El regreso de Carlos Perciavalle al concert
"Revivamos el concert". Con: Carlos Perciavalle, Gustavo Moro, Fátima Florez, Rodrigo Cristófaro, Ariel Pastocchi, Agustín González Maccagno y Oscar Lajad. Coreografía y dirección general: Alejandro Zucchi. Diseño de tap: Rodrigo Cristófaro. Musicales de Gustavo Moro y Sergio Márquez. Vestuario: Piñero-Casalnovo y José Luis Ferrando. Sonido y luces: Brian Liberti. Producción ejecutiva: Claudio Aval. Producción general: Cristofani Group y B&Z. En el Concert, Corrientes 1218.
Por lo general, entre los historiadores teatrales se establece que "Help, Valentino!", estrenada en febrero de 1966 en La Recova, marcó el comienzo del género llamado café concert (denominación adoptada por el espacio físico en el que se desarrollaba). En ese exitoso espectáculo de jóvenes irreverentes trabajaban Blay, Edda Díaz, Antonio Gasalla y Carlos Perciavalle, donde la parodia se mezclaba con canciones, chistes y monólogos ácidos. En estos tiempos en que renacieron el varieté y la comedia musical, el café concert también parece querer asomar. Y en manos de uno de quienes lo forjaron: Carlos Perciavalle.
"Revivamos el concert" es una mezcla de tributos. Por un lado, se pretende revivir el género y, por otro, es una suerte de bienvenida al hijo pródigo: Perciavalle, casi siempre inmerso entre géneros hermanos como el music-hall, la revista o el musical. En sus tres largos monólogos, el cómico hace muchas alusiones a sí mismo, a su alejamiento y a su regreso. Asimismo, con mucho humor, se ríe consigo, en una constante burla a su edad.
Perciavalle tiene un sello propio que sabe cómo maniobrar y el público lo agradece. A sus clásicos puntos fuertes como la charla telefónica, las imitaciones (en este caso: Camilla Parker-Bowles) y los monólogos, les agregó chistes y canciones, como una de corte autobiográfico (escrita por China Zorrilla), y dos temas de María Elena Walsh. Es en el relato donde Perciavalle más se luce. Sus anécdotas y visiones sobre la realidad tienen chispa y son dichas en forma ingeniosa.
En este caso está secundado por un transformista de lujo: Gustavo Moro, un bailarín de primera línea que se revela aquí como un buen imitador. Su composición de Moria Casán es desopilante.
Por su parte, Fátima Florez tiene pasta de vedette, no sólo por su figura escultural, sino también por sus habilidades para la danza. Entretanto, los bailarines cumplen una buena labor, sobre todo en los pasos de tap que diseñó Rodrigo Cristófaro. Dan ganas de más. Lástima que no se escuchen las chapitas por falta de un buen sonido. El vestuario tiene el brillo necesario, pero no así la escenografía.
- 1
2En fotos: del homenaje a Charlize Theron al glamour de Ana de Armas, Demi Moore y Kate Hudson en una exclusiva gala
3Es hermano de un famoso actor, se recibió de maestro jardinero y trabaja en teatro con Adriana Brodsky: “Un disfrute”
4Luciana Rubinska y su historia de amor con un hombre 13 años menor que ella: “Me lo cruzaba en los pasillos”


