Falsa guerra, de Carlos Manuel Álvarez
Los lectores que siguen de cerca las circunstancias de Cuba –esa isla que tiene “la maldita circunstancia del agua por todas partes”, como escribió memorablemente Virgilio Piñera– se habrá topado alguna vez con las piezas periodísticas de Carlos Manuel Álvarez (Matanzas, 1989), uno de los mejores cronistas de su generación. Afincado, tras dejar Cuba, en Miami, luego en Nueva York y ahora en México, el escritor, que publicó en medios como The New York Times, se vuelca ahora a otro género: la novela.
Falsa guerra es lo que por su variedad de personajes y voces suele llamarse una narración coral. Pero ese coro no se queda nunca quieto. Aunque conocida, tal vez no haya mejor coartada estructural para narrar esas vidas en fuga que, además de la propia Cuba, transitan espacios lejanos como México, Francia, Alemania o –claro– Estados Unidos.
Luego de los epígrafes de Rimbaud y José Lezama Lima (la “falsa guerra” sale de un verso, menos político que poético, del autor de Paradiso), la novela se divide en dos secciones llamadas “Vidas modernas” más un interludio con escenario berlinés y una nebulosa aldea rural cubana. Podría considerarse mal y pronto que las distintas historias –protagonizadas por el Gringo, el Exiliado, el Camello, el Instrumentista, Maikro, entre otros– son cuentos enlazados, pero Álvarez sabe darle cadencia a esos cruces, impulsados por una prosa nítida y expectante. En Falsa guerra hay huidas de todo orden, vidas desarraigadas que buscan con la certeza de que nunca habrá un lugar con mayúsculas. Podría sonar a novela de otra época, pero –paradoja cubana– es una bien actual.
Falsa guerra
Por Carlos Manuel Álvarez
Sexto Piso
242 páginas, $ 4800









