Reseña: Los pecados de nuestros padres, de Asa Larsson
El retorno de una reina del policial sueco
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Pasan los años y la ola policial sueca –o, si se prefiere, nórdica– continúa puntuando, con su clima polar y sus corrupciones sofisticadas, el ritmo del género. Hacía una década que Åsa Larsson (Kiruna, 1966) no publicaba novelas, una curiosidad dentro de un ámbito que parece buscar la seguidilla del libro por año. La última en la serie de su personaje Rebecka Martinsson había sido Sacrificio a Mólek (2013).
Poco importan las razones de ese silencio. Lo que importa es que Larsson vuelve en Los pecados de nuestros padres con todo el arsenal de trama turbia que se espera de su pluma. Contar el punto de partida no constituye spoiler: Lars Pohjanen, patólogo forense en estado terminal, le pide a la fiscal Martinson que investigue un viejo asunto que otro frío, artificial, acaba de devolver a la luz. El cadáver del padre de un boxeador famoso (el campeón olímpico Börje Ström) aparece en el congelador de una granja alejada, que pertenece a un alcohólico también muerto. El problema, lo que complejiza la historia, es que ese hombre se había esfumado misteriosamente en 1962. Cincuenta años es mucho, y el desfase cronológico aporta a la complejidad del relato. La fiscal, además, tiene un vínculo que oculta. Larsson fue delineando a su protagonista desde sus comienzos como novata hasta esta instancia de madurez. Con ella, también fue cambiando la ciudad de Kiruna, protagonista secundaria, transformada radicalmente por los trabajos en una mina. No hay estilo en la prosa cortante, como en tanto policial actual, pero sí un dominio argumental que vuelve al libro un page-turner sin aliento.
Los pecados de nuestros padres
Por Åsa Larsson
Seix Barral. Trad.: Pontus Sánchez
600 páginas, $ 7500








