
Ronnie Arias: con programa propio
Desde el martes, el provocativo reportero de “Kaos en la ciudad” conducirá en Canal 13 “Mentime, que me gusta”, un ciclo que incluye juegos y sketches humorísticos
1 minuto de lectura'

Parecía que la era de los noteros, carismáticos, esos que realmente marcaban la diferencia en los programas en los que trabajaban, se había terminado con la despedida de Andy Kusnetzoff de "Caiga quien Caiga". Parecía que salir a la calle con un micrófono y un camarógrafo había dejado de ser divertido. Entonces, cuando ya nadie lo esperaba, llegó Ronnie Arias. Y su aterrizaje, que podría haber sido forzoso, para sorpresa de muchos, no lo fue. Luciendo un desparpajo que le permitió hablar de sexo con señoras mayores, serios hombres de negocios y decir casi todo lo que se le ocurría de cualquier personaje famoso, Arias se hizo popular como el notero frívolo de "Kaos en la ciudad". Un personaje que lo llevó al programa propio. El martes, a las 22, en Canal 13, Arias se convertirá en conductor de "Mentime, que me gusta", una propuesta que incluye juegos, humor y actuación.
"Este programa más que un game show es un ciclo de comedia. La idea central es el juego, pero todo lo que pasa tiene que ver un poco con lo que yo hacía en la calle. Va a estar el personaje, pero no exactamente como en «Kaos». Lo vamos a sociabilizar un poco", dice Arias en plural. Y no es que use esa conjugación para referirse a sus múltiples personalidades, que las tiene, sino que en ese "nosotros" incluye a todos los que colaboraron para crear a ese Ronnie de la estola de plumas y los trajes extravagantes que el público conoció por medio de "Kaos en la ciudad".
"La isla de edición y la producción son la televisión. Si el cine es más que nada el resultado del trabajo de dirección, la televisión lo es del de producción", explica el conductor debutante. Y él sabe de lo que habla. Porque antes de ser notero de televisión Arias fue productor del programa de Susana Giménez, trabajó en radio, fue periodista, escribió y dirigió teatro y hasta estudió canto. Pero de todos esos trabajos el que lo impulsó a abandonar las bambalinas para ponerse delante de la cámara fue el de actor. "Cuando soñaba con esto, soñaba con que iba a ser actor. Pero el problema es que, como actor, era muy malo. No componía un personaje. Pensá que en la camada de los 80 yo estaba con Divina Gloria, Batato Barea, Cecilia Roth, Alejandro Urdapilleta, Humberto Tortonese y ellos me decían: "Ronnie, sos muy gracioso, pero actuar no es lo tuyo"", se ríe Arias.
Pánico en la pantalla
Dice el conductor de "Mentime, que me gusta" (una producción de Endemol Argentina) que cuando estaba por comenzar la primera temporada de "Kaos en la ciudad" no quería verse en la pantalla. "Nada me daba más vergüenza", confiesa, y parece mentira que ese muchacho que se les animó a la popular de Boca Juniors, a un grupo de enardecidos adolescentes en viaje de egresados y a tantas otras situaciones "comprometidas" se sintiera intimidado por su propia imagen en la pantalla chica. Pero así era hasta que el personaje desplazó a la inseguridad. Cuando Arias habla de él, de su criatura, es tan cruel como cuando usa su lengua filosa contra el reporteado de ocasión. "Mi intención no era ser uno de esos noteros inteligentes o ácidos a la "CQC", yo me quería divertir. Quería ser la loca mala ; si hay algo que no quería era ser inteligente. No le quería ganar a nadie. Y discutíamos con mi productor, Carlos Pauluk, porque yo decía que la loca es mala, pero tonta. Entonces, si yo iba a trabajar ese personaje, que era el que tenía más a mano, necesitaba que tuviera esos ingredientes. Y ésa fue la vuelta de tuerca", describe.
Otra novedad que aportó Ronnie, el cronista, a la TV local fue un personaje que asumía naturalmente su homosexualidad. Claro que, según él, el tema del sexo siempre es fascinante, sin distinción de géneros.
"No se trata de homosexuales o heterosexuales. Todos queremos saber con quién se acuesta el otro. Tal vez un ingrediente que agrega curiosidad es pensar que tal persona famosa pueda ser gay. De todos modos me parece muy antiguo eso de decir "estoy casado con el teatro". Yo no creo que la gente sea tan tonta, la gente no come vidrio. Le gustás o no le gustás", dice el conductor. Y para que no queden dudas agrega: "Siempre digo que me parece que las grandes marcas que ponen avisos tienen más pruritos con este tema que la gente en la calle. A mí nunca me discriminaron socialmente por ser gay".
Antes de ser el encargado de elaborar las preguntas para los juegos de los programas de Susana Giménez, de poner la voz en la radio y de formar parte de la producción de "Infómanas" -adonde cuenta que llegaba a las diez de la mañana para salir al aire a la medianoche, "el cerebro te quedaba como un paty quemado", dice-, Arias se fue a conocer el mundo.
"Sobrevivía cantando en bares, escribía muchas crónicas de la noche, entrevistas a gente como Martin Scorsese. Me fui porque pensé que tenía que aprender más. Porque yo no tengo estudios formales, estudié cine, teatro, pero nunca terminé nada, ni siquiera el secundario. Me fui de mi casa a los 16 años. En ese momento viajar me pareció que era lo correcto, que estaba bien. Que me iba a permitir aprender", cuenta el conductor.
Cuando se agotó de la experiencia neoyorquina ("se me terminó la plata") Arias volvió a la Argentina y empezó a trabajar en televisión. "Vendí la casa que tenía para pagar deudas y empecé desde cero. Era 1991. Apenas volví me compré un departamento en San Telmo que no tenía luz ni gas. Sólo tenía teléfono. Empecé a trabajar en TV y las cosas empezaron a mejorar. Tenía casi treinta años", recuerda Arias.
Pasaron poco más de diez años desde ese principio cuando el cronista decidió dar otro volantazo y pasar de la producción a trabajar delante de la cámara. "Quería trabajar menos -dice, con una sonrisa-; a los cuarenta años empecé otra vez de cero. Fue como reciclar una casa, pero ahora creo que debería empezar a perfeccionar más que tirar todo abajo."
Ese camino que emprendió hace una década lo llevó hasta donde está hoy, con algunas paradas en la señal de cable E! Entertainment, donde se ocupó de varios segmentos sobre Iberoamérica. Saboreó por primera vez el reconocimiento popular con su participación en "Kaos en la ciudad", donde seguirá desempeñándose como notero cuando el ciclo de Juan Castro vuelva al aire.
Ser reconocido en la calle por gente de todas las edades y clases sociales, ésa es la forma que tiene la fama para Ronnie Arias, el personaje. Claro que para Ronnie Arias la persona, el hijo de una mamá que le tapizó la habitación de revistas para que "tuviera un mundo propio", la fama no es nueva, ni siquiera sorpresiva.
"Siempre sentí que era famoso. Yo iba por la calle y sentía que pertenecía a ese lugar. A veces me siento en inferioridad de condiciones porque creo que no soy ni tan inteligente, ni tan talentoso, ni tan avasallador como otros. Tampoco soy un gran componedor de personajes, soy un entretenedor. Antes de "Kaos" yo ya había estado en la radio Energy, donde se hacían fiestas para miles de personas. En esas situaciones yo me tiraba encima de la gente para hacer body surfing y nadie me pegaba ni me maltrataba. Ni me tiraba del pelo que en ese momento tenía. Ya era Ronnie. Ahora es como si se hubiese ampliado el barrio", detalla el conductor que desde el próximo martes seguramente conseguirá que el número de sus vecinos crezca todavía un poco más.
Perfil
- Estudió teatro, cine y canto. Trabajó en la producción de Susana Giménez e "Infómanas".
- A los 16 años se fue de su casa. Tiene cuatro hermanas y es sobrino de Pepe Arias.
- Vivió en los Estados Unidos y en Inglaterra.
- Colaboró con Antonio Gasalla en los libros de "El palacio de la risa" y con Fernando Peña en "Duele", "El niño muerto" y "Esquizopeña".
El amigo Peña
"Fernando Peña es la escuela de teatro más grossa que tuve en mi vida. El es lo opuesto de lo que soy yo, porque es un creador, un gran artista." Así describe Arias a su amigo y alguna vez socio en la escritura de los guiones de "Duele", "El niño muerto" y "Esquizopeña: intimidad rioplatense". También Arias confiesa que muchas veces el talento de Peña le provocó más de un disgusto. "Trabajar con él en el teatro suponía un nivel de stress altísimo porque sobre la marcha decidía cambiar el orden de aparición de los personajes. Yo me volvía loco porque esas transformaciones tenían un orden, porque involucraban ropa, pelucas y muchas cosas más. Y hacía eso en un espectáculo que duraba tres horas y media, como "El señor de los anillos", sólo que él era "el señor de las pelucas"", se ríe. Claro que en el momento de escribir los textos de esas obras, Peña, según Arias, era el más metódico de los dos. "Es superestricto y ordenado, pero el problema es que después hace lo que quiere. Pero en el momento de escribir es casi como una bailarina rusa. Quiere estructura. Después la destruye y eso es su espectáculo."






