Groenlandia, aranceles, la OTAN y ahora el fútbol: Trump provoca un nuevo enfrentamiento con Europa
La revocación de la tarjeta roja a un jugador de EE.UU. por presión del presidente cayó como un balde de agua fría en Europa, en un momento de ya elevada tensión geopolítica con Washington
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BRUSELAS.– Las tensiones entre Estados Unidos y Europa sumaron este lunes un nuevo capítulo, luego de que funcionarios belgas y dirigentes del fútbol europeo expresaran su indignación por la reincorporación de un jugador estadounidense suspendido antes del partido del Mundial frente a Bélgica.
La relación transatlántica ya venía deteriorándose desde hace gran parte del último año y medio, y afrontará una nueva prueba esta misma semana, cuando los líderes se reúnan en Turquía para una esperada cumbre de la OTAN. Ahora, muchos en Europa también están indignados por lo que consideran una injerencia del presidente Donald Trump en el fútbol.
Trump comenzó 2026 con amenazas de anexionar Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca –miembro de la OTAN–, una iniciativa que sacudió los cimientos de la alianza. También criticó duramente a los líderes europeos por la guerra con Irán, al afirmar que no respaldaron a Estados Unidos en ese conflicto.

Además, su administración amenazó con reducir la presencia de tropas estadounidenses en Europa, consideradas un elemento clave de disuasión frente a Rusia, y Trump volvió a atacar a los países que, según él, no destinan suficiente dinero a sus fuerzas armadas.
Los líderes europeos esperaban aprovechar la cumbre de la OTAN, que comienza este martes, para demostrar el aumento de su gasto militar, con el objetivo de mantener comprometidos a Trump y a Estados Unidos con la alianza. Lo que está en juego es mucho, en un contexto en el que Rusia intensifica sus ataques contra Ucrania: un bombardeo la semana pasada dejó 31 muertos, mientras que otro ataque este lunes causó al menos 12 víctimas fatales.
La semana pasada, Trump llamó al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para pedirle que revisara la suspensión del máximo goleador de la selección estadounidense en el Mundial, Folarin Balogun, quien había recibido una tarjeta roja que le impedía disputar un partido, según personas al tanto de la conversación.

Las autoridades belgas manifestaron su desconcierto después de que la FIFA anunciara el domingo que levantaba la sanción de un partido contra Balogun. Maxime Prévot, canciller de Bélgica y exárbitro de fútbol, afirmó en un comunicado que la decisión podría socavar el compromiso de la FIFA con el juego limpio.
“Esta decisión plantea claramente muchas preguntas”, sostuvo Prévot. “Si realmente fue una llamada telefónica la que explica esta incomprensible decisión, equivaldría a socavar las reglas más básicas del fútbol y del deporte”.
Decisión sin precedentes
La Real Asociación Belga de Fútbol señaló en un comunicado que “no tiene otra alternativa que impugnar la elegibilidad del jugador para el próximo partido”, y añadió que está “profundamente preocupada” por el procedimiento.
La UEFA, organismo rector del fútbol europeo, aseguró que la marcha atrás de la FIFA “cruzó una línea roja”, y calificó la decisión de “sin precedentes, incomprensible e injustificable”.

La decisión de la FIFA fue considerada sumamente inusual y representó un alivio para el seleccionado estadounidense. Infantino ha cultivado una estrecha relación con Trump y el año pasado le otorgó el primer Premio de la Paz de la FIFA, mientras el entonces candidato intentaba –sin éxito– obtener el Premio Nobel de la Paz.
Durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca, Trump confirmó este lunes que había llamado a Infantino para protestar por la tarjeta roja y solicitar “una revisión”. Dijo que había visto el partido y concluyó, como amante del deporte, que “eso no fue una falta, ni siquiera una infracción”.
El presidente intentó minimizar su intervención y aseguró que durante la conversación “no le dijo qué debía hacer” a Infantino.
“No puedo decirle qué hacer, y no creo que él haya tomado la decisión”, afirmó Trump. “Creo que fue un comité el que decidió, e hizo lo correcto, porque, en primer lugar, no fue falta, y uno quiere ver un partido con sus mejores jugadores”.
El embajador estadounidense en Bélgica, Bill White, defendió la decisión de la FIFA en un mensaje publicado en X, donde sostuvo que “el presidente Trump nunca interferiría en el funcionamiento interno de la FIFA”.

La gran incógnita es si este episodio agravará aún más las tensiones diplomáticas y deteriorará una relación ya complicada entre Europa y Estados Unidos en una semana decisiva.
Mujtaba Rahman, director para Europa de Eurasia Group, opinó que la controversia futbolística probablemente no sea suficiente para desestabilizar todavía más la relación transatlántica.
“Pero sí sirve como un oportuno recordatorio para los gobiernos europeos sobre la forma en que actúa Trump”, escribió en respuesta a preguntas sobre el caso. “Sin restricciones por reglas o normas, y con una búsqueda implacable de una política de ‘Estados Unidos primero’ en todo lo que hace".
Aun así, funcionarios europeos que hasta ahora habían optado por guardar silencio frente a situaciones que consideraban inaceptables –como las amenazas sobre un territorio soberano o la guerra comercial– podrían tener más dificultades para hacerlo cuando el tema involucra al fútbol.

Consultada sobre la decisión de la FIFA, una vocera del primer ministro belga, Bart De Wever, remitió a los periodistas a una publicación de Instagram atribuida al gato del mandatario. “¿Tarjeta roja?”, decía el mensaje, en neerlandés. "¡Igual voy a jugar!"
Para Jacob Funk Kirkegaard, analista del centro de estudios belga Bruegel, muchos dirigentes europeos interpretarán este episodio como otro ejemplo de “cómo Estados Unidos se ha convertido en un lugar sin reglas ni límites bajo Donald Trump”.
A largo plazo, agregó, el incidente probablemente haga aún más difícil que los líderes de la derecha europea, que ya venían tomando distancia de Trump, vuelvan a alinearse con el mandatario estadounidense.
Sin embargo, en el corto plazo, esos mismos dirigentes “necesitan con urgencia” el respaldo de Trump durante la cumbre de Ankara, ya que Ucrania requiere sistemas antiaéreos Patriot fabricados en Estados Unidos para seguir enfrentando a Rusia.
“Por eso no van a buscar una pelea”, concluyó.
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