
Un tipo que dice querer a todos
Discípulo de Alberto Ure, mañana estrena Los quiero a todos, en el Beckett Teatro
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Empecemos por un posible principio de nota. El nombre de Luciano Quilici seguramente no le suena. Avancemos. Estrenó una obra teatral cuando tenía 18 años, otra cuando tenía 23 y, ahora, con 34, mañana estrenará Los quiero a todos , en el Beckett Teatro, con un elenco que da ilusión. Durante muchísimos años fue asistente de dirección del maestro Alberto Ure, uno de los grandes directores e intelectuales del campo teatral que, en 1997, tuvo un accidente cardiovascular que lo mantiene convaleciente.
En realidad, Luciano Quilici fue más que su discípulo. Lo cuenta él mismo: "Es medio raro explicarlo en una nota, pero cuando Alberto tuvo el derrame me quedé idiota, éramos como novios. Iba a su casa a la una, cocinábamos, dormíamos la siesta, nos despertábamos y mirábamos a Franco Bagnato en Gente que busca gente. De ahí nos íbamos a ensayar, después cenábamos con el elenco, partíamos para su casa donde nos bajábamos una botella de whisky y a las cinco de la mañana volvía a mi casa. Nunca me divertí tanto. Por eso cuando le pasó lo que le pasó, la cabeza me hizo ¡puuum!".
Con la cabeza en ese estado, cierto azar hizo que terminara filmando publicidad. No le fue mal (nada mal). De 2004 a 2007 ganó varios premios importantes con publicidades para cuentas importantes trabajando en agencias importantes. Sin embargo, algo no le cerraba.
-Tenías un mundo resuelto en publicidad y, de golpe,...
-No, no... Básicamente tenía algo i rresuelto. Cuando Ure se enfermó medio por casualidad me llamaron para trabajar en publicidad, cosa que hice durante años. Pero llegaban los diciembres y veía que otro año más pasaba sin hacer teatro hasta que dije basta. Por eso, el año pasado paré 6 meses y ensayé. Y estoy feliz. Estoy chocho. No hay nada más pleno, más divertido que ensayar.
-¿Cómo fue la vuelta al teatro sin papá Ure?
-Estuvo bueno. Los años de haber estado sin Alberto me permitieron hacer el luto largo. Apenas Ure tuvo el derrame intenté volver a ensayar y era como una imitación de Ure, hacía los mismos chistes, repetía el método de ensayo, pero no era Alberto Ure. Ahora la vuelta fue mucho más personal, más mía. Fue desconcertante al principio pero arranqué.
Para esta vuelta dio con un elenco que, a priori, es más que tentador: Facundo Agrelo, Ramiro Agüero, Diego Jalfen, Leticia Manzur, Alan Sabbagh y Margarita Molfino. "Los primeros meses fueron complicados porque venía de estar acostumbrado al ritmo de los comerciales en los que un actor hace causa y efecto en 30 segundos permanente. Ya me había olvidado de hacer ensayos de tres horas", reconoce. Pero fue recuperando el ritmo hasta que a los dos o tres meses sintió que se estaba haciendo cargo de la búsqueda, que podía perder el tiempo con los actores por fuera de las pautas de producción industrial, que podía dejarse estar. Y se relajó. Así es que fueron apareciendo las distintas cuerdas de los actores, como reconoce, sin que eso haya modificado al texto en sí mismo. "Cuando les entregué el libro el espíritu de obra era un poco más triste, más melancólico -apunta en el bar de la sala del Abasto-. Con el tiempo se fue poniendo más lúdica."
-¿Sabías de antemano cuál era el espíritu de la obra?
-El problema no es para dónde quiera ir uno sino adónde llega uno. Siempre tuve claro que quería hacer una comedia triste y emocionante con algo del espíritu de Chéjov. Los quiero a todos es un grupo de amigos patéticos, ridículos y graciosos.
Como él mismo apunta, se trata de un grupete de clase media progre porteño "que tiene toda la esquizofrenia del progresismo". Un grupo que se reúne a comer un asado dominguero para hablar de frivolidades y "de conflictos idiotas". "En un punto la obra es crítica y compasiva con esa clase porque somos esa clase", sostiene. La trama también está atravesada por una reflexión sobre los que rondan los treinta años. "Los treinta son como un punto de inflexión en el cual o uno se queda boludeando o trata de empezar a tomarse las cosas de otro modo. Un poco es lo que les pasa a los personajes", agrega quien a los treinta y pico decidió dar una vuelta en su timón.
En esta comedia de situaciones el asado es la columna vertebral. En el medio de la comilona vendrán flashbacks , recuerdos que no coinciden con lo vivido, anécdotas varias y bromas internas de estos seis seres patéticos, ridículos y graciosos. Como telón de fondo, una tela plástica de 113 metros movida por una máquina mecánica ("un armatoste incómodo") que hace correr una cinta con imágenes pop, comentarios "como si fuera un poco el coro de una tragedia griega" y referencias kitsch . "Es el séptimo personaje", se entusiasma el padre de esta criatura que, como buen padre, quiere a todos por igual.
Para agendar
Los quiero a todos , de Luciano Quilici con F. Agrelo, R. Agüero, L. Manzur, A. Sabbagh y M. Molfino.
Beckett Teatro , Guardia Vieja 3556 (4867-5185 ). Los viernes, a las 23. De 20 a 25 pesos.






