, en este caso a Uruguay, y nos metemos de lleno en la dramaturgia de Marianella Morena, que, a su vez, se inspira en la vida y obra de la poeta uruguaya Delmira Agustini, quien fue asesinada en 1914 por su ex marido, Enrique Reyes. Francisco Lumerman asumió la tamaña tarea de apropiarse de ese texto y llevarlo a su teatralidad. El resultado es rico y, además de dar cuenta de la universalidad del teatro, nos revela a un director que tiene resto.
La obra es bella pero dura. Una historia que tiene más de cien años se vive con una actualidad que preocupa. Delmira Agustini es asesinada por quien fue su marido, convertido en amante. Marianella Morena decide hacer de este hecho trágico un pretexto para sumergirse en su obra; una obra que al menos aquí ha sido poco transitada. Morena se vale de canciones y poemas para crear una pieza con muchísimos pliegues que se irán abriendo durante su transcurso.
Lumerman no se queda sólo ahí; logra, con una puesta muy interesante y con muchas capas de sentidos, trascender el hecho de violencia de género y llevarlo a un despliegue teatral desgarrador que lo amplifica y lo ensancha. La pieza está dividida en tres actos. En el primero, tres actrices, una mejor que la otra –Malena Figó, Iride Mockert y Rosario Varela– se presentan como tres Delmiras, recurso que deja en la superficie que Delmira representa a muchas mujeres, pero además vuelve extraña la trama para poder verla desde distintas perspectivas. Tres actores impecables, a su vez –Diego Faturos, Germán Rodríguez y Jorge Castaño–, dan cuerpo a tres Reyes. La violencia se desata. Pero con la violencia llega también la poesía, para calmar tanto dolor. Y entonces comenzamos a conocer a Delmira. Entre acto y acto, transiciones cantadas o recitadas le dan espesor a la obra. El segundo acto la muestra a Delmira con los suyos: incomprendida en medio de una familia conservadora que pretende un modelo de mujer muy lejano al de esta interesante poeta. Como si buscara cierta redención, la obra que en principio se presenta desenfrenada y violenta va creciendo en realismo, procurando poner orden en la vida de esta artista, y llega al final con una suerte de remate de lo que se llamó el "lote Delmira", unos cuantos objetos personales y el arma asesina. Elementos que nos acercan aún más a la poeta.
El día lunes le permite a Lumerman armar el equipo de los sueños y estos seis actores –que están en valiosas obras de la cartelera– se unen en este desafío que, seguro, los implicó desde muchos lados creativos. Se nota. A ellos se les suma un pianista que acompaña toda la pieza, da matices, y, junto con las tres actrices cantantes, suma música. Un elemento más que se despliega de manera acertada.


