Aniversario del ataque del 6 de enero de 2021 al Capitolio revive la división política en EEUU

WASHINGTON (AP) — Hace cinco años, frente a la Casa Blanca, el entonces presidente saliente Donald Trump le pidió a una multitud de sus seguidores que se dirigieran al Capitolio —“y yo estaré allí con ustedes”— en protesta mientras el Congreso confirmaba la victoria electoral del demócrata Joe Biden en 2020.
Poco tiempo después, el mundo observó cómo la sede del poder de Estados Unidos se sumía en el caos, y la democracia pendía de un hilo.
En el quinto aniversario del 6 de enero de 2021, no hay ningún evento oficial para conmemorar lo que sucedió ese día, cuando la muchedumbre avanzó por la Avenida Pensilvania, se enfrentó a la policía en las barricadas del Capitolio e irrumpió en el interior, mientras los legisladores huían. Los partidos políticos se niegan a acordar una historia en común de los eventos, que fueron transmitidos por todo el mundo. Y la placa oficial en honor a la policía que defendió el Capitolio aún se ha colocado.
En cambio, Trump se reunirá en privado con los republicanos de la Cámara de Representantes en el Centro Kennedy, que el presidente ha rebautizado con su propio nombre, para un foro sobre políticas. Los demócratas celebrarán una audiencia con testigos de la violencia y luego se reunirán en los escalones del Capitolio para recordar lo sucedido.
Y el exlíder de los Proud Boys, Enrique Tarrio, ha convocado una marcha al mediodía que recrea los pasos de los insurrectos desde la Casa Blanca hasta el Capitolio para honrar a la partidaria de Trump, Ashli Babbitt, y a otros que murieron en el asedio del 6 de enero y sus secuelas.
“Pido a aquellos que puedan asistir que lo hagan”, escribió Tarrio dijo en X.
Tarrio fue sentenciado a 22 años de prisión por conspiración sediciosa por haber orquestado el ataque, y es uno de los más de 1.500 acusados que lograron evadir el castigo cuando Trump emitió un indulto general al volver a la Casa Blanca el año pasado. “Esta será una marcha PATRIÓTICA y PACÍFICA. Si tienes alguna intención de causar problemas, te pedimos que te quedes en casa”, escribió Tarrio.
Los eventos del 6 de enero, que se realizarán dentro y fuera, evocan la división de hace cinco años, cuando la Cámara de Representantes y el Senado se reunieron para confirmar los resultados electorales mientras se reunían los seguidores del presidente republicano.
Este importante aniversario tiene lugar mientras la atención se centra en otras partes, particularmente después de la sorprendente captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por parte del ejército de Estados Unidos, y los planes de Trump para tomar el control del país y apuntalar su vasta industria petrolera, una nueva e impactante era de expansionismo estadounidense.
“Estas personas en el gobierno quieren dar lecciones al mundo sobre democracia mientras socavan el estado de derecho en casa, como se nos recordará poderosamente a todos ”, dijo el líder demócrata de la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries de Nueva York, en la víspera del aniversario.
Los líderes demócratas reúnen nuevamente al ahora extinto comité del 6 de enero para escuchar a la policía, funcionarios electos y ciudadanos comunes sobre lo que experimentaron aquel día.
Entre quienes se espera que testifiquen está el exrepresentante de Illinois Adam Kinzinger, quien, junto con la exrepresentante Liz Cheney de Wyoming fueron los dos miembros republicanos del panel que investigó los esfuerzos de Trump para revocar la victoria de Biden. No se espera que Cheney, quien perdió su propia candidatura a la reelección ante un contendiente respaldado por Trump, aparezca.
El representante republicano de Georgia, Barry Loudermilk, designado por el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson de Luisiana, como director de un nuevo comité que investigará otras teorías sobre lo que sucedió el 6 de enero, descalificó la sesión del martes como un “ejercicio partidista” diseñado para perjudicar a Trump y sus aliados.
Muchos republicanos rechazan la narrativa de que Trump provocó el ataque del 6 de enero, y Johnson, antes de convertirse en presidente de la Cámara, había encabezad impugnaciones a las elecciones de 2020. Fue uno de los cerca de 130 legisladores republicanos que votaron ese día para rechazar los resultados presidenciales de algunos estados.
En cambio, se han centrado en los fallos de seguridad en el Capitolio, desde el tiempo que tardó la Guardia Nacional en llegar al lugar hasta el hecho de que las unidades caninas de la policía no lograran descubrir las bombas de tubo encontradas ese día fuera de las sedes de los partidos republicano y demócrata. El FBI arrestó a un hombre de Virginia sospechoso de colocar los explosivos, quien declaró a los investigadores el mes pasado que creía que alguien necesitaba hablar por quienes creían que las elecciones de 2020 fueron robadas, según las autoridades.
“El Complejo del Capitolio no es más seguro hoy de lo que era el 6 de enero”, señaló Loudermilk en una publicación en redes sociales. “Mi Subcomité Selecto sigue comprometido con la transparencia y la rendición de cuentas y garantizando que los fallos de seguridad que ocurrieron el 6 de enero y la investigación partidista que siguió nunca vuelvan a suceder”.
Cinco personas murieron en el asedio al Capitolio y sus secuelas, entre ellas, Babbitt, quien fue abatida a tiros por la policía mientras intentaba trepar por la vidriera de una puerta cerca de la Cámara de Representantes, y el agente del Capitolio Brian Sicknick, que murió más tarde después de enfrentarse a la multitud. Varios agentes del orden fallecieron más tarde, algunos por suicidio.
El Departamento de Justicia acusó a Trump de cuatro cargos en una conspiración para defraudar a los votantes con sus afirmaciones de que la elección fue amañada en el período previo al ataque.
El exfiscal especial del Departamento de Justicia, Jack Smith, dijo a los legisladores el mes pasado que el motín en el Capitolio “no ocurre” sin Trump. Terminó abandonando el caso una vez que éste fue reelegido presidente, adhiriéndose a las pautas del departamento contra el enjuiciamiento de un presidente en funciones.
El mandatario, quien nunca llegó al Capitolio ese día mientras se refugiaba en la Casa Blanca, fue acusado por la Cámara de Representantes del único cargo de haber incitado a la insurrección. El Senado lo absolvió después de que los principales senadores republicanos dijeron que creían que el asunto debía dejarse en manos de los tribunales.
Antes de las elecciones de 2024, la Corte Suprema dictaminó que los expresidentes tienen una amplia inmunidad frente a enjuiciamientos.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.



