
Encuentro con otro texto de Pavlovsky
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"Largo encuentro" , de Eduardo Pavlovsky. Intérpretes: Jimena Anganuzzi, Marcelo D Andrea, Susy Evans, Daniel Genoud. Escenografía: Agustín Garbellotto. Asistencia de escenografía: Héctor Bordón. Diseño de luces: Alejandro Le Roux. Vestuario: María Claudia Curetti. Asistencia artística: Eduardo Misch. Dirección: Elvira Onetto. En El Camarín de las Musas.
Nuestra opinión: bueno
El nuevo texto escénico de Eduardo Pavlovsky puede resultar toda una revelación. El material se aleja de las conocidas piezas del creador, sobre todo en sus temáticas, y asoma una lograda intención. Pavlovsky ahora repara de una manera especial en las palabras. Después de "La muerte de Marguerite Duras" y "Variaciones Meyerhold" asoma una síntesis que resulta muy atractiva.
El cuerpo ya no es el que determina un relato, no se impone y expresa, sino que al revés: las que lo citan, lo descubren, lo valorizan o lo desestiman son las palabras. En la versión leída por este cronista al título "Largo encuentro" se agrega "Boceto tolstoiano para romper" (eso no figura en el programa de la función) y, dentro del texto, los personajes hacen alusión a Harold Pinter y, en el final, a Kafka.
El cruce, sin duda, es muy atractivo y provocador de un intenso análisis (imposible en estas páginas), pero esas referencias no pueden desestimarse porque valores de unos y otros están presentes todo el tiempo, desde la mera reflexión que propone la obra hasta la forma de estructurar los diálogos.
Pasos de dos
Dos parejas son las protagonistas de "Largo encuentro", Geraldine y Gerardo y Susy e Ignacio. El espacio en el que se cruzan es muy indefinido, aunque sus ventanas, sillas y mesa nos aproximen a una sala de espera, por ejemplo. Pero si eso puede aportar una idea al comienzo, con la llegada de los personajes todo comienza a convertirse en una incógnita. Gerardo y Geraldine tienen diálogos potentes; sus personajes son de una fuerte definición; sus personalidades, intensas, y sus actos, reveladores de conductas apasionadas.
Susy e Ignacio, por momentos, resultan espectadores de la historia de los otros dos. Pero en otros, son unos pequeños protagonistas que, por sus reflexiones, posibilitan completar un mundo de seres fragmentados, que buscan descubrir en otras historias, en otros personajes y, fundamentalmente, en el teatro, algo que les posibilite reconocerse y hasta comprenderse.
La dirección de Elvira Oneto es muy precisa cuando conduce a Geraldine (Jimena Anganuzzi) y a Gerardo (Marcelo D Andrea). La relación entre ambos es de una fuerte intensidad y sumamente develadora de sus mundos interiores. No sucede lo mismo en el juego entre Susy (Susy Evans) e Ignacio (Daniel Genoud). A ellos se los ve indefinidos y cargando una pasividad que perjudica el ritmo de la representación.
La escenografía de Agustín Garbelloto se impone con fuerte presencia cuando los personajes la habitan. Pero una pequeña maqueta que reproduce el espacio vacío al frente, y en el suelo, distrae la atención del espectador, quien seguro prefiere concentrarse en las relaciones que están en juego en la escena antes que escaparse por esa imagen.






