Murió la actriz y cantante Claudine Longet, protagonista del juicio que escandalizó a Hollywood en los 70
Fue esposa de Andy Williams, protagonizó La fiesta inolvidable, lanzó un disco exitoso, inspiró una canción de los Rolling Stones y fue condenada por el homicidio de su pareja, el esquiador Vladimir “Spider” Sabich
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La muerte de la actriz y cantante francesa Claudine Longet reavivó uno de los episodios más escandalosos y ambiguos de la cultura popular norteamericana de los años 70. Dueña de una belleza delicada, una voz susurrante y una carrera artística que parecía destinada a convertirse en un símbolo sofisticado del pop internacional, Longet quedó para siempre asociada a un crimen que mezcló celebridades, dinero, esquí, drogas, poder mediático y una condena sorprendentemente leve.
La noticia de su fallecimiento fue confirmada por su sobrino Bryan Longet. Tenía 84 años y no trascendieron detalles sobre las causas de su muerte. Con ella desaparece una figura tan fascinante como contradictoria: una estrella de televisión y discos de easy listening que pasó de compartir escenarios con las grandes figuras del entretenimiento estadounidense a convertirse en protagonista de un juicio que paralizó a Aspen y escandalizó a Hollywood.

Nacida como Claudine Georgette Longet el 29 de enero de 1942 en París, creció en una familia acomodada ligada al ámbito médico y tecnológico. Su padre trabajaba en el desarrollo de equipos de rayos X y su madre era médica. Desde pequeña mostró inclinación artística: actuó en teatro infantil y luego comenzó a bailar en clubes nocturnos parisinos. Esa combinación de elegancia francesa y aire melancólico sería, años después, su gran marca registrada.
A comienzos de los años 60 dejó Francia y se instaló en Las Vegas, donde trabajó como bailarina en las famosas revistas del hotel Tropicana. Fue allí donde conoció al popular cantante Andy Williams. La historia de ambos parecía salida de una película romántica: según contó el propio Williams décadas después, vio a una joven y bellísima francesa al costado de una ruta intentando mover un auto averiado y decidió ayudarla. Ella tenía apenas 19 años; él era una de las mayores estrellas de la televisión estadounidense.
Se casaron en 1961 y rápidamente se transformaron en una de las parejas más glamorosas del espectáculo norteamericano. Longet comenzó a aparecer regularmente en The Andy Williams Show, donde cautivó al público con su acento francés, su imagen sofisticada y una voz suave, casi infantil. También actuó en series populares de la época como Las calles de San Francisco, McHale’s Navy y Hogan’s Heroes.
Su carrera musical despegó en paralelo. Firmó contrato con el sello A&M Records y lanzó varios discos entre 1967 y 1972. Su estilo anticipó décadas antes el llamado “easy listening moderno”: versiones delicadas y etéreas de canciones de los Beatles, los Rolling Stones, Leonard Cohen y Antônio Carlos Jobim. Su álbum debut, Claudine, vendió cientos de miles de copias y la consolidó como una figura de refinamiento europeo en el mercado estadounidense.
Pero el gran momento cinematográfico de Longet llegó en 1968 con La fiesta inolvidable, la comedia de Blake Edwards protagonizada por Peter Sellers. Allí interpretó a una actriz aspirante llamada Michele Monet y cantó “Nothing to Lose”, la canción compuesta por Henry Mancini y Don Black que terminó convirtiéndose en una pequeña pieza de culto.
En esos años, Longet y Williams también frecuentaban los círculos políticos más poderosos de los Estados Unidos. Eran íntimos amigos de Robert F. Kennedy y su esposa Ethel Kennedy. De hecho, estuvieron presentes durante las dramáticas horas posteriores al atentado que terminó con la vida del senador en junio de 1968, acompañaron a la familia en el hospital y participaron del funeral en Nueva York.
Sin embargo, hacia comienzos de los años 70, el matrimonio comenzó a deteriorarse. Williams reconocería años más tarde que sus constantes ausencias terminaron destruyendo la relación. Aunque el divorcio se formalizó en 1975, siguieron manteniendo un vínculo cercano.
Para entonces, Longet ya había iniciado una relación con el carismático esquiador olímpico Vladimir ‘Spider’ Sabich, una celebridad deportiva cuya personalidad inspiró incluso personajes de ficción en Hollywood. Se instalaron juntos en un chalet de Aspen, Colorado, una ciudad que en aquellos años era refugio de millonarios, artistas y figuras contraculturales.
La relación, sin embargo, estaba lejos de ser idílica. Amigos cercanos describían un vínculo turbulento, marcado por los celos, las discusiones y el desgaste emocional. Todo explotó el 21 de marzo de 1976.
Aquella noche, Sabich regresó de entrenar y entró al baño de la casa para ducharse. Minutos después, recibió un disparo de una pistola calibre .22 perteneciente al padre de Longet. El proyectil impactó en su abdomen. Aunque fue trasladado de urgencia al hospital, murió camino al centro médico.
Longet sostuvo desde el primer momento que el disparo había sido accidental. Declaró que Sabich le estaba mostrando cómo funcionaba el arma y que se accionó por error. Pero el caso pronto se convirtió en un fenómeno mediático nacional. La fiscalía intentó demostrar que se trató de un homicidio deliberado, mientras que la defensa insistió en la hipótesis del accidente.
El juicio estuvo atravesado por irregularidades que terminaron debilitando severamente la acusación. Varias pruebas fueron descartadas por problemas de procedimiento policial y registros ilegales. Incluso declaraciones comprometedoras y evidencias relacionadas con consumo de alcohol y drogas quedaron fuera del expediente.
Finalmente, en enero de 1977, un jurado declaró a Claudine Longet culpable de homicidio por negligencia criminal, un delito menor. La sentencia causó indignación pública: recibió dos años de libertad condicional, una multa mínima y apenas 30 días de cárcel, que pudo cumplir de manera parcial durante fines de semana.
El escándalo se convirtió rápidamente en material para la sátira y la cultura pop. Saturday Night Live realizó sketches burlándose del caso, mientras que The Rolling Stones grabaron la canción “Claudine”, inspirada directamente en el crimen.
Después del juicio, Longet desapareció casi por completo de la vida pública. Nunca volvió a actuar ni a cantar profesionalmente. También aceptó mantener silencio sobre el caso tras un acuerdo judicial con la familia Sabich. Con el tiempo inició una relación con uno de sus abogados defensores, Ronald Austin, con quien terminó casándose en 1985.
Durante décadas vivió alejada de los medios entre Colorado y Hawái, convertida en una figura fantasmagórica para generaciones posteriores: una cantante de voz dulce cuya historia terminó asociada para siempre a un crimen no resuelto en términos emocionales y morales.
Su muerte vuelve a poner en escena una vida marcada por contrastes extremos: el glamour de la televisión clásica, la sofisticación parisina, la amistad con los Kennedy, el Hollywood elegante de los años 60 y, finalmente, uno de los casos policiales más comentados y polémicos de la historia del espectáculo estadounidense.
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