
La risa y el llanto según Edward Albee
Jorge Marrale y Norma Aleandro son protagonistas de "El juego del bebé"
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Una nueva pieza del norteamericano Edward Albee, "El juego del bebé" (1998), se dará a conocer hoy en el teatro Maipo. El espectáculo será interpretado por Norma Aleandro, Jorge Marrale, Verónica Pelaccini y Claudio Tolcachir, y la dirección es responsabilidad de Roberto Villanueva.
El texto, más que contar una historia, muestra las conductas de unos seres muy contemporáneos. Dos parejas, Ella y El y Chica y Chico, se exponen en escena en un nivel de despojamiento singular. Los primeros traen a cuenta sus experiencias pasadas, sus frustraciones, sus éxitos; en tanto que los otros hacen del presente su única realidad. Allí crecen y, a la vez, intentan clarificar y consolidar los comportamientos con los que seguirán viviendo. En un espacio neutral, el autor muestra, simplemente, a esos seres y propone al espectador una profunda reflexión sobre la condición humana.
Tanto Aleandro como Marrale definen a sus personajes -Ella y El- como "chamanes", conductores de un rito iniciático que guiará a esos jóvenes por el camino de una pregunta sin dudas particular: ¿quién puede, a ciencia cierta, establecer hacia dónde va la vida? Muchos interrogantes y muchas respuestas son las que propone Albee en este trabajo. Confirmarlas, negarlas, cuestionarlas, discutirlas será la tarea final que el público deberá asumir.
"Es difícil hablar de este texto porque tiene muchísimas lecturas. Es muy movilizador -explica Norma Aleandro-. Albee tiene algo muy particular, pocas veces lo he visto en dramaturgia: concibe una comedia que llega a un punto de ferocidad tal que de pronto toca cosas trágicas. Por otro lado, podría decir que es una representación dentro de otra. En ella es muy clara la relación de los chicos. Son una pareja. Pero nunca se sabe muy bien qué somos nosotros."
La actriz comenta que son como presentadores, especies de chamanes que van armando un ritual nada solemne, "más bien tirando al music hall y por momentos un music hall muy barato, pero en el que asoman reflexiones muy profundas sobre la vida".
Entre las diversas interpretaciones que permite la obra se podría hablar de que ellos desarrollan un rito de iniciación, de pase de la adolescencia -llena de ilusiones, de una vida sin dolores- al ser adulto.
"En verdad no creo que Edward Albee quiera dejar algo establecido -opina Aleandro-; más bien busca movilizar, no sólo los sentimientos, sino ciertas imágenes que tenemos, tal vez demasiado estereotipadas, de lo que es el amor, la vida, los hijos, los padres, los seres que a uno lo acompañan en la vida. Hace como una especie de quiebre ahí, y te va ayudando a abrir la cabeza, sin olvidar la risa y el horror."
-¿Por qué el horror?
-Vamos haciendo cosas que por momentos son muy angustiantes para el otro, pero no para nosotros. Hacemos cosas para cambiarles la vida, los aterramos. No hay sadismo en el autor, te muestra el horror pero todo el tiempo hace como un llamado y te dice: esto es una representación, somos actores...
Jorge Marrale, quien se muestra también muy interesado en este material, al que define como "inquietante y original", dice que nunca antes había tenido la posibilidad de realizar un trabajo en el que se vinculara con el público por medio de un relato. "Norma y yo -dice- tenemos dos personajes que le hablan al espectador permanentemente. No sólo para informarle algo, sino para inquietarlo con preguntas vinculadas con el tiempo, la realidad, las fantasías. Hasta planteamos nuevos espacios, como un juego con la ceguera, la memoria, las equivocaciones, y siempre de una manera muy lúdica."
El actor también se refiere a ciertos aspectos feroces que expone el texto. Norma Aleandro los ligaba al horror, pero Marrale insiste en que se trata de una obra que habla del dolor. "El hombre viene a decirles a esos chicos: si no tenés un corazón roto, si no tenés un corazón herido, cómo sabés que estás vivo, cómo sabés quién sos, quién fuiste, quién vas a ser. Para mí, ésa sería la síntesis, pero sólo es como la puntita de un iceberg."
Los personajes
Recrear a estos personajes supone un reto para cualquier intérprete. En verdad, el reto consiste en mostrarlos, porque no poseen unas conductas que progresen al cabo de la pieza. Y, como dice Norma Aleandro, mienten todo el tiempo. "Ellos han preparado, han orquestado, algo que tienen que llevar a cabo. El que lleva la batuta es el hombre. Y ella viene a ayudarlo, a asistirlo y son muy histriónicos. Ella es como la asistente del mago de un circo, la enfermera del doctor, la señora del señor." A la vez que lo ayuda, Ella también lo hace reflexionar, en algunos momentos, para que él no se separe de ciertos acuerdos establecidos.
En varios pasajes asoman unas disgresiones muy fuertes que despistan al espectador, pero que en el momento menos pensado serán utilizadas para conducir a los chicos. "Son personajes que no tienen un alma humana -comenta la actriz-; son una creación teatral para el momento teatral y tienen muchas variaciones, pero sólo formales. Sus sentimientos no están comprometidos."
Al respecto, Jorge Marrale define a su hombre como alguien que tiene la misión de marcar un camino. "Es una segunda voz de Albee -dice-, que como autor es un jugador. Es la primera vez que accedo a un personaje al que no le tengo que construir una historia previa. Hay cierto despojamiento del carácter. Son seres que presentan y que están mucho en el presente, actúan sobre el presente y tienen una tarea muy ejecutora: torcer voluntades y llevarlas para el lugar que ellos suponen que hay que llevar a esos chicos."
-¿Por qué esa recurrencia al presente?
-Hay algo del manejo del tiempo que todos estamos padeciendo de una manera particular. Hay como un ejercicio cotidiano de desprendernos de la memoria, como si necesitáramos que todo sea presente. El presente es el que manda, el recuerdo es algo muy personal y ellos, de alguna manera, en la pieza, lo advierten. Decimos: "Miren que el presente que están viviendo ustedes no siempre va a ser así. El amor se puede ensuciar, la vida no es tan lírica". Alguien podría decir que esta obra es una muestra de la cultura occidental. Y no está mal. ¿Cuáles son los ritos iniciáticos que hacemos nosotros con los jóvenes? ¿Cuáles fueron los que hicieron con nosotros? ¿Qué cosas hay que llevar en la mochila para seguir? Sólo sé que para hacer la tarea que debo hacer tengo que superar todo, como un brujo.
Pura teatralidad
Los dos actores coinciden en que "El juego del bebé" es una pieza de profunda calidad teatral. "La obra es teatralidad pura -dice Jorge Marrale-. Es bárbaro que un autor de algo más de 70 años siga necesitando tanta complicidad con el espectador. Hay un fenómeno de seducción, de movilizar el recuerdo del otro generando imágenes muy potentes."
"Edward Albee tiene un gran cariño por los actores, aquí se nota mucho, porque los deja mostrar el lado más teatral del teatro, confía en que ellos pueden hacerlo. Pone acotaciones mínimas y deja crear, sólo te guía", destaca Aleandro.
Uno de los más destacados autores del teatro contemporáneo norteamericano vuelve a buscar su espacio en Buenos Aires. Aquí es muy conocido y, en algunos períodos, sus obras tuvieron representaciones memorables.
En "El juego del bebé" su tradición realista se impone junto a unos discursos y unos caracteres sumamente fragmentados. Eso es algo bueno en él. Desde la década del 60, siempre da muestras de entender el presente en el que vive.
Las mismas obsesiones
Antes de estrenarse en los Estados Unidos "El juego del bebé" se dio a conocer en Londres. Por entonces -1998- le pidieron al autor un texto, él estaba escribiendo éste y no tuvo reparo en enviarlo.
Algunos críticos norteamericanos han visto en la pieza una continuación de "Quién le teme a Virginia Woolf", título emblemático en la producción de Edward Albee porque no sólo significó su despegue definitivo como autor, sino que además lo impuso entre los vanguardistas más destacados del teatro de los años 60.
Refiriéndose a las similitudes entre los textos, el protagonista de la obra en la versión norteamericana, Brian Murry, reconoció a la agencia de noticias AP: "Es un poco como comparar entre la primera sinfonía de Beethoven, que es una obra de un compositor joven, muy hermosa y muy clásica, con la octava, que es una obra más adulta y madura".
"La obra vuelve a sacar un viejo tema personal que está ligado con una pareja que de pronto resulta discordante -dice Norma Aleandro-. Ellos han cometido o cometen algo que nos lleva al horror, como en Virginia Woolf, y acá también aparece. Por otro lado siempre hay un bebé que es mal nacido, no nacido, inventado, que no se sabe si existe, si existió. Allí también está la personalidad del autor, un hombre abandonado por sus padres, adoptado por un matrimonio que no resultó apropiado y siempre sintiendo que él mismo fue un bebe desaparecido para una pareja, aparecido para otra y no encontrado nunca por él mismo. Estas obsesiones les sirven a los autores, sobre todo a los que son fieles a ellas".
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