
El Maipo festejará sus cien años
La catedral de la revista porteña, en medio de reformas y muchos proyectos
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El próximo 7 de mayo, el teatro Maipo cumplirá 100 años, y no sólo la sala presentará cambios importantes, sino que además un espectáculo creado por Claudio Segovia buscará posibilitar a los espectadores ingresar en ese mundo glamoroso que siempre caracterizó a este espacio, durante años uno de los bastiones fundamentales de la revista.
Lino Patalano, dueño de la sala junto a Julio Bocca y también director artístico, no para de programar actividades para celebrar el centenario del Maipo. “Mamá cumple cien años –dice– (no nos olvidemos de que está considerado «La catedral de la revista porteña») y, como bien aclara Mirtha Legrand, en realidad quien cumple tantos años es la casa, porque en 1908 se llamaba Scala, en 1922 pasó a denominarse Esmeralda y luego adoptó el nombre actual.”
“Salgo de una y me meto en otra.” Así empieza la entrevista con LA NACION el productor. Y agrega: “Y en 50 días reconstruí el teatro”. Vamos por partes: salir de una significa que mientras producía la despedida de Julio Bocca en la avenida 9 de Julio y terminaba con la expo Les Luthiers y el recital de los creadores al aire libre, seguía de cerca las múltiples refacciones del edificio, que son muchas: cambios en la fachada y en la marquesina, ampliación de los camarines, cambios de alfombras, butacas y hasta gracias a que se modificó la ubicación de la consola de luces se ganó espacio para que más espectadores ingresen en la sala. El lugar en el que antes se ubicaba de pie la clac estaba ocupado por la consola; al bajarla, allí habrá ahora un pullman. La instalación eléctrica ha sido removida totalmente y se ha adecuado, también, el sistema de aire acondicionado. A la araña central, denominada Las Nélidas en homenaje a Nélida Roca y Nélida Lobato, se agregan ahora cuatro más cuyos nombres son: Niní (por Niní Marshall), Tita (por Tita Merello), Sofía (por Sofía Bozán) y Lola (en honor a Lola Membrives, quien estrenó en el Maipo Bodas de sangre).
“Acá me siento como en mi casa –cuenta feliz Lino Patalano–, y a tu casa siempre tratás de cuidarla lo mejor posible. Y en eso estoy. El único sponsor del Maipo es el público, porque todo esto se ha hecho con las entradas que pagan los espectadores. Y eso es muy importante. Y para uno, que es inmigrante, porque a mí me trajeron de Italia a los 5 años, ver que su familia se haya consolidado acá, que haya crecido y haya sido feliz, es maravilloso. Y encima tengo uno de los pocos teatros que quedan en pie en Buenos Aires. No soy un hombre de dinero ni tuve herencias, todo lo pagué con mi laburo. Mi pasión es trabajar y amo lo que hago.”
Patalano llegó al Maipo en 1994. La sala estaba cerrada y sin programación. Su proyecto era presentar allí Gambas gauchas, el espectáculo del grupo Gambas al Ajillo. El entonces empresario del Maipo, Amadori hijo, le propuso: “¿Por qué no te quedás con el teatro?”. La anécdota la sigue el protagonista; de su boca suena más jugosa: “Le dije que ni loco me hacía cargo, si yo producía en el Luna Park, en el Regina, en el Lola Membrives. Cuando salí, el remís que me había llevado me esperaba en la puerta del Odeón, al que estaban por tirar abajo. Se me estrujó el corazón y dije: a ver si se cae otro teatro. Lo llamé a Julio (Bocca), le conté lo que me pasaba y me dijo: «Metete, yo te acompaño». Y así empezó la historia”.
Los miedos no fueron pocos, pero Patalano tenía un sueño: tener un teatro propio, algo que había intentado con poca suerte en otra oportunidad. “En los años 80 me metí con un socio en el Bambalinas, de la calle Chacabuco, y perdí todo, quedé en la calle mal. Entonces dije: «Nunca más un teatro». Ya había hecho Gasalla, Perciavalle, Piazzolla... Me sumergí en un vaho de alcohol que no duró más de dos meses. Y volví a mi casa, el Regina. Me ayudó María Luz Regaz. Hicimos Piazzolla-Goyeneche, después la reposición de El inglés, con Pepe Soriano y el Cuarteto Zupay, y ahí arranqué de nuevo.”
–La vida y el teatro te enseñaron algunas cosas…
–Antes tiraba la plata. A veces pienso que si hubiera comprado alguna de las propiedades hubiera vivido distinto. Pero éramos gitanos. Todo lo que se ganaba se perdía. Ahora, todo lo que se gana se invierte. Es una gran diferencia y es gratificante. Porque pensá en pedir una hipoteca o un préstamo bancario para abrir un teatro o una escuela. La ley dice que donde hay un teatro hay que construir un teatro. ¿Qué banco va a querer quedarse con un teatro si no pagás el crédito o la hipoteca?






