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Una columna de humo se eleva tras un ataque contra la capital iraní, Teherán

El tabú que Trump decidió romper y que revive las comparaciones con las guerras más traumáticas de EE.UU.

Pese a sus promesas de pacifismo, el mandatario estadounidense está entrampado en un conflicto sin solución como los que encaró George W. Bush en Afganistán e Irak

Pese a sus promesas de pacifismo, el mandatario estadounidense está entrampado en un conflicto sin solución como los que encaró George W. Bush en Afganistán e Irak

Matt Spetalnick
8'
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WASHINGTON.– Cuando Donald Trump hacía campaña para un segundo mandato en la Casa Blanca, prometió ser un “presidente de la paz” que pondría fin a las guerras en el extranjero, no que iniciaría otras nuevas.

Ahora, un cuarto de siglo después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 que desencadenaron la “guerra contra el terrorismo” global de Estados Unidos, se encuentra inmerso en un conflicto impopular de su propia creación que, según los analistas, corre el riesgo de convertirse en su propia versión de una “guerra interminable”.

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Ante el aniversario del 11-S, la guerra de Trump contra Irán está suscitando coremparaciones en los círculos de política exterior con los largos y divisivos conflictos de Afganistán e Irak que la precedieron. También plantea interrogantes sobre si Estados Unidos ha vuelto a fracasar a la hora de aprender las lecciones de conflictos pasados ​​o de preparar una estrategia de salida clara.

Combatientes talibanes celebran un aniversario de la salida de las tropas de Estados Unidos de Afganistán
Combatientes talibanes celebran un aniversario de la salida de las tropas de Estados Unidos de AfganistánAbdul Khaliq - AP

“Trump ha roto una importante restricción existente en Washington tras las guerras de Irak y Afganistán: la de no iniciar otra gran guerra de duración indefinida en Medio Oriente”, afirmó Sina Toossi, del Center for International Policy, un centro de estudios de Washington. “Eso podría dejar a su sucesor heredando un enfrentamiento enquistado entre Estados Unidos e Irán”.

Funcionarios de la administración han sostenido que la guerra contra Irán no se parece en nada a los prolongados conflictos posteriores al 11-S. Durante las guerras de Irak y Afganistán, Estados Unidos derrocó gobiernos hostiles, desplegó miles de tropas terrestres que tomaron y retuvieron territorio, sufrió y causó un número mucho mayor de bajas, y tuvo dificultades para implantar sistemas de gobierno de estilo occidental.

En esta ocasión, Estados Unidos depende principalmente del poder aéreo y naval; se trata de operaciones que han perjudicado a Irán militar y económicamente, pero que no han logrado derrotarlo ni incitar a los iraníes a derrocar a sus gobernantes, tal como Trump instó inicialmente.

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Sin embargo, tras seis meses de guerra, Estados Unidos se encuentra atrapado en una batalla de desgaste marcada por brotes de hostilidad –como el intercambio de ataques contra petroleros ocurrido esta semana–, mientras Trump intenta estrechar el cerco económico sobre Teherán.

Manifestantes de países como Francia y Alemania mostraron su oposición a la guerra de EE.UU. contra Irak
Manifestantes de países como Francia y Alemania mostraron su oposición a la guerra de EE.UU. contra IrakGetty Images

Los analistas advierten que es probable que el conflicto se prolongue más allá de las elecciones legislativas de mitad de mandato de noviembre en Estados Unidos, momento en el que el rechazo de los votantes a la guerra podría poner en peligro las posibilidades del Partido Republicano de Trump de mantener el control del Congreso. Y, al igual que en aquellos conflictos anteriores, no existe una salida evidente, aun cuando los costos económicos pesan sobre los consumidores estadounidenses.

La interrupción por parte de Teherán de los envíos de petróleo a través del estrecho de Ormuz ha provocado un aumento en los precios de la nafta en Estados Unidos. La guerra ha debilitado los índices de aprobación de Trump y ha socavado la posición internacional de Washington, una repercusión que también se observó tras las guerras de Irak y Afganistán.

La vocera de la Casa Blanca, Anna Kelly, afirmó que solo Trump había tenido “el valor” de enfrentarse a Irán por su programa nuclear, que había logrado todos sus objetivos y que la economía iraní estaba siendo paralizada por el endurecimiento de las sanciones y un bloqueo marítimo estadounidense. No respondió directamente a las preguntas de Reuters sobre cómo encaja el conflicto con Irán en el legado de guerras posteriores al 11 de septiembre.

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¿Lecciones ignoradas?

Los analistas señalan que Trump no ha tenido en cuenta las lecciones fundamentales de la era posterior al 11 de Septiembre, iniciada tras los atentados en los que militantes de Al-Qaeda estrellaron aviones contra el World Trade Center de Nueva York y el Pentágono, cerca de Washington, causando la muerte de casi 3000 personas. Entre estas lecciones figuran el alto costo político de las guerras prolongadas y los peligros que entraña un adversario atrincherado que lucha por su supervivencia.

El entonces presidente George Bush durante los días del comienzo de la guerra contra Irak, a principios de 2003
El entonces presidente George Bush durante los días del comienzo de la guerra contra Irak, a principios de 2003

Los ataques desencadenaron décadas de conflicto, comenzando con la invasión de Afganistán –donde se refugiaban los líderes de Al-Qaeda– y seguida por la invasión de Irak en 2003, justificada por informes de inteligencia que resultaron ser erróneos sobre el desarrollo de armas de destrucción masiva. Las dos guerras emprendidas por el presidente George W. Bush sobrecargaron a las Fuerzas Armadas estadounidenses y desestabilizaron Medio Oriente.

El rechazo de la opinión pública estadounidense resultante contribuyó a impulsar el ascenso de Trump hace una década; este ganó un segundo mandato en 2024 prometiendo evitar el aventurerismo militar y centrarse en las preocupaciones económicas de los estadounidenses.

Sin embargo, al igual que la administración Bush subestimó las insurgencias a las que Estados Unidos se enfrentaría en Irak y Afganistán, Trump y sus asesores han calculado mal la resiliencia de Irán y su capacidad para bloquear una quinta parte de los suministros energéticos mundiales, según los analistas.

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Cabe destacar que la “Operación Furia Épica” de Trump, lanzada junto a Israel el 28 de febrero, no fue provocada por un trauma nacional de la magnitud del 11 de Septiembre, sino que fue considerada por los críticos como una guerra por elección propia. Los expertos han cuestionado las afirmaciones de Trump de que el programa nuclear de Teherán representaba una amenaza inminente para Estados Unidos.

Un miembro de seguridad talibán opera un cañón antiaéreo cerca del cruce fronterizo de Torkham, entre Afganistán y Pakistán (Archivo)
Un miembro de seguridad talibán opera un cañón antiaéreo cerca del cruce fronterizo de Torkham, entre Afganistán y Pakistán (Archivo)AIMAL ZAHIR - AFP

Es posible que Irán esté siguiendo el ejemplo de los talibanes de Afganistán –quienes regresaron al poder hace cinco años tras una caótica retirada estadounidense–, demostrando que un adversario decidido puede resistir más tiempo que la potencia de fuego superior de Washington, mientras la presión interna erosiona la determinación de este último.

El conflicto con Irán también ha expuesto el costo de emprender una guerra contando con pocos aliados. Bush obtuvo un importante respaldo antes de iniciar sus campañas en Irak y Afganistán, aunque dicho apoyo disminuyó con el paso del tiempo. En cambio, Trump atacó a Irán con escasa consulta o explicación previa, y se encontró con que los líderes europeos y asiáticos se muestran mayoritariamente reticentes a sus exigencias de ayuda.

Las relaciones con Trump ya estaban tensas debido a su amenaza de apropiarse de Groenlandia, sus dudas sobre la utilidad de la OTAN, la reducción del suministro de armas a Ucrania y la imposición de aranceles generalizados a sus socios comerciales.

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Un alto costo para los aliados

El conflicto también recuerda a la invasión de Irak en cuanto a la propagación regional que pareció tomar a Washington por sorpresa; en este caso, mediante las represalias de Teherán contra los aliados de Estados Unidos en el Golfo.

Mientras los vecinos de Irán buscan discretamente rebajar la tensión de un conflicto que nunca desearon, un funcionario del Golfo lamentó que la administración pudiera estar cometiendo algunos de los mismos errores que en las guerras posteriores al 11 de Septiembre. “¿Cuál era la estrategia aquí?”, preguntó el funcionario.

El exdictador venezolano Nicolás Maduro. Trump no pudo repetir en Irán el éxito de su operación en Venezuela
El exdictador venezolano Nicolás Maduro. Trump no pudo repetir en Irán el éxito de su operación en Venezuela Matias Delacroix - AP

El analista saudita Aziz Alghashian describió “una sensación de limitación e impotencia en el Golfo ante las guerras que se libran por los caprichos de Estados Unidos”.

Si bien las guerras de Irak y Afganistán terminaron siendo conflictos impopulares, ambas comenzaron con un sólido respaldo interno. La guerra de Trump no gozó de tal luna de miel ante la opinión pública. La mayoría de los estadounidenses se opuso a ella desde el principio, e incluso ha recibido críticas de figuras destacadas vinculadas a su movimiento “Estados Unidos primero”.

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Inicialmente, Trump esperaba repetir la rápida victoria lograda en la incursión del 3 de enero que resultó en la captura del líder venezolano Nicolás Maduro. Sin embargo, la campaña contra Irán se convirtió en un tenso estancamiento que no ha logrado la mayoría de los objetivos cambiantes de Trump –incluida la paralización del programa nuclear iraní– y agotó las reservas de misiles.

Aun así, Trump cuenta con defensores. Mark Dubowitz, director de la Fundación para la Defensa de las Democracias –un centro de estudios de Washington opuesto a Irán–, negó que Trump hubiera arrastrado a Estados Unidos a una guerra interminable e insistió en que había cosechado éxitos que acabarían conduciendo a la victoria. “Ha sido una guerra de 47 años librada por la República Islámica contra Estados Unidos”, afirmó Dubowitz. “Y ahora hemos respondido”.

Por Matt Spetalnick