Un río de lágrimas amargas
"Lo que nos dejó el río", de Carmen Arrieta. Con Fabián Mazzei, Malena Figó, María Elina Rúas, Griselda Oviedo y elenco. Escenografía:Stella Maris Iglesias. Luces:Jorge Merzari. Música original:Marcelo Alvarez. Dirección: Martín Rosales. Teatro: Bajo Corrientes. Nuestra opinión: regular.
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El eje de "Lo que nos dejó el río"es una familia de clase baja que vive a la vera del Riachuelo. Cada uno de los personajes está acostumbrado a lidiar con la contaminación social. Es más, ellos son exponentes de un país que los excluyó. Y tanto los perfora esta realidad que la misma familia está atravesada -y los repite- por los mecanismos de violencia e incomprensión mutua.
Ninguno, más allá de los intentos, puede zafar de ese mundo que los ahoga. Todos, en mayor o menor medida, repiten la situación de marginalidad. Aun una de las hijas, que se enamora de un chico del barrio, mantiene ese vínculo con un altísimo costo interno. En fin, ellos se transforman en seres tan impunes como la misma sociedad actual. Y en ese sentido, el planteo hasta puede convertirse en cuestionable.
La puesta está llena de buenas intenciones pero, en este caso, no alcanzan. Desde lo actoral, hay una constante tendencia a un tipo de interpretación exaltada, como respondiendo a un viejo parámetro de la actuación dramática:mucho llanto, mucho conflicto constante, mucho estado alterado. Faltan matices, un espacio por el cual estos personajes -más allá de su cruda realidad- se transformen en queribles.
Prima lo testimonial, la necesidad de dejar en claro cuál es la situación de aquellos que viven en esas condiciones. Es cierto, el tema no suele aparecer en la dramaturgia nacional; es también correcto llevar esa problemática a las tablas. Pero no es suficiente. En el interín aparecen algunas chispas interesantes, algunos momentos cómicos (como el de la costurera) que ayuda a distender, a procesar una trama en la cual los actores entregan todo.





