
El genial guitarrista flamenco regresa a la Argentina, tras 12 años de ausencia, con un homenaje al indispensable cantaor Camarón de la Isla
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"Ahora voy a cantá un poquito por alegrías, y luego por to lo que ustedes quieran", solía decir José Monge Cruz (1950-1992), popularmente conocido como Camarón de la Isla, al comienzo de sus conciertos. Conciertos que, durante casi dos décadas, brindó acompañado por su guitarrista, Tomatito. Una relación de fidelidad, de complicidad, arriba y debajo del escenario.
Veinte años pasaron de la partida de Camarón, y Tomatito está en Buenos Aires para presentar su espectáculo Luz de guía: "El show va a ser dedicado a Camarón, como siempre lo hago. Pero también será un paseo por toda mi música, un poquito de cada disco…", explica entusiasmado. Es que, además de esa punta de años al lado de Camarón, y especialmente tras su muerte, Tomatito (nacido José Fernandez Torres, en Almería), impulsó su carrera como solista, incursionando en terrenos jazzísticos (grabó dos discos con el pianista Michel Camilo y también colaboró con el Chano Domínguez), en el rock (con el cantaor Enrique Morente y el grupo Lagartija Nick en el indispensable Omega, 1996) y en un terreno de música sin etiquetas, como su colaboración con Luis Salinas y el peruano Lucho González, un guitarrazo que dejó una gira y un álbum igualmente memorables.
Un brillo especial trasluce su mirada cuando recuerda a Camarón, el cantaor que revolucionó el flamenco. "Valoro y recuerdo, sobre todo, los momentos cuando Camarón estaba estudiando. Ni sobre el escenario, ni en un concierto. Encendía un cigarro y se ponía a tocar la guitarra. Porque él era muy aficionado a la guitarra. Y cuando sacaba cosas, que era también su forma de componer. Era muy especial. Los atesoro porque son momentos que nadie ha visto…".
Habla de Camarón con la misma mirada, embelesada, que podemos apreciar en las fotografías y filmaciones de sus conciertos: "Tiene que ver con la complicidad entre dos músicos que se llevan bien. El gesto de la persona, la cara, también es importante para la música. Con el cuerpo, muchas veces, uno está indicando lo que tienen que hacer entre los dos. Es muy importante, pero eso no se piensa. Es una cosa de instinto. Y Camarón siempre estaba pendiente, porque tenía una orquesta en su voz. Era tan bonito lo que hacía. Tan bonito. Tan de verdad. En ese momento, ni mi guitarra existía. La forma de mirarlo para que él se sintiera a gusto".
Camarón entró por primera vez a un estudio de grabación para registrar La leyenda del tiempo (1979), un disco que marca un mojón definitivo, un antes y un después en el flamenco moderno, inspirado en versos de Federico García Lorca. Un disco, en su tiempo, criticado e incomprendido, aún desde su génesis: "Yo era demasiado reticente, porque era un disco demasiado pa’lante. Demasiado moderno para los tiempos que corrían. Pero Camarón, como gran genio y sabio, decía ‘déjalo así, este disco no es pa’hora, es pa’dentro de veinte años’. Nunca lo entendí hasta que pasaron los veinte años".
¿O sea que en ese momento no te dabas cuenta de que estaban haciendo historia?
Claro que no. Por supuesto. Además, de hecho, en la afición flamenca, al principio era un disco considerado feo. Además, era mi primer disco: yo quería tocar flamenco.
Allí, entre otros grandes, colaboró Kiko Veneno, ¿Cómo lo recordás a Kiko en ese entonces?
Kiko es un gran compositor, y tiene cosas preciosas. Pero yo ahí lo veía mal, todo. ¡Qué feo está esto! Porque no lo veía cantando a Kiko Veneno. No lo veía nadie. Salvo Camarón. Pero, claro, los que estábamos equivocados éramos los demás.
Con Camarón, en los 80, entraron en el circuito de los festivales europeos de jazz. ¿Fue importante para el crossover que hiciste años después?
Yo no me daba cuenta de eso. Camarón podía cantar en cualquier circuito: en el clásico, en el del jazz, en el de la World Music… Además del circuito flamenco, por supuesto. Era un músico tan admirado por los músicos del mundo, que era un evento especial fuera donde fuera. Nos fuimos a Nueva York, y podía ir dónde quisiera… Pero si bien era abierto, era curioso y era moderno, también tenía su parte de tradición, su parte bohemia, en la cual no le importaba mucho la fama, más que decir "ahora yo quiero estar tranquilo". El hacía lo que él veía bien, y lo que le apetecía sin capricho, sin dañar a nadie. El quería mucho a la profesión, la respetaba mucho, y era un enamorado del arte.
¿En qué momento empezaste a escuchar jazz?
Siempre me ha gustado. Pero hasta que no entiendes la estructura, el lenguaje, el carácter que tiene cada nota y cada tonalidad, tardas mucho. El oído tarda a en acostumbrarse a una nota alterada, a un acorde disonante…
¿Es verdad que Luis Salinas fue quien te incitó a escuchar jazz?
Cuando lo conocí, hace muchísimos años, me di cuenta que Luis es como un flamenco. Pero también es muy argentino. Y lleva su música como bandera. El podría tocar jazz clásico, perfectamente. Pero siempre sale el costado argentino, por todos lados, en sus improvisaciones. Cuando lo conocí, me impactó que é no se sale de su música, pero aprende de todos los géneros. Y me incitó a hacer lo mismo. ¿Por qué no puedo hacer también esto, ya que me gusta tanto?
Luego de la gira junto a Salinas y Lucho González incorporaste a tu repertorio "Troilo y Salgán", de Luis. ¿Cuál es el encanto del tema?
Es un tema guitarrístico, de técnica, pero suena muy argentino. A mi también me gusta mucho Piazzolla. Lo veo como un compositor nostálgico, romántico, sufridor. Con emoción. Hay melodías suyos que se te meten en el corazón, y te hacen llorar. Se nota que lo hacía bajo un sufrimiento, y bajo su verdad, que es la música.
Igual que Camarón, Piazzolla también tuvo sus detractores…
El tiempo lo pone todo en su sitio. Los detractores, los puristas, son dictadores de la música. Inconscientemente, lo que hace esta gente es parar la música. La música no puede morir nunca: tiene que venir gente que siga haciendo cosas nuevas por los siglos de los siglos, amén. Creo que a los dictadores de la música, les falta un poco de luz: no se puede destruir una cosa que ese está construyendo. Y además, bien construida. Porque la música es tan sabia que cuando no vale, se va. ¿Cuántos temas de verano hemos escuchado y que al año siguiente ni sabemos quién lp cantó?
¿Fue importante durante tu formación la tradición gitana en el jazz? Me refiero, claro, a Django Reinhardt y el gypsy swing…
No durante mi formación. Después sí, claro. Pero esa música es muy distinta al flamenco. Se acerca mucho más al jazz norteamericano. Ellos vienen de ese lenguaje, de hacer una melodía, y luego improvisar sobre la armonía de la melodía. Pero nosotros tenemos otra estructura: hacemos muchos cachitos en una composición. Y aunque no se parecen mucho, yo escucho a Django y me doy cuenta que tiene un romanticismo, esa fuerza de la raza: se nota que es jazz gitano.
Siempre te referiste a Paco De Lucía como tu maestro, y como tu ídolo. ¿Qué otros guitarristas, anteriores a Paco fueron tus referentes?
Savicas, Ramón Montoya, Miguel Borrul, que le tocaba a Manuel Torre. Hacía unas cosas extraordinarias… Y Ramón Montoya hacía armónicos, hacía de todo, porque se codeaba mucho con los guitarristas clásicos, y así aprendía en los tiempos que el flamenco era autodidacta. El era un gitano "culto", con la mente musical abierta. Esa gente, antes de Paco. Pero Paco vino y lo pudrió todo.
¿Y se juntan?
Tenemos una relación maravillosa. Este verano me fui a Mallorca, y como estoy terminando un disco flamenco, grabamos con una voz de Camarón, que cogí del disco duro, y le metimos unas guitarras entre los dos. Fue emotivo, una cosa con mucho cuido, con mucho mimo: como se merecía Camarón.
¿Cuál ha sido tu mejor escuela?
Si no has pasado por un tablado, no te haces guitarrista. Porque ahí tocas para cantar y para bailar. Y eso se traduce a ritmo. Y a aprender una serie de palos y ritmos compuestos, y tienes que salir y entrar de los ritmos sin problemas. Yo tendría unos 14 años cuando entré al tablado, pero estuve poco tiempo, porque pronto me fui con Camarón. Creo, de todos modos, que fue el tiempo suficiente para dominar el ritmo.
Por Humphrey Inzillo
Tomatito presenta Luz de guía en la Argentina. Miércoles 28 de noviembre, a las 21, en el Teatro Gran Rex, Corrientes 857. La gira continúa mañana, 29 de noviembre, en el Teatro de la Comedia, en Rosario. El 30 de Noviembre en el Auditorio Nacional de Montevideo. Y el 2 de diciembre, en el Casino Magic, de Neuquén.
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