Reseña. Dos extraños, de Luis Gusmán
El nombre de su protagonista, Adrián Venturi, abre a boca de jarro el texto de Dos extraños, la sugestiva novela que Luis Gusmán (1944) venía madurando -según el propio autor- desde hace una década. El resultado es más que estimulante: un discurso virtuosamente sencillo y renovado, y la reincidencia en tópicos a los que su vasta obra narrativa ya había apelado. Esa mención inicial mueve a barruntar que el relato depara lo que cierta preceptiva del siglo pasado denominaba “novela de personaje”. Con la complicación, sin embargo, que implica la obsesión de alguien que no está conforme consigo mismo y que, para desaparecer, se inventa un sosías.
Venturi es un veterano cantor de tangos (anda por los sesenta y pico), cuya popularidad genera ese caleidoscópico fenómeno de los imitadores. El ambiente tanguero que Gusmán recupera no es el convencionalmente consagrado (aunque no faltan invocaciones a la voz de Charlo o a la seducción varonil de Alberto Morán), sino lo que podría constituir el under tanguero, una de cuyas figuras carismáticas fue el recordado Luis Cardei, mencionado, junto a otros, en la dedicatoria. Lo que está incentivando el ocaso de Venturi (y su crisis) son los acúfenos, que le cercenan la audición.
La ambigua criatura de Gusmán evoca tangencialmente a Hermann Karlovich, el alucinado conspirador de Desesperación (Nabokov), al menos en la patológica decisión de configurar un doble. Pero Venturi no busca otra presencia con la cual compartir su identidad sino que altera su propia fisonomía, y se lanza al ruedo como un falso Omar Montessi, que se incorpora al lote de sus imitadores en el evento ”Encuentro con el Tango”. Así, Venturi se disfraza de otro para imitarse a sí mismo, en una magistral voltereta narrativa del experimentado autor de Tennesse y Hotel Edén (entre otras).
Pero en ese “Encuentro”, que se realiza en una Mar del Plata melancólicamente invernal, confluye por azar Natalia, una treintañera que se impondrá como el otro articulador dramático de Dos extraños: la muchacha conoce la historia del Montessi verdadero, por el que su madre (ya muerta) abandonó a su padre cuando ella era niña. Casi un folletín con fondo de bandoneón. Con el pretexto ficcional de rastrear resabios de esa madre, Gusmán propone un revelador viaje del tándem de Natalia y el falso Montessi por ciudades bonaerenses.
“¿Qué te atrae?”, pregunta Natalia. La respuesta del cantor es elocuente: “La vida de los otros”. En la declinación de ese ícono porteño que es Venturi palpita, como modelo probable, la sombra de Luis Cardei, intérprete insoslayable de un emblemático tango de Laurenz y Contursi, Como dos extraños, título en el que Gusmán se inspira, en una de sus aventuras narrativas más fascinantes y, con un leve retoque, desvía el sentido hacia su propio mito personal.
Dos extraños
Luis Gusmán
Edhasa
192 páginas
$ 31.500








