Dispar elenco para un Goldoni
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Arlequín, servidor de dos patrones, de Carlo Goldoni. Traducción: Miguel Abeledo. Versión: Miguel Abeledo y Alicia Zanca. Intérpretes: Alejandra Perlusky, Marcelo Savignone. Marcelo Xicart. Mariano Torre, Luisana Lopilato, Hernán Peña, Daniel Casablanca, Eugenia Tobal, Federico Howard, Leandro Aita, Maxi Ghione, Mariano Garzón, Juan Garzón y Rosina Fraschina. Músicos: Federico Llach, Lucas Ferrara, Sergio Wagner. Entrenamiento y diseño acrobático: Hernán Peña. Entrenamiento en Commedia dell Arte: Marcelo Savignone. Música original y dirección musical: Ernesto Jodos. Iluminación: Gonzalo Córdova. Vestuario: Marianela Gómez. Escenografía: Gonzalo Córdova, Marianela Gómez. Asistencia de dirección: Mónica López Muños. Dirección: Alicia Zanca. En el Teatro de la Ribera. Jueves a sábados, a las 20. Domingos, a las 12.30. Duración: 120 minutos.
Nuestra opinión: bueno
Ingresar en el mundo del italiano Carlo Goldoni no es moneda corriente y mucho menos lo es descubrir y transitar con calidad los valores de la Commedia dell Arte, en la que asienta su producción. Ese mundo tan especial le posibilitará al actor descubrir a fondo los valores del juego, el ritmo y todo un entramado de esquemas corporales y gestuales que resultan un desafío intenso y, cuyos buenos resultados, pueden deparar la movilización de una platea hasta desconcertada por los enredos de la historia que se narra.
Arlequín es un hombre que sirve a dos patrones al mismo tiempo y en esos actos ingresa en unos marcos de confusión muy significativos, tantos que deberá enfrentar muchos problemas de los que saldrá airoso gracias a su astucia. Entre tanto, Goldoni mostrará aspectos de una clase social (la de los patrones) en la que asomarán valores tan dispares como miserias, traiciones, venganzas y hasta el amor, que llegará para calmar las agitadas aguas.
En la versión que Alicia Zanca acaba de estrenar en el Teatro de la Ribera, la Commedia dell Arte se combina con fragmentos de algunos géneros muy populares en la Argentina como el circo y el melodrama en una mixtura que, a veces, promueve buenas síntesis y otras queda a mitad de camino. La intención no es mala. Este país no posee tradición en Commedia dell Arte y el elenco de esta producción, además, es heterogéneo en cuanto a sus formaciones y desarrollos profesionales.
Heterogeneidad
Como en experiencias anteriores - Sueño de una noche de verano y Romeo y Julieta - la directora cruza intérpretes que provienen exclusivamente del teatro, con otros muy ligados a la televisión. Son los primeros los más adecuados para esta propuesta porque precisamente están formados en un teatro que hace del juego un valor de suma importancia, como Daniel Casablanca, Marcelo Xicarts y Marcelo Savignone, entre los más destacados.
En contraposición, a Eugenia Tobal, Maxi Ghione, Luisana Lopilato y Mariano Torre su fuerte experiencia televisiva los condiciona bastante. Es muy notorio en algunas de sus entradas a escena: lo hacen con una pirueta acrobática pero, cuando se plantan sobre el escenario, cortan el impuso que los condujo, se acomodan para decir el texto y sus cuerpos se expresan de la cintura para arriba.
Los trabajos de Daniel Casablanca (Arlequino) y Marcelo Savignone (Pantalón) resultan de una notable profundidad. Sus cuerpos están integralmente al servicio de esos personajes en los que descubren hasta los mínimos detalles y los desarrollan con creatividad.
En la misma línea se expresan Marcelo Xicarts (Doctor Lombardi), Alejandra Perlusky (Esmeraldina) y Hernán Peña (Brighella). Asimismo, son resultan muy efectivos los servidores Federico Howard y Leandro Aita.
El vestuario de Marianela Gómez y la iluminación de Gonzalo Córdova aportan un atractivo especial a esta propuesta que aún con los reparos expuestos tiene, en general, vitalidad.
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