Dos obras, dos puntos de vista: una separación contada a través de canciones, humor ácido y un actor que apuesta por la proeza
Con gran histrionismo, Francisco Pesqueira protagoniza dos unipersonales muy originales, que dialogan entre sí y se nutren de boleros y baladas pop de los 90
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Autor y director: Emiliano Samar. Elenco: Francisco Pesqueira y los músicos Pepo Lapouble y Federico Razetti. Sala: Patio de Actores (Lerma 568). Luces: Malena Miramontes Boim. Escenografía: Analía Schiavino. Vestuario: Sandra Ligabue. Funciones: domingos, a las 15:30 (Juan, estoy en la puerta, bajá) y domingos a las 18 (Víctor, vení a buscar los discos). Duración: 90 minutos. Nuestra opinión: Muy buenos.
A lo largo de la historia del music hall argentino ha habido varios ejemplos del género sobre el amor y el desamor, pero siempre desde el punto de vista heterosexual. Ahora, se acaban de estrenar dos títulos que se centran en las vicisitudes románticas del mundo homosexual. Victor, vení a buscar los discos y Juan, estoy en la puerta, bajá dialogan entre sí y son frutos del mismo equipo creativo: del director Emiliano Samar y del actor Francisco Pesqueira, co-autores además de los textos y pareja en la vida real.
Se trata de dos unipersonales musicales en los que se narra la historia de una separación (y de la relación amorosa previa) según la visión de cada uno de los integrantes de la pareja. Victor, vení a buscar los discos se centra en los avatares del “dejado”, del que sufre, del que no la vio venir. Juan, estoy en la puerta, bajá, en cambio, se ocupa “del que abandona” y rehace sin culpa su vida con un hombre más joven.

En el primero de los espectáculos abundan los temas que se nutren del sufrimiento. Todos boleros, claro; como “Regresa” (de Lucha Reyes) “Ya no estás más a mi lado, corazón” (de Nucho Leal), “He perdido contigo” (de Luis Cárdenas), “Noche de ronda” (de Agustín Lara), “Sabor a nada” (de Ramón Ortega y Dino Ramos) y “Algo contigo” (de Chico Novarro). Diecisiete en total. En el segundo, los temas son más románticos y esperanzadores, todas baladas pop de los ´90 (acorde con la edad de los protagonistas, que rondan los 50); aquellos éxitos de Chayanne, Ricky Martin, Laura Pausini, Thalia, Marcela Morelo, Diego Torres, Paulina Rubio, Ricardo Montaner, Cristian Castro y Rosana. Aquí la playlist es más extensa (28 canciones), pero las canciones están condensadas.
Digamos que el repertorio de cada propuesta funciona como una analogía perfecta de los dos puntos de vista. Mientras que uno apela a la intensidad dramática de las canciones de despecho, el otro opta por la autojustificación y el regodeo amoroso de las baladas sentimentales. De esta manera, el repertorio de cada opus no se restringe al acompañamiento musical de cada argumento, sino que se erige en el lenguaje que define el alma y el modus operandi de cada personaje.
Ambas piezas combinan humor ácido, ingenio y sensibilidad. En una “el abandonado” conmina a su ex a que regrese a retirar los vinilos que se olvidó en la mudanza (y, de alguna manera, a que explique lo inentendible del abandono). En otra “el abandonador” (arrepentido tras sufrir la diferencia generacional que lo separa de su joven novio), clama por poder regresar como si nada a su antiguo nido de amor.
Francisco Pesqueira es el protagonista (casi) absoluto de estos monodramas. A cada uno de ellos le imprime todo el histrionismo que lo caracteriza, rayano en la vehemencia. Y logra la proeza de cantar a viva voz el exigente repertorio de cada espectáculo sin la ayuda de un micrófono inalámbrico (como es lo usual). Como muy pocos intérpretes del género, sabe cómo pasar de la emoción más profunda al gag más disparatado y provocar el mismo efecto profundo en el público (que a esta altura lo idolatra y lo acompaña en todos sus estrenos). Junto a él se destacan en escena los músicos Pepo Lapouble y Federico Razetti, quienes no solo lo acompañan brillantemente, sino que se atreven a actuar y participan de varios pasos de comedia graciosísimos.
Ambos espectáculos son válidos de ver juntos (el mismo día) o por separado. Cada uno tiene su valor propio y no depende del otro. Pero solo asistiendo a los dos se logrará tener una idea acabada (¿y objetiva?) del por qué de la ruptura, ya que ¿es posible conocer la verdad completa escuchando solo una voz? Aunque Juan y Victor hayan compartido una misma historia de amor y vivido juntos durante 25 años, no atesoran los mismos recuerdos ni procesan el dolor de la misma manera. Entre ellos parece haberse instalado un abismo que pareciera no tener fin. ¿O sí? ¿Acaso, después de todo, podrían recobrar la confianza y volver a apostar al amor? Ese es uno de los tantos interrogantes que produce el díptico de Samar/Pesqueira, tanto en el público gay como en el straight.
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