Un final con la tragedia en el orillo
El anticipado desenlace de la novela conmovió a sus seguidores; los hermanos Vedia murieron enfrentados
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No hay final feliz para Caín & Abel. No cabe quizá desde el comienzo mismo de la historia, pero no por ello fue menos sorpresivo. Pensar una novela sin su esperado happy end es doloroso, pero hacia allí igualmente apuntaron sus guionistas. ¿Quién sabe qué habría ocurrido si el final no hubiese sido precipitado, si la historia hubiese madurado naturalmente? Pero es inútil hacer conjeturas: Caín & Abel terminó como empezó, con la tragedia cosida en el orillo.
El capítulo del martes había dejado en tensión extrema a sus protagonistas (y a sus seguidores). Simón (Fabián Vena), completamente fuera de sí, amenazaba a Valentina (Vanesa González) y a Agustín (Joaquín Furriel) luego de que ambos se enteraran de que él había asesinado al padre de la joven; otra escena tenía a Eugenio (Luis Brandoni) esposado y escuchando una lista inagotable de cargos por los que era fácil imaginar una larguísima condena. Sus lazos con la justicia ya no tenían efecto: le habían soltado la mano.
Lo que siguió fue una intensa seguidilla de situaciones que desencadenaron la pelea final. Caín y Abel, o Simón y Agustín, enfrentados a muerte. La escena se traslada a la empresa, el fuego iniciado por Simón –en un primer intento por arder junto a su amor: "nos vamos juntos", le dice a Valentina– devora las oficinas. Llega Agustín para tratar de salvarla. Forcejeos cuerpo a cuerpo, el arma que desaparece entre ambos y un disparo. Simón cae herido y cuando todo parece haber terminado, levanta la mano con el arma apenas ceñida y le dispara a su hermano. Agustín cae. Llega la policía y uno dice: "Está vivo, llamá a la ambulancia". Pasarán varias escenas –con el cierre de las historias de los otros personajes– hasta saber que el que había muerto era Agustín (y sí, Caín mató a Abel).
Pero no toda la tensión había terminado: todavía andaba suelto Alfredo (Federico D’Elía), que sólo quería desquitarse de Leonora (Julieta Cardinali), a la que acusaba de todos sus males. Pero ahí estaba un reconvertido Fernando (Juan Gil Navarro), que le cuenta toda su verdad a la joven y se queda a protegerla. Alfredo no tarda en caer: lo esperan no demasiados buenos tiempos en la cárcel. Bea (Mara Bestelli) pudo denunciarlo por violencia familiar y ya no quiere verlo. Ella es la única que visita a su padre, que trata de persuadirla para que no vaya más. No hace falta imaginar que Eugenio está tramando su propio final anticipado, y el fiel Gregorio (Luis Machín) le provee lo necesario. La escena en la que Eugenio se despide, en la cárcel, de su hija y de su secretario es realmente conmocionante. Y aquí se vuelve a notar el gran trabajo no sólo de la dirección, sino de un elenco casi sin fisuras. Machín, en su personaje de Gregorio, tiene su veta sensible, pero también despiadada; es él quien a través de una droga termina con la vida de Simón, que ya pendía de un hilo en un sanatorio.
El humor y el romance vinieron de la mano de las historias más pequeñas (o emergentes) que llevaban adelante Santino (Juan Bautista Greppi), perdidamente enamorado de Daniela (Mónica Sccaparone), y del romance incipiente e inesperado (bien resuelto) entre Pilar (Mercedes Oviedo) y Lucio (Ariel Staltari). Si hay que buscar amor romántico hay que quedarse en esas historias, porque todo lo demás es devastación. Valentina parte sola al Sur en busca de una nueva vida. Leonora escucha el último mensaje que le dejó Agustín en el teléfono en el que le dice que la ama, que ella tenía razón, que él era inocente, que fue la única que creyó en él. Golpe al corazón.
En la última escena, Leonora deja flores en la tumba de Agustín y en la de Facundo (Antonio Birabent), que están junto a las de Eugenio y Simón. De la familia Vedia, prácticamente sólo sobreviven las mujeres. Consuelo (Virginia Lago) se vuelve fuerte frente a la traición y decide cerrar filas con su hija y sus nietos, entre ellos Lucas, nieto de Eugenio a través del hijo que no llegó a conocer, Damián (Fena Della Maggiora), el primer muerto de esta historia.
Intensa, con una musicalización inolvidable, respetuosa con sus pretensiones, con sus actores y con los espectadores, terminó mucho más que dignamente una tira que bien pudo haber tenido otro destino.
13,1
PUNTOS
- El final de la tira tuvo picos de 15 puntos y fue lo más visto del día de Telefé.






