
La íntima ceremonia del adiós
Hoy, a las 20, Mónica y César conducirán por última vez el noticiero de Canal 13
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La ceremonia de despedida empezó hace rato. Aunque Mónica Cahen D’Anvers prefiera mirar de costado para evitar el nudo en la garganta. Aunque César Mascetti quiera hacer de cuenta que la de hoy será una edición más de "Telenoche", y no la del adiós. "Vamos a informar hasta la última frase y me voy a despedir como siempre, con el clásico "Estas fueron las noticias", planea, muy serio, Mascetti, en el living de su casa.
Pero la emoción es traicionera. Aún para ellos dos que aprendieron en "la vieja guardia" del noticiero de Canal 13, la que armó Carlos Montero en 1966, que no hay que dejar traslucir lo que se siente por aquello de "la objetividad" entre comillas.
Aunque es cierto que no se van para siempre -el año que viene tendrán su propio programa periodístico semanal, "Telenoche especial"-, las emociones están más que justificadas en el caso de la pareja más clásica de la TV. Ella lleva casi 38 años en el noticiero, los mismos casi 38 años que precisamente tiene ese noticiero. Y él, 32. Ella cubrió la llegada del hombre a la Luna. El cubrió la llegada de Perón a Ezeiza. Ella fue la primera periodista en viajar a Malvinas después de la guerra. El fue el depositario del secreto de necrofagia de los jugadores de rugby uruguayos cuyo avión se estrelló en la cordillera. Y hay más. Pero tanto recuerdo no los transforma en dos personas de duelo. Al contrario.
Mónica aparece primera en el living de la casona-refugio de San Telmo, junto a Delia, la maquilladora que tenía que "correrla por los pasillos del canal", 37 años atrás, para darle algo de color a la cara. "Es verdad - se ríe Delia-. No quería maquillarse, y a veces venía con el pelo atado con el cordón de la zapatillas. Un desastre." Mónica se ríe de la anécdota, convida café y se sienta, acurrucada, en el sillón, frente al enorme ventanal que da al patio de esta casa que se construyó en 1836. Enseguida la sigue César, que viene del escritorio.
Tanta pantalla a cuestas no parece haberlos transformado. Mónica y César, en vivo y en directo,en su propia casa, son iguales a Mónica y César, los que aparecen en TV.
Para César eso tiene una explicación. "Yo sé que si lo digo yo estoy impugnado, pero la verdad es que hay tres mujeres importantes en la TV: Mirtha, Susana y Mónica. Y Mónica es la número uno porque ella hace años sometió su calidad absoluta y profesional, esa cosa magnética que tiene ella, a una estructura horizontal. Ella es una pieza más de un engranaje. Y esto es muy difícil de lograr en un medio que se mueve en base a la vanidad, al ego y a la soberbia. Mónica es una presentadora de noticiero. Cuando se encuentra en un medio así a alguien tan humilde y sencillo parece normal, pero no lo es".
Al lado, Mónica se sonríe. Y ensaya una disculpa: "Lo que yo digo, y no es falsa modestia, es que no decidí ser humilde. El Tata Dios me fabricó así".
Puede ser. César está lleno de anécdotas que pintan a Mónica en ese perfil: "A ella le decían Che pibe porque siempre estaba dispuesta a ayudar a todos. Y ella dice que no tiene ningún mérito por ser así. Pero sí lo tiene. Para mantener eso 37 años tiene que haber un código que se descifra todos los días. Si hay trampa, eso se rompe".
"Sí, eso es cierto", le da la razón por fin Mónica. "La hilacha se muestra. La televisión es muy alcahueta. Y al final se nota."
-¿Qué recuerdan de las primeras épocas?
Mónica: -La manera de trabajar. No parábamos nunca. Para la edición de las 20 hacíamos la reunión de producción a las 9. Y trabajábamos todo el día: hacíamos notas, volvíamos, nos lavábamos la cara, y ¡a conducir!
César: -Además, tenías que llegar con todos los diarios leídos, las radios escuchadas.... El jefe de producción y a la vez gerente de noticiero era Carlos Montero. El sabía todo y si no estabas muy informado, te dejaba pagando. Tenías que llegar muy afilado, sabiendo todo. Eso te obligaba a un clima de rigor y exigencia que es el que instaló Goar Mestre cuando creó "Telenoche". El dejó las bases de un periodismo serio, respetuoso, profundo, siempre con una vuelta de tuerca más. Las notas de "Telenoche" tenían que ser distintas, y si no era sí, estaba mal. Además, no había improvisación: todas las notas del noticiero se veían previamente, de punta a punta, en el microcine. Por eso, cuando se habla de "Telenoche" tantos años después, hay que recordar esto porque siempre fue un proyecto coherente. Por eso se convirtió en un clásico: hay una continuidad, una coherencia profesional. Me acuerdo que al principio, "El Reporter Esso", nuestra competencia, era el saco y la corbata. Y "Telenoche" era...
Mónica: -El blue jean.
-¿Fue difícil amoldarse a ese estilo?
Mónica: -Es que yo soy eso. Y les gustó. Y eso también pasó con Andrés Percivale, mi primer compañero. En cambio, Tomás Eloy Martínez, que también fue mi primer compañero, se bajó del barco a los tres meses. «Esto no es para mí. A mí, déjenme con mi máquina de escribir. Yo los adoro, pero chau», y se las picó. No tenía nada que ver con su forma de ser.
César: -Creo que nuestra clave fue estar siempre del lado de la gente. Hay anécdotas muy descriptivas de lo que somos nosotros: nunca nos habrán visto en un cóctel, en un estreno, en una fiesta o comiendo con un personaje. Aun cuando sabíamos que perdíamos la posibilidad de disfrutar. A mí, que me gusta la política, me encantaría poder juntarme a hablar con algún personaje, a discutir. Pero nunca lo hicimos porque eso no te permite ejercer un oficio verdaderamente independiente. Si encontrás a alguien en todos los estrenos, en todos los cócteles...
Mónica -¿Cómo le hacés la pregunta a la mandíbula? No se puede...Pero no es ningún sacrificio. Nosotros estamos fabricados de la misma manera. Tanto tiempo juntos, laburando juntos, viviendo juntos, con una empresa juntos, es porque estamos hechos de la misma manera.
-¿Tenían ganas de dejar la conducción diaria?
Mónica: -Sí. Yo más que César porque son muchos años. Y realmente tenía ganas de hacer otra cosa. Hace tiempo que estábamos hablando con el canal...
César: -Mónica hace tres años fácil que quería dejar el diario. Y me parece que es un signo de sabiduría saber retirarse a tiempo. Atornillarse es feo, en cualquier orden. Nosotros no estábamos dispuestos a hacerlo. Nuestra idea era que madurara el tiempo de nuestra conducción en «Telenoche». Ahora tenemos ganas de asumir otros riesgos, otros compromisos, demostrando que en el almanaque uno puede tener una edad, pero que por las venas puede correr otra.
-¿Y cómo se preparan para hoy?
Mónica: -Yo me estoy haciendo la idiota, y trato de no preparame. Igual, yo miraba para el costado, hasta que la semana pasada me di cuenta de que cuando entraba a la redacción, todos se callaban. Esto tiene que ver con nosotros, me dije. Ahí me enteré de que estaban preparando algo. Y hoy "Telenoche" va a ser distinto porque va a tener ingredientes que tienen que ver con nuestra historia y nosotros vamos a tener que decir chau. Voy a moquear como una loca porque sé que no me voy a poder contener.
César: -Pero detrás del no nos vamos de "Telenoche", hay una especie de cable a tierra que te permite agarrarte de la continuidad. Y me parece que no vamos a extrañar demasiado porque físicamente, el año próximo, vamos a estar en el mismo escenario y con los mismos compañeros. Y además, en cada pregunta, en cada copete, de cada cronista, vamos a estar nosotros.
En primera persona
Mónica Cahen D´Anvers
- "Telenoche" es mi primer hijo televisivo. Un hijo que creció de una manera extraordinaria hasta cuando mamá no estaba, lo que es maravilloso. Yo le voy a agradecer a "Telenoche" toda la vida el cambio en mí, como ser humano. Yo nací en una familia, en un clima, donde el mundo era todo bonito, rosa, fantástico. Y por la manera de vivir y la falta de comunicación real siempre creí que el mundo era como el que vivía yo... Hasta que llegué a "Telenoche". "Telenoche" me cruzó la cara de un cachetazo. Me demostró que yo era una privilegiada extraordinaria, que el mundo era otra cosa. Me puso los pies en la tierra y creo que, honestamente, soy una mejor persona gracias a "Telenoche". Si no, sería una tilinga más.
César Mascetti
- Para mí, fue la posibilidad de expresarme en el medio que consideraba más fascinante y adecuado para hacer periodismo. Sobre todo porque los periodistas de gráfica no teníamos cabida en ese medio (Mascetti venía de La Razón, Clarín y el periódico de su abuelo, en San Pedro). Yo me formé en la "vieja guardia" de "Telenoche", al lado de excelentes profesionales. Yo aprendí ahí el periodismo no claudicante, la pregunta dura, el antivedettismo. "Telenoche" fue la mejor escuela.
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