Tres caras para una idea
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"La otra verdad", programa periodístico con Alejandro, Adrián y Diego Korol. Producción periodística: Mona Dugotkin. Realización: Diego Palacio. Producción ejecutiva: Adrián Santucho. Dirección artística: Mariano Chihade. Productor asociado: Marcelo Kohen. Producción general: Martín Kweller. Martes, a las 23, por América.
Nuestra opinión: bueno.
No podían los hermanos Korol comenzar un programa propio de otra forma que no fuese pintando un graffiti en la calle. Así fue como Alejandro, Diego y Adrián Korol se hicieron conocidos a fines de los 80. Por eso "La otra verdad" abre con cada uno de los hermanos pintando su propio nombre en una pared callejera.
De ahí en más, lo que sigue es una cantidad de material periodístico que se conecta con el espíritu Korol en el sentido de intentar aportar otro punto de vista sobre cualquier tema o materia de discusión. De alguna forma, de eso se trataban sus populares graffiti -además de ser graciosos, rasgo que comparte el contenido de este ciclo de TV- y es ése es el leitmotiv que da origen a "La otra verdad".
El programa en sí es un conjunto de notas periodísticas realizadas con cierta gracia y a partir de las motivaciones más diversas. En "Historias de taxi voy", Alejandro Korol se sube a un taxi e interroga a los pasajeros para sonsacar información más o menos secreta acerca de su sexualidad. "Esto no es una cámara oculta", aclarará tres veces el muchacho. Y no lo era. Tampoco lo parecía. Pero así de mucho lo persigue el haberlas hecho con tanta fruición en "El show de Videomatch".
Del mismo modo, "Delivery" se encargará de sonsacar a los repartidores de los más variados negocios acerca de si es cierta o no esa fantasía -parece que es muy cierta- de que suelen ser atrapados por la dueña de casa. A esto se agregan notas como la que realizaron en la fundación para la niñez desamparada del jugador de fútbol Pupi Zanetti, un hombre exitoso y rico, como la mayoría de los actuales jugadores de fútbol, que hace una obra de bien; o como la colorida "Verano devaluado", con entrevistas a los turistas que hoy comen cornalitos en Mar del Plata pero ayer degustaban langostas en Aruba.
Dos secciones cuyo debut fueron "de muestra" para que los televidentes pudieran ver de qué se tratan y animarse a participar en los próximos días, fueron: la primera, "Aguante naranja", que propone que cualquier persona que se ponga un guante naranja -esos de cocina- y haga notas de algún interés con una videocámara será considerado como un movilero de esa sección; la segunda propuesta fue "Cámara vigía", que invita a presentarse para denunciar, amenazar, delatar, sorprender, etc., a cualquier otra persona (algo así como una cámara de mensajes). De estas dos secciones debe señalarse que son muy buenas ideas.
La única nota discordante del programa la puso la producción "Cumbia censurada", que trató acerca del hecho de que el Comfer haya prohibido la emisión radial o televisiva de la mayoría de las canciones de Los pibes chorros, un grupo que practica ese género musical llamado "cumbia villera". Las tres opiniones vertidas en el informe correspondieron al cantante de la banda, a Piero y al periodista Carlos Polimeni, todos partidarios de la "no censura". Le faltaron al informe las consabidas opiniones en contra y, fundamentalmente, una muestra y un análisis de las letras de las canciones de referencia.
No hay nada peor que escuchar opiniones en abstracto, sin que se le recuerde al espectador exactamente de qué se está hablando. Tener que seguir la visión ajena es como estar obligado a creer en el criterio de alguien por portación de cara o de nombre. Pretender la adhesión de la gente sin brindarle el material necesario para que construya una opinión propia coloca a esta suerte de "progresismo" en el mismo nivel de la censura que prohíbe sin dejar ver de qué se trata.
En conclusión, "La otra verdad" es, en general, un programa curioso que no abunda demasiado, pero que tampoco daña. Y termina de la misma forma como comienza. Con un sugerente graffiti. El del martes 7, día del debut, fue el siguiente: "Donde hoy duerme Chiche, que nunca duerma Chechu".






