Una tuerca aceitada
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"La vuelta de tuerca", de Benjamin Britten. Intérpretes: Carlos Sampedro, María Bugallo, Lía Ferenese, Virgina Correa Dupuy, Patricia Douce y David Portugheis. Dirección musical: Gerardo Gandini. Régie: Rubén Szuchmacher. Puesta: Jorge Ferrari. Iluminación: Tito Diz. En el CETC. Nuevas funciones6, 12 y 13 de junio.
Nuestra opinión: Muy buena
El Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC) inició, el fin de semana último, su temporada 1999 con una inspirada interpretación musical de "La vuelta de tuerca", de Benjamin Britten.
La ópera de cámara, basada en una historia escrita por Henry James, brilló gracias a los cantantes y los instrumentistas participantes, dirigidos por Gerardo Gandini, en una versión cantada en castellano.
Se trata de una decisión que implica resignar la estrecha y cuidada conexión entre la cadencia del idioma inglés y la música escrita por Britten. A cambio, se consigue que los espectadores puedan entender la acción dramática con mucho más detalle.
Como la sala del CETC no cuenta con sistema de subtitulado, la traducción realizada por Alejo Pérez Poilleaux (que es músico y el pianista de la obra) es un acierto.
Una historia de fantasmas
Estrenada en 1954, "La vuelta de tuerca" está escrita para seis voces y un grupo de cámara de 14 instrumentos. Narra la historia de una institutriz (María Bugallo) que llega para hacerse cargo de dos niños (Patricia Douce y David Portugheis) en una casa en la que habitan dos enigmáticos fantasmas, el Señor Quint (Carlos Bengolea) y la Señora Jessell (Lía Ferenese). Con estos elementos, Britten compuso una exquisita estructura de un prólogo y quince escenas unidos por interludios instrumentales, en los que la música juega un papel clave en el desarrollo de la historia.
El principal cambio con respecto a la novela original es que, en esta versión, los fantasmas que atormentan a la institutriz y los chicos por igual aquí cantan.
Este es quizás el punto más difícil de resolver para una puesta. ¿Cómo conservar el clima de misterio y angustia que envuelve a los personajes protagónicos, que culmina con la muerte del niño Miles?
En este sentido, la puesta de Szuchmacher, armada con un tradicional escenario a la italiana, no consiguió recuperar esa densidad original.
Tan sólo en las últimas escenas, y gracias a la iluminación lateral dispuesta por Tito Diz, se rompió con esa idea de estampas victorianas del comienzo, muy bellas en su construcción pero que barrían con todo halo de misterio.
La puesta pretende generar ese entorno ambiguo con una estética infantil. El castillo, la cama y los cuartos son juguetes en miniatura puestos en escena por dos hombres-cuervo, que más que inquietar con su presencia distraen con sus movimientos simétricos sobre el escenario.
Sin duda, la fuerza de esta versión de "La vuelta de tuerca" está en la música.
Gerardo Gandini dirigió a un verdadero dream team de solistas argentinos, para conformar el conjunto de cuerdas, vientos, arpa, piano y percusión que sostiene tanto el discurso de los cantantes como los interludios entre las escenas.
Lucimiento individual
Britten, a partir del viejo procedimiento de la variación, transforma el discurso sonoro inicial -asociado al enigmático Sr. Quint- en el material sonoro que se apropia de la escena y los discursos de los demás personajes.
Ese proceso se desarrolla a través de cada uno de los instrumentos, que funcionan en muchos pasajes como solistas, algo que permitió lucirse a todos los integrantes.
Los cantantes, por su parte, conformaron un grupo parejo y solvente desde el punto de vista musical, destacándose María Bugallo, como la atormentada institutriz, y Carlos Bengolea, como el hierático Señor Quint.
No pareció tan claro, en cambio, cuál fue el criterio de marcación actoral, que cayó en el lugar común del trabajo sin gestos para los dos fantasmas, y los juegos obviamente infantiles de los chicos.





