
Una vida en tacos altos
La actriz española, que pasará una temporada entre nosotros, explica cómo sus características personales y sus personajes se funden en un estilo absolutamente femenino de estar en el mundo.
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Vestida en negro y rojo y hablando casi sin respiro, hace sospechar que a pesar del paso de los años y de las películas, Carmen Maura nunca dejará de llevar la marca de la chica Almodóvar en el orillo. Ella misma reconoce que cuando el público imagina ese parecido entre su persona y los personajes del realizador de "Mujeres al borde de un ataque de nervios", no está del todo equivocado.
La semejanza salta a la vista: Maura recibe a La Nación en el departamento que ocupa en un noveno piso con terraza, ofrece torta y café, presenta formalmente a su perrita, se entusiasma enumerando las virtudes de la empleada que se ocupa de los quehaceres domésticos y responde tranquilamente las preguntas relacionadas con su oficio de actriz y su próximo estreno teatral en Buenos Aires. Todo con el mismo tono. Todo con la naturalidad de quien se dispone a las confidencias a la hora del té.
En Buenos Aires, Maura protagonizará "Bienvenida a casa", la pieza de Neil Simon que fue llevada al cine con el título "Sólo cuando me río".
El estreno de la obra dirigida por Oscar Martínez, tendrá lugar el próximo 1° de abril. Hasta entonces, la actriz tiene toda su energía puesta en una sola dirección:transformarse en Eva, esa mujer que vuelve a su casa luego de una cura de dos meses en una clínica de recuperación para alcohólicos y debe reconstruir la relación con su hija de diecinueve años. El camino que Eva deberá recorrer es una suerte de montaña rusa en la que saltará una y otra vez de la risa al llanto. Nada que a Maura le resulte extraño. "Yo veo la vida de ese modo- dice-. Sé, sin embargo, que hay gente que se pasa la vida riéndose porque consigue no ver demasiado la realidad. Hay otros, en cambio, que para tomarse la vida con sentido del humor necesitan hacer un gran esfuerzo. Yo intento ver la parte cómica de todo y me encanta reír. Una de las cosas que más agradezco a los amigos y a las obras de teatro es que me hagan reír".
-¿Qué situaciones la hacen sufrir?
-Muchas, tanto personales como generales, como le sucede a todo el mundo. Cuando pasas situaciones personales muy gordas, las más generales te afectan menos. A veces uno tiene unos problemas tan grandes que no puede preocuparse de que en el mundo no haya paz. Que no haya paz en el mundo es muy triste, pero hay que admitir que lo que a uno lo hace caer en la depresión son las cosas personales.
-¿El hecho de ser actriz y tener que transformarse en un personaje, aunque más no sea por un rato, le resulta una ayuda en esas situaciones de depresión personal?
-A mí me encanta ser actriz. No me arrepiento de haberme dedicado a esto porque es la profesión más bonita del mundo. En el teatro, una vez que sabes bien el personaje, todo sucede como un juego. O, si quieres, como una terapia. Cada vez que tuve que hacer teatro mientras atravesaba dramas personales, daba la casualidad de que la obra era una comedia. En ese caso no es que tu problema desaparezca. Empiezas la función hecha polvo, pero luego la función te puede y a los tres minutos estás concentrada en tu personaje. Si te toca, en cambio, la situación de estar muy contenta en tu vida personal y de tener que interpretar a una mujer que está triste, eso no presenta ningún problema. Lo difícil es mostrarse feliz estando triste.
-¿Se resuelve eso con oficio y voluntad?
-En parte sí. Pero hay algo que te da mucha fuerza: el respeto por el público. En todo momento hay que tener en cuenta que el nuestro es un oficio que se vende, y cuando la gente compra algo tiene derecho a exigir que le den el mejor producto posible. Esa sensación en mí es muy fuerte. El respeto por el público me lleva a cuidarme, a dormir, a no cometer bobadas como la de ir agotada al trabajo, o torecerme un tobillo o lastimarme mientras estoy en rodaje. Desde que empecé a trabajar como actriz he tenido en claro que el que me da la posibilidad de vivir de esto es el público. Ni los premios ni el director tal o cual te dan la seguridad de que vas a poder seguir ganándote la vida con esto. Esa confianza sólo te la da el público. Eso no te lo dan ni los distribuidores, ni los dueños de los cines ni los de los circos , ni las cadenas de televisión, ni nada eso. Lo que pasa, es que la manera de llegar al público es pasar primero por todos estos señores: Pero, si tú te conquistas al público, todos los demás están conquistados, porque todos los demás, lo que quieren es el público.
-¿Cuándo sintió que había conquistado al público?
-Lo que me hizo popular en España fue un programa de televisión. Con la popularidad, la vida me cambió de la noche a la mañana. Todo eso me resultaba muy difícil y lloraba mucho.
-¿Cómo es eso de que el éxito la hacía llorar?
-No, es que no era el éxito sino algo muy distinto. Tú puedes tener un éxito pero no ser popular al punto de que en la calle te pare cada persona que te cruza. En la popularidad pasas a ser como de la familia del público. Piensan que te pueden decir o preguntar cualquier cosa y que tú estás obligada a tener respuesta para todo. Cuando uno se hace popularidad, experimenta que la gente pasa de ser supersimpática a ser agresiva, de un instante al otro. Cuando pasas a ser popular, ya no puedes darle un pisotón a nadie ni colarte en un una cola, ni hacer nada que pueda causarle a la gente el menor disgusto. Este nivel de popularidad del que te estoy hablando, sólo te la da la presencia en la pantalla de televisión. Ningún éxito que puedas hacer en cine o en teatro te puede llevar a ese nivel de relación con la gente.
-¿Sigue siendo usted para la gente un personaje de Almodóvar, haga lo que haga?
-Es curioso. A lo largo de mi carrera he hecho personajes muy distintos. Incluso en las películas dirigidas por Almodóvar, mis personajes han ido dese una monja hasta un transexual, pasando por un ama de casa o una actriz de doblaje. Sin embargo, la gente tiene la sensación de que todas ellas son un poco la misma mujer. Pero, no creas que el público está tan confundido. Creo que ese denominador común que ellos encuentran en mis personajes es lo que yo pongo de mí misma en cada uno de ellos. Mis personajes, normalmente, tienen bastante vitalidad, bastante sentido del humor, no tienen ideas morales muy ortodoxas y están muy pegados a la tierra. Todas esas son cosas que coinciden con mi personalidad. Cada vez que los personajes me dan un resquicio para meterles alguno de esos ingredientes que tienen que ver conmigo, trato de hacerlo. Lo importante es lograr que la gente se identifique con tu personaje.
-¿De qué depende que eso se logre o no?
-Depende de que seas muy real. Tienes que conseguir que el público tenga la sensación de que el personaje ha sido especialmente escrito para tí; que te lo han dado por lo mucho que se parece a lo que tú eres en la vida. En el momento en que el público se identifica con tu personaje, empieza a quererlo, quiere que las cosas le salgan bien y lo defienden aunque el pesonaje haga burradas. He interpretado a mujeres capaces de darles a los niños pastillas para que no tengan hambre o de vender a los niños porque no tenían dinero, y sin embargo el público las defendía diciendo que las pobres no tenían más remedio que hacerlo. Cuando eso sucede, es porque se ha logrado el milagro de la identificación. Por eso creo que no vale la pena preocuparse por construir un personaje preocupándose excesivamente por el aspecto exterior -cómo camina o cómo debe comer una manzana- porque si tú tratas de convertirte en el personaje, desde adentro, todo lo que hagas va a coincidir con lo que debe hacer el personaje. Lo genial es ser muy generosa con el personaje. Tanto como cuando quieres mucho a un novio y te entregas a él totalmente.
El proyecto con Alcón para la TV
Instalada en Buenos Aires durante todo el tiempo que la pieza teatral esté en cartel, Carmen Maura ha recibido propuestas para hacer televisión y cine.
El primero de los proyectos consiste en una miniserie de televisión que protagonizaría junto a Alfredo Alcón. "Son historias de la vida misma -se entusiasma-. Los personajes de ambos son dos personas que al comienzo de la miniserie, por distintas circunstancias, estamos bastante decepcionados de la vida. Y todos los capítulos apuntan a nuestro reencuentro con la ilusión. Lo que más me gusta es que en las historias van desfilando temas que van desde la situación de la gente implicada en la política hasta la de los que sufren las consecuencias de matrimonios rotos, hijos y sexos. Mi personaje es una tía muy vital y bastante graciosa. Por lo que sé del método de trabajo que tiene Alfredo, creo que nos identificamos mucho. Pero todavía habrá que ver si la producción puede arreglarse de modo que los tiempos coincidan con mi estadía en la Argentina", cuenta.
En lo que respecta al cine, Maura se muestra interesada en un guión que le hizo llegar Alejandro Agresti. "Yo había visto en Chile su película Buenos Aires viceversa y me gustó mucho. Si puedo filmar con él , lo haré", dice Maura, confiada en poder acomodar su cargada agenda que incluye un film que dirigirá el chileno Ricardo Larraín.
Mujer de energía multiplicada, piensa poner manos a una obra que le quita el sueño: estrenar aquí "Tortilla y cine", un film francés que protagonizó para un director debutante en el que dice haber descubierto un talento singular. El film tiene la particularidad de cabalgar entre la ficción y la realidad.
En el terreno de lo real, Carmen Maura y el realizador se afanaron durante largo tiempo en conseguir financiación para un film al que un día decidieron poner en compás de espera. Aquella película era de producción muy cara y nadie parecía estar dispuesto a invertir tanto dinero en una opera-prima. En medio de la desilusión, comprendieron, sin embargo, que las idas y vueltas que habían compartido en esa peregrinación hacia el dorado productor, era una historia que merecía ser contada. De allí surgió el guión de "Tortilla y cine", que no tardó en convertirse en una coproducción franco-española de la que Maura está orgullosa. Si todo sale como ella espera, en un par de meses el film estará en las pantallas locales.




